Lo que se ve y lo que no se ve

Alberto Benegas Lynch (H) desmenuza a Bastiat:

«Lo que se ve y lo que no se ve»: Con esto va a la parte más sensible del análisis económico: la manía de elaborar, sobre ciertas medidas, haciendo caso omiso de lo contrafáctico, de lo que hubiera ocurrido si los gobiernos no destinaran coactivamente recursos ajenos en direcciones que los titulares no aprueban.

Se admiran la construcción estatal, los mármoles, los vidrios, la altura majestuosa, pero no se consideran la cantidad de zapatos, los colegios y la verdura que se hubiera producido si no se hubieran esterilizado recursos. El artículo alude a una persona que rompe una vidriera. Bastiat identifica a profesionales que seriamente dictaminan acerca de los beneficios de la destrucción, puesto que, en este caso, sostienen que el vidriero contará con mayores recursos para comprarse un traje y el sastre a su vez podrá adquirir otros bienes y así sucesivamente, sin percibir el beneficio neto de contar con el vidrio y, además, con fondos para aumentar el stock de bienes disponibles.

Ese ejemplo, que prima facie suena absurdo, es aplicado a muy diversos aspectos de la vida política. En este sentido dice Bastiat que un caso son las llamadas empresas estatales, cuya sola constitución implica un desvío de factores de producción desde las áreas productivas a las establecidas por los gobiernos y, de más está decir, con recursos de los contribuyentes. Argumenta también que «el Gobierno no debe intervenir en este proceso, ya que la riqueza de un país no puede estimular actividades por medio de impuestos, ya que esto implica dañar actividades más esenciales […] Se dice que si el Estado no interviene por medio de impuestos para destinar recursos a las actividades religiosas es que se es ateo. Si no interviene con impuestos para las escuelas, se está en contra de la educación. Si el Estado no entrega recursos obtenidos por impuestos para establecer un valor artificial a la tierra o para subsidiar alguna rama de la industria, esto quiere decir que se es enemigo de la agricultura y del trabajo. Por último, se piensa que si el Estado no subsidia a los artistas, quiere decir que se patrocina la barbarie.

«Protesto con todas mis fuerzas contra estas inferencias. Muy lejos está de mi ánimo proponer la abolición de la religión, la educación, la agricultura, la industria, el trabajo o las artes. Por el contrario, sostenemos que la libertad en todas estas áreas, sin que se opere a costa del fruto del trabajo de otros, fortalecerá el desarrollo armónico y el progreso de estas áreas. Nuestros adversarios creen ingenuamente que la actividad que no está subsidiada será abolida. Nosotros creemos lo contrario. Ellos tienen fe en el legislador, no en el ser humano. Nosotros tenemos fe en el ser humano, no en el legislador».

Fuente: La Nación – Miércoles 7 de marzo de 2007 – El último libro del autor es La tragedia de la drogadicción. Una propuesta (Buenos Aires, Ediciones Lumiere, 2006).

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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