Yo viví Pornolab 2006, gracias a Gallardón

Yo viví Pornolab 2006, gracias a Gallardón

Susana Mendoza(Periodista Digital).-Los talleres financiados por el Alcalde Ruiz Gallardón -a cuenta del sufrido contribuyente madrileño- acababan con una felación, un cunnilingus o sexo explícito.¿Estaremos asistiendo a un recién adquirido interés de la Alcaldía de Madrid por el porno y el sexo duro?.
En un sótano a medio construir de la calle Escuadra, que se convertirá próximamente en galería de arte, y sin que llamase la atención de los medios de comunicación, transcurrieron las sesiones organizadas por la Asociación Maelstrom bajo el nombre de Pornolab. Estos talleres están organizados por un grupo de amigos «amantes del buen sexo y el porno», como ellos mismos afirman, bajo el lema de «El porno de investigación entra en acción».

Este año se han centrado en el «porno étnico como alternativa al tradicional», «juguetes sexuales robóticos» o «el trimonio como opción a la pareja tradicional». Estos amigos amantes del buen sexo, atendieron a los asistentes y a los curiosos que se congregaban en la puerta, para tomar el nombre y DNI de los interesados, que eran bastantes, teniendo en cuenta que la entrada era gratuita. Luego, cada cual pudo elegir si se ponía una pegatina naranja con el nombre, que le daría acceso a la cortina negra al fondo del sótano.

Ni qué decir tiene, que la concurrencia masculina lucía su pegatina fosforita. La primera sesión fue explicativa; un grupo de «colegas» (ninguna colega, por cierto), a los que les gustaba explorar todos los aspectos del sexo, decidieron que estaría bien montar unas sesiones para explicar a la gente ciertas cosas que no siempre quedan del todo claras en cuanto al sexo. Eso y que tras cada cada charla, habría un taller práctico detrás de una cortina de plástico negro, lo que le daba un toque un pelín sórdido. Estos «colegas» ya talluditos, comenzaron las sesiones hablando del trío como opción sostenible a la pareja.

Un vistazo rápido entre los asistentes revelaba que allí había más de uno dispuesto a pasar tras la cortina lasciva, aunque, todo sea dicho, la mayoría de los participantes eran simplemente curiosos dispuestos a charlar tranquilamente sobre sexo. Para todos los que quisieran había cerveza en cantidad sobre una mesa plegable, que los «profesores» ingerían alegremente.

La mayoría de los talleres no tuvo casi ningún interés, más allá de las opiniones que los presentes expresaron sobre el bondage (nudos), el trimonio y la nueva forma de ver las relaciones entre tres. Sin duda, lo que más suscitó el interés y congregó a más gente, fueron los talleres sobre cómo hacer un cunnilingus y un doble click. Allí quedó claro que hacer un buen cunnilingus es harto complicado y que como el mismo profesor explicó, requiere mucha práctica. Lo curioso fue que previamente a las sesiones de explicación de sexo oral, estos amigos montaron también un taller de depilación femenina.

Aquéllo fue el toque cutre-salchichero que faltaba; uno de los «colegas» talluditos blandiendo un roll-on de cera e instando a las mujeres a probarlo. «Me lo enseñó mi amiga la esteticienne», desde luego no es en absoluto reconfortante de escuchar mientras se ve algo así. A la periodista aún le queda la duda de si alguna mujer se atrevió a dejarse depilar las ingles al modo «colega» esteticienne. La explicación del doble click se basó principalmente en poner la parte de «Garganta Profunda» (película de la que los «colegas» del sexo se declaran verdaderos fans).

Después de esto, cada uno explicó su experiencia oral con los penes, e incluso alguna pareja contó sus propias vivencias. Otro asistente, que parecía «colega» de los «colegas», relató que lo mejor para poder «metérsela entera» era tomar popper, una droga que actúa como vasodilatador y proporciona durante unos minutos una sensación de éxtasis. Niños, si lo estáis leyendo, no lo pongáis en práctica.

Desde luego, nadie le dijo aquello de «las drogas matan, tío», sino que más bien pareció aceptado por todos. Tras las explicaciones, claro, llega la hora de ponerlas en práctica. Y la cortina negra lasciva, que había estado todo el rato martilleando en la mente de la concurrencia, cobró entonces un sentido real. Aquél era el momento en el que se decidiría quiénes eran los verdaderos científicos del sexo. Los «colegas», con mucha iniciativa, invitaron a los presentes a pasar detrás de la cortina de plástico que-daba-mucha-grima, mientras las féminas se levantaban para subir la escalera y huir de aquél antro de machos expeditivos. La mayoría de los hombres se quedaron sentados o remoloneando por aquéllo de «no quiero que parezca que me quedo, pero si alguna se queda, pues me quedo»…

La sensación final que a uno le queda tras asistir a estos instructivos cursos «home made» es que en realidad no le ha sido aclarado nada de nada y que el mundo está lleno de orgías y nudos. Como estar en el salón de casa hablando de sexo con los «colegas».

Y todo esto, madrileños y madrileñas, gracias a su dinero -a los impuestos que pagan, a las multas que sufren y a las tasas que les calvan- y al maestro de ceremonias, Gallardón.

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