El BNG y las mujeres

Quin ha descubierto que entre las muchas formas que hay de explotar a la mujer, la más rentable es la política. Ofrendar a la mujer ayudas y subvenciones es la nueva manía de los monaguillos nacionalistas. ¿Recuerdan a los titiriteros Luis Tosar, Manuel Rivas y Morris, fregando con guantes de latex y pasando la fregona apoyando la campaña «Podemos. Queremos.»? Propaganda pura y dura al estilo Breogán con el fin de ganarse a las mujeres en las urnas.

Pero lo que hacía rechinar los dientes era el reclamo en la radio de esa misma campaña en la que el «chico moderado del BNG» -según Esperanza Aguirre- reconocía no ayudar mucho en su casa debido a su apretada agenda. Problema que hubiera estado resuelto si su amigo Antón Losada le hubiera comentado lo barato que es tener una empleada de hogar sin seguro a la que se puede usar y tirar como un trapo.

En esta cruzada multiculturalista por el sexo débil no podía faltar un baño de masas. Fue a los primeros días de marzo cuando fue recibido en Monterrei por 600 mujeres entregadas que lo aclamaban como adolescentes histéricas. Allí, entre aullidos, les prometió aumentar un 30% las partidas para ayudar a las asociaciones de mujeres rurales. ¿Si Manuel Fraga bailaba muñeiras con los de la tercera edad por qué él no iba a hacer delirar a cientos de mujeres desesperadas a golpe de partidas presupuestarias?

Toda sociedad funciona a base de mitos y la explotación de la mujer es uno de los más actuales. «La izquierda ha inventado a la mujer como en el pasado inventó al obrero» dice Carlos Rodríguez Braun y no le falta razón. Da igual que hoy miles de mujeres cobren más que sus maridos, lo importante no es lo que evidencia la realidad sino cómo la falsean utilizando estadísticas inverosímiles de desigualdad laboral que, de ser ciertas, tendrían que haber colapsado los juzgados. Como si necesitáramos creer que con artificios legales avanzamos hacia el Nirvana de la Igualdad.

Acabemos de una vez con ese pasado ficticio de la mujer gallega marginada y explotada. Porque tiempo atrás, cuando por aquí campeaba el hambre y la miseria, fue la mujer la que se puso a labrar la tierra sin necesidad de propaganda oficial. En aquellos días no era extraño ver a una mujer empleada en los menesteres de mozo de cuerda y peón caminero. Mientras algunas trabajan en el rural a la par que el hombre, en otros ámbitos más elevados como el derecho o la literatura, de Galicia salían mujeres extraordinarias como Concepción Arenal, Rosalía de Castro y Emilia Pardo Bazán.

Es cierto que hay situaciones de injusticia y que en casos de, por ejemplo, maternidad, muchas veces los empleos penden de un hilo pero eso no se resuelve coaccionando a los empresarios con cuotas y listas paritarias sino generando más oportunidades de empleo. No hablo de gasto corriente sino de riqueza. Más empleo para que las empresas no tengan que darse el lujo de prescindir de las madres y menos intervencionismos estériles para que los empresarios valoren a la mujer por su aptitud y no por un sesgo exclusivamente sexista.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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