Losantos contra el `Ku Klux Klan de las ondas´

El «Rayo de la Mañana» no cesa. Federico Jiménez Losantos, que raro es el día que no atiza unos cuantos mandobles dialécticos, afirma ahora que lo que más le apena de la polémica sobre la concesión de los premios de la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión (ATR) es ver a Luis del Olmo y Andreu Buenafuente «unidos» en un «Ku Klux Klan de las ondas”.

Fiel a su estilo, añade Federico que se trata de una «versión radiofónica» del «Pacto del Tinell«, un acuerdo suscrito en 2003 por PSC, ERC e ICV para poner al frente de la Generalitat un Gobierno catalanista y de izquierdas.

Los tres han sido premiados con un Micrófono de Oro por la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión, un reconocimiento que Buenafuente rechazó al saber que otro premiado era Jiménez Losantos; y concesión que Del Olmo, presidente de honor de la Federación, ha criticado porque tiene «la misma idea» sobre «ese individuo«, en referencia al director del programa La Mañana de la COPE.

Jiménez Losantos publica en Libertad Digital, diario online del que es editor, un artículo que no tiene desperdico. Se titula Radio-Tinell al ataque y estos son sus párrafos más sabrosos:

Hombre, Buenafuente, estas cosas se avisan. Si además de pedírmelo dos veces me hubieras hecho saber que estabas desesperado y en las últimas de audiencia, pues no sé, a lo mejor había ido a tu programa para hablar de mi último libro y hacer una entrevista como la de Jesús Quintero.

Bueno, eso es difícil, porque ni tú eres Quintero ni yo sería yo si me prestara a hacer de Rodríguez Ibarra con Julia Otero, pero al menos lo habría contemplado como caridad o como penitencia.

Es cierto que fuiste más rápido que el Loco y que Madrid (o Barcelona) es un viaje más corto que a Sevilla, pero es que no me daba la gana aparecer por un programa en decadencia con un sujeto que ha quedado para los chistes de los náufragos de las pateras. En todo caso, lamento que el disgusto que pudiera darte mi rechazo a aparecer en tu programa y los índices de audiencia de Quintero te haya llevado a desairar a Ponferrada y sus premios.

Míralo por el lado bueno: así haces méritos para volver a Barcelona a hacer las gansadas habituales en uno de los dos idiomas vernáculos que dominas incluso mejor que Montilla. Puedes ir a la cadena de televisión que os ha puesto Zapatero a los sectarios del progresismo al contado y el catalanismo a granel o puedes volver a TV3, de donde nunca has salido.

Lo que no sé es cómo has tardado dos semanas en darte cuenta del agravio que para tu ética supone “compartir el palmarés” de esos premios conmigo. Sólo hay entre nosotros una diferencia: yo jamás te invitaría a un programa mío; tú me invitas al tuyo y yo no voy.

Más pena me produce, oh, dilecto Luis del Olmo, verte unido a Buenafuente en esta especie de Ku Klux Klan de las ondas, esa versión radiofónica del Pacto del Tinell que sobre el agravio a tu ciudad natal ha montado la progresía nacionalista.

Yo creo que en vez de merodear por los medios de Polanco deberías concentrarte en tu programa, que va peor que el de Buenafuente, pero, en fin, ya eres mayor para recibir consejos.

Yo siempre respetaré el recuerdo de cuando colaboraba en tu programa y tu condición de precursor de homo antecessor de la radiocomunicación, hertziana sobre berciana. Espero que el Tripartito te perdone la vida empresarial y puedas aspirar a la millonaria caridad de Rovireche y demás amigos de la ETA en Perpiñán.

¿Qué se hizo de aquel Luis del Olmo? ¿Y qué se hizo del que recogía conmigo hace pocos años el Micrófono de Plata en Menorca? ¿Todavía no habías descubierto mi maldad? ¿O es que aún no necesitabas descubrirla? ¡Pobre Luis del Olmo!

Aunque no me hubieran dado premio alguno, habría ido a Ponferrada a ponerme a la sombra de la estatua erigida a tu ego y a meditar sobre la imperiosa necesidad de retirarse a tiempo. La alternativa es el ridículo.

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