Virginia Postrel sobre el progreso

(Reseña de la conferencia de Virginia Postrel en la conferencia Objetivism Today 1998)

Hacia el final de la mañana, Virginia Postrel — editora de la revista Reason — nos llevó a su nuevo libro, «El futuro y sus enemigos» (The Future and Its Enemies). Expuso su teoría de los cuatro factores que llevan al logro y al progreso, y de las motivaciones de la gente que se los opone.

Comenzó por presentar las posiciones de Daniel Callahan, especialista en bioética, figura muy de la corriente dominante y el «establishment», como Postrel enfatizó cuidadosamente. Explicó que Callahan está insatisfecho con la medicina contemporánea, porque es demasiado ambiciosa; su espíritu es de «horizontes ilimitados». Y esto no sólo es cierto respecto a un puñado de doctores prometeanos — de acuerdo a Callahan —, sino que son los propios pacientes quienes quieren que la medicina sea de esa manera: quieren verse libres del sufrimiento, de la muerte precoz, y de varios niveles de determinación genética. Pero Callahan odia esta expresión de lo que llama «Yo proteico»; y en su lugar busca «una medicina que se proponga — con soporte público — metas de salud finitas y estacionarias.»

Postrel observó que en términos políticos convencionales Callahan es un liberal (izquierda) moderado; pero que al mismo efecto podría muy bien haber citado ella al conservador León Kass. Y por supuesto podría citar también expresiones similares que corresponden a cualquiera de los campos donde hay logro y progreso humanos, y no solamente medicina.

Por un lado están aquellos que anhelan «stasis» (estabilidad o una condición estática), (Postrel les llamó «stacistas»), y que vienen en dos variedades. Los stacistas reaccionarios tienen una visión de estabilidad localizada en el pasado; por ejemplo el periodista y candidato presidencial Pat Buchanan quiere restaurar el vecindario católico étnico de su juventud. En cambio, los stacistas tecnócratas, como el autor Inglés H.G. Wells, son utopistas que desean que el progreso termine en alguna sociedad estable final, en el futuro. Lo que sin embargo ambas categorías atacan es la constancia de la dinámica de los mercados, la innovación tecnológica, el intercambio cultural, y la reinvención del yo.

Opuestos a los stacistas están los dinamistas, que valoran el aprendizaje, el descubrimiento y el mejoramiento. No quieren imponer una visión, sino sólo poner las reglas que permitan competir a las diferentes visiones. El progreso no es la marcha hacia una utopía, sino simplemente lo opuesto al estado estacionario. Y aquellos que quieren proteger al progreso deberían aprender de donde procede: Postrel contó cuatro componentes del progreso, cada uno de los cuales dijo puede ser destruido por los ataques stacistas.

El primer componente se halla del lado de la demanda: la gente nunca está enteramente satisfecha. El segundo queda del lado de la oferta: sus necesidades son provistas gracias a la existencia de casi infinitas combinaciones de recursos, y a la capacidad humana de encontrar nuevas combinaciones. Como individuos estamos limitados solamente por nuestra imaginación y nuestro tiempo disponible; el hombre es una especie limitada sólo por la imaginación de todos los hombres y la vida de la especie.

Un tercer componente del progreso es la motivación de los oferentes para buscar nuevas combinaciones, y un motivo que a menudo se pasa por alto es el «juego», dijo Postrel: el puro placer de hacer algo que se disfruta por esa razón, y no por dinero, fama o poder.

El cuarto y último componente es la experimentación y su respuesta o retroalimentación: intentar alguna cosa, ensayarla frente a la demanda, y después tratar de mejorarla.

Postrel hizo planteamientos muy interesantes sobre los últimos dos factores. Respecto a la motivación, observó que la explicación tradicional es la «teoría de la represión», asociada a Max Weber y a la ética protestante. Esta teoría sostiene que detrás del progreso, del avance tecnológico y del capitalismo, se halla una moral de autonegación, frugalidad y deber. Sobre esta base, Daniel Bell — en «Las contradicciones culturales del capitalismo» (The Cultural Contradictions of Capitalism) — argumentó que el capitalismo se destruiría a sí mismo, debido a que estimula un ethos de búsqueda del placer, contrario a la autonegación, la frugalidad y el deber. Sin embargo, la teoría del progreso motivado por el juego contradice la premisa weberiana de Bell.

Volviendo a la necesidad de experimentación y retroalimentación, Postrel advirtió contra la habilidad de los estacistas para suprimir logros y progresos con argumentos que lucen razonables. La Administración de Alimentos y Medicinas (FDA) ha reducido el progreso médico por ejemplo, al requerir que toda droga sea probada como «segura y eficaz» antes de su ingreso al mercado. Pero ello reduce drásticamente los beneficios provenientes de tomar riesgos en un proceso de experimentación y retroalimentación. El patrón de «seguridad y eficacia» con frecuencia requiere mayor conocimiento avanzado de lo que un inventor puede poseer. Daniel Callahan va aún más lejos, y demanda que cada progreso médico sea «beneficioso y a la vez efectivo en relación a sus costos».

De esta manera los estacistas están siempre en ventaja porque tienen de su lado todos los peligros potenciales de lo todavía desconocido, mientras que los dinamistas están usualmente argumentando en favor de un avance que es solamente «un pequeño paso para un hombre». Lo que está en juego finalmente, concluyó Postrel, es nada menos que una disputa sobre cómo aprenden las civilizaciones, y si deberían hacerlo.

Fuente: The Atlas Society

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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