¿La muerte de los periódicos?

¿La muerte de los periódicos?

(PD/Agencias).- Sostiene Philip Meyer, autor de The Vanishing Newspaper, que 2043 será el último año de la prensa escrita. No es el único que opina así. Son numerosas las publicaciones estadounidenses que dan la voz de alarma. Y en artículos firmados por Alvaro Vargas Llosa en medios tan prestigiosos como The Wall Street Journal o en profundos reportajes como acaba de hacer, de froma anónima, el semanario The Economist.

El número de ciudadanos que prefiere informarse en Internet de éste continúa multiplicándose. Según los últimos estudios, la gente quiere que el periódico les diga «qué hacer para enriquecerse y, por la tarde, dónde ir al cine».

La política internacional, los grandes debates y otros asuntos considerados de capital importancia podrían interesar poco.

Morris Comunication, empresa puntera del sector en EEUU, ya ha lanzado a modo de sonda el Bluffon Today, un diario digital centrado en la vida cotidiana de Beaufor, (Carolina del Norte). Complementado con blogs cotidianos y aderezado con noticias de impecable localismo, ha obtenido una asombrosa respuesta.

El modelo, cuyo «portaviones» es el Oh Mynews coreano, se parece bastante al proyecto REPORTERO DIGITAl que estamos poniendo en marcha y que, a partir del próximo 12 de octubre, colocará Periódicos Ciudadanos en Elche, Alicante, Pamplona y Vigo, como primera etapa de una red que cubrirá toda España.

Se trata de un proyecto destinado a proporcionar información a los habitantes de cada localidad de más de 50.000 habitantes sobre lo que más interesa a los ciudadanos: su propia ciudad, su propio barrio y sus propios problemas cotidianos. Y además elaborado por la gente que mejor lo conoce: los propios vecinos.

Aunque los aspectos comerciales son en este momento secundarios, no se puede obviar como telón de fondo de la red Reportero Digital que los anunciantes siguen a los clientes allá donde éstos van.

En los últimos años los lectores de entre 15 y 24 años dedican un 30% menos a los periódicos tradicionales desde el momento en que acceden a internet. Las ventas de los diarios tradicionales siguen bajando, o al menos subiendo en porcentajes pírricos, en Europa, Norte y Sudamérica, Australia y Nueva Zelanda.

Según la Asociación de Prensa de EEUU, el número de periodistas con contrato ha bajado un 18% desde 1990. Knight Ridder, empresa que controlaba algunos de los más importantes diarios estadounidenses, vendió todas sus cabeceras el pasado año.

El trasvase de anuncios clasificados a internet, con espacios de éxito superlativo en Estados Unidos como craiglist, no oculta que, de momento, el lector de diarios impresos goza de mucho más prestigio: garantiza una lectura atenta del producto, no un salto hiperventilado a velocidad de crucero: por eso su cotización es entre 10 y 50 veces más alta que la del internauta a la hora de pagar.

Aunque las grandes cabeceras –El País, El Mundo, ABC, La Razón, La Vanguardia, El Periódico…- cuentan con una edición gemela en internet, lo cierto es que están demasiado pegadas al papel. Los periódicos digitales de los grandes diarios consisten fundamentalemnte en refritos de lo ofrecido en la versión impresa y los mejores profesionales de esos medios quedan circunscritos al diario tradicional.

¿QUIÉN, CUÁNDO Y CÓMO ACABARÁ CON EL ÚLTIMO PERIÓDICO?

A la pregunta lanzada por The Economist”, replica el ”Financial Times” que no será Internet el presunto asesino, pero tenemos nuestras dudas. En este momento, son los diarios gratuitos los que más daño están haciendo a la prernsda tradicional, pero a largo plazo, la amenaza llega online.

A criterio de “The Economist”, los medios impresos ya están en vías de extinción y su fin es cuestión de tiempo, algo que cuestiona “The Washington Post”, para el que el proceso no será tan acelerado como pronostica Philip Meyer , quien fija en 2043 el final de la prensa de papel.

la realidad es que muchos síntomas nada favorables a la prensa tradicional. En el decenio 1996-2005, su difusión cedió en la América anglosajona, la Uniòn Europea, Latinoamérica y la Oceanía “blanca”.

Los jóvenes británicos de 15 a 24 años declaran, en un sondeo, que el uso de Internet entre ellos ha reducido 30% la lectura de periódicos. En otro plano, según la Newspaper association norteamericana, entre 1990 y 2004 la gente empleada en la actividad se ha reducido 18%. A principios de 2005, un grupo de accionistas obligó al grupo Knight Ridder (dueño de una galaxia de periódicos locales en EEUU) a ponerse en venta y cerrar 114 años de historia.

Que la prensa está enferma no ofrece dudas, pero ¿quién la liquidará? ¿La televisión? ni pensarlo. El “Economist” no tiene duda (en realidad, nunca las tiene) y apunta a Internet o, más exactamente, la información vía web. Aunque, por ahora, apenas 5% de la población mundial tenga acceso al ciberespacio.

El semanario acusa a “muchos editores de haber pasado por alto durante años los síntomas de la decadencia, centrándose en recortar costos y gastos o en atraer lectores dedicando más espacios al entretenimiento. Creían que eso interesa más que la economía, la política, las cuestiones sociales e internacionales”.

En la perspectiva de la revista, de pronto limitada al mundo anglosajón, un pequeño grupo de periódicos como el “Wall Street journal” o el “New York Times” podrá sobrevivir un tiempo mejorando la calidad de información y aumentando el precio. También le quedará espacio a cierta prensa local.

Estas tesis parecen ser convalidadas por el “Financial Times”, aunque con menor pesimismo. Días atrás, en un comentario titulado “OldTube, NewTube” (juego de palabras basado en el sitio web “YouTube”), el periódico londinense sostenía que ”Internet no acabará con los medios convencionales. Pero éstos deben preservar y mejorar la calidad de sus servicios”.

Cuando incursionen en la Red, “han de tener la sensatez de adaptarse a sus características. No obstante, la web no ha cambiado ni cambiará la economía de Hollywood, donde para filmar algo como ‘Misión imposible’ se precisan US$ 200 millones y no alcanza con juntar clips ni blogs”.

Mientras, faltan 36 años y cuatro meses para el fatídico primer trimestre de 2043.

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EN PELIGRO DE EXTINCIÓN
THE ECONOMIST

«Un buen periódico, supongo, es una nación que habla consigo misma», reflexionaba Arthur Miller en 1961. Una década después, dos periodistas de The Washington Post escribieron una serie de artículos que provocaron la caída del presidente Richard Nixon, y el prestigio del periodismo gráfico se elevó. En su mejor momento, los periódicos han obligado a gobiernos y compañías a rendir cuentas. Generalmente establecen la pauta noticiosa del resto de los medios.

Pero en muchos países los diarios son ahora una especie en peligro de extinción. El negocio de vender palabras a los lectores y de vender los lectores a los anunciantes, que ha mantenido financieramente su función en la sociedad, se está desmoronando.
De todos los medios «viejos», los periódicos son los que tienen más que perder por el surgimiento de Internet.

Los niveles de circulación han disminuido en Estados Unidos, Europa occidental, Latinoamérica, Australia y Nueva Zelanda durante décadas (en otras partes, las ventas han estado aumentando).

Pero en años recientes, la web ha apresurado el declive. En su libro The Vanishing Newspaper, Philip Meyer calcula que el primer trimestre del año 2043 será el momento en que la prensa escrita morirá en EEUU, cuando el último lector, exhausto, deseche la última edición arrugada.

Esta clase de extrapolación habría provocado un gesto de desaprobación por parte de un Beaverbrook o un Hearst, pero incluso el magnate de medios noticiosos más cínico no podría restar importancia al hecho de que cada vez más gente joven lee noticias en línea. Los británicos entre 15 y 24 años dicen que pasan casi 30% menos tiempo leyendo periódicos extranjeros desde que comenzaron a usar Internet.

Migra la publicidad

La publicidad está siguiendo a los lectores a la puerta de salida. La huida es casi precipitada, en gran medida porque Internet es un medio seductor que supuestamente pone en contacto a los compradores con los vendedores y demuestra a los anunciantes que su dinero está bien gastado. Los avisos clasificados, en particular, están pasando rápidamente al formato en línea.

Los periódicos aún no han comenzado a cerrar en grandes números, pero es sólo cuestión de tiempo. Durante las próximas décadas, la mitad de los periódicos de los países ricos pudieran parar sus imprentas.

Los puestos de trabajo ya están desapareciendo. Según la Asociación de Periódicos de EEUU, el número de personas empleadas en la industria cayó 18% entre 1990 y 2004. La pérdida de valor de las acciones de las compañías que editan los periódicos ha provocado el enojo de los inversionistas.

En 2005, un grupo de accionistas de Knight Ridder, firma propietaria de varios grandes periódicos estadounidenses, hizo que la empresa vendiera sus diarios, lo cual puso fin a una historia de 114 años. Este año, el banco de inversión Morgan Stanley atacó a la New York Times Company, la institución periodística más prestigiosa de todas, porque el precio de su acción había perdido casi la mitad de su valor en cuatro años.

Cambio de estilo

Luego de desconocer la realidad durante años, los periódicos finalmente están haciendo algo. A fin de reducir costos, ya están gastando menos en la cobertura periodística. Muchos también tratan de atraer a lectores más jóvenes enfocando su contenido en entretenimiento, calidad de vida y temas que pueden parecer más interesantes para la vida diaria de la gente que los asuntos internacionales y políticos.

Intentan crear nuevos negocios en línea y fuera de línea. Además, están inviertiendo en diarios gratuitos, que no consumen ninguno de sus exiguos recursos editoriales para descubrir casos de corrupción política o fraude corporativo. Hasta ahora, parece improbable que esta ola de actividad salve a muchos periódicos. Incluso si lo consigue, no presagia nada bueno para la función pública del cuarto poder.

A nadie le debería agradar la idea de la desaparición de uno de los grandes medios. Pero el declive de los periódicos no será tan perjudicial para la sociedad como algunos temen. La democracia, debemos recordar, ya sobrevivió a la enorme caída que experimentó la circulación de los diarios y que fue provocada por la televisión a partir de la década de los años 50.

Ha sobrevivido en momentos en que los lectores rehúyen los periódicos y los periódicos rehúyen lo que en tiempos más formales se consideraba noticias serias. Y seguramente sobrevivirá al declive que vendrá.

Esto se debe en parte a que unos pocos medios que invierten en la clase de reportajes de investigación que a menudo benefician más a la sociedad, se encuentran en buenas condiciones para sobrevivir, en tanto sus propietarios realicen un buen trabajo a la hora de ajustarse a las cambiantes circunstancias. Publicaciones tales como The New York Times y The Wall Street Journal deberían ser capaces de aumentar el precio de su trabajo periodístico a fin de compensar la pérdida de ingresos publicitarios por causa de Internet _particularmente en momentos en que se dirigen a un público más global.

Al igual que con muchas industrias, las que se encuentran en el medio _ni intelectuales ni dedicadas por completo al entretenimiento_ son las que con mayor probabilidad se quedarán en el camino.

La utilidad de la prensa va mucho más allá de investigar crímenes o incluso divulgar noticias generales; radica en hacer que los gobiernos rindan cuentas _al enjuiciarlos en el tribunal de la opinión pública.

Internet ha expandido este tribunal. Cualquiera que busque información nunca había contado con un recurso más adecuado. La gente ya no tiene que confiar en un manojo de periódicos nacionales o, incluso peor, el periódico local de la ciudad.

Las páginas web de agregación de noticias (news-aggregation), tales como Google News, compilan noticias de fuentes de todo el mundo. El sitio web del diario británico The Guardian tiene actualmente tantos lectores en EEUU como en Reino Unido.

Por otra parte, una nueva fuerza de «periodistas ciudadanos» y bloggers arde en deseos de hacer que los políticos rindan cuentas. La web abrió el mundo hasta ahora cerrado de los editores y reporteros profesionales a cualquiera que tenga un teclado y una conexión a Internet.

Los bloggers pueden estar parcializados o decir calumnias, pero, considerados como grupo, ofrecen a los que investigan en búsqueda de la verdad material ilimitado para reflexionar.

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