A De Juana Chaos simplemente como a Madeleine

Por fascículos El País y radiado día a día en la SER hemos podido vivir la agonía y muerte de Madeleine. Apología masiva y soporíferamente reiterativa de la eutanasia. El etarra De Juana Chaos, uno de los más asesinos de toda la historia de ETA, decide, voluntariamente también, emprender una huelga de hambre que podría derivar, todavía ni de lejos, en su muerte. ¿No estábamos a favor del respeto a las voluntades, conlleve las consecuencias que conlleve aunque estas sean irreversibles? Yo, sí.

Suena la agónica txalaparta para el Estado de Derecho. Un etarra se pone en huelga de hambre y los garantes de la justicia deciden que existe riesgo de que su salud se deteriore irreversiblemente y que, hala, a casa con la familia. La sonrisa famélica que nos dedicó desde el banquillo el sanguinario patriota vasco está a punto de convertirse en carcajada. En risotada por la victoria al pulso echado a la democracia blandengue del Estado español.

«Las oficinas de víctimas del terrorismo de varias autonomías que se han reunido esta tarde con el lehendakari Juan José Ibarretxe han leído un comunicado sobre la situación de De Juana Chaos, texto en el que aseguran que debe cargar con las consecuencias de la huelga de hambre que voluntariamente inició.»

Es la noticia con la que abre su boletín de las seis de la tarde la cadena SER. «Voluntariamente» recuerdan las víctimas. Voluntariamente como Madeleine.

«Desde el PSOE, José Blanco dice que se respetará la acción de la justicia, sea cual sea«. Pues vaya. Todo el mundo respetará la acción de la justicia, pero como venza el chantaje al que ha sometido De Juana Chaos al Estado sentará precedente en sus correligionarios. ¿Y entonces? Como decía ayer Rajoy, «¿qué hacemos si todos los etarras se ponen en huelga de hambre?»

A favor estamos de respetar la voluntad individual. Que el Estado tenga que ser el garante de la salud de un etarra que voluntariamente decide no ingerir alimentos estará en los manuales de criminología moderna, pero no es más que un arma en bandeja para el chantaje al sistema democrático. Si decide huelga de hambre, se le respeta. Simplemente como a Madeleine.

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