Las huelgas masivas recrudecen ante la pasividad de la Xunta

La conflictividad laboral se dispara en Galicia y jaquea a un gobierno autonómico sin capacidad de respuesta. Las protestas del naval han colapsado Vigo paralizando todos sus accesos ante la impasividad de las autoridades policiales y el hartazgo de los ciudadanos.

Los sindicatos machacan desde hace meses a la Xunta con huelgas masivas en sectores estratégicos como la sanidad, la educación y el metal. Ciudades como Vigo o La Coruña sufren hasta cinco protestas simultáneas por día mientras que el bipartito dilata las negociaciones aumentando la tensión social y la conflictividad con los sindicatos. Y en el caso del sector naval, directamente ha preferido ni aparecer por la mesa de negociaciones cuando la realidad es que la Xunta y la Gerencia del Sector Naval tienen mucho que decir.

Trece días atrás, justo cuando se inició la huelga del naval, Vigo no vivió un día normal. Cinco huelgas simultáneas en diferentes sectores hicieron que Vigo se paralizase. Los profesores dejaron a 2.300 alumnos en manos de servicios mínimos reclamando mantener la jornada reducida en junio y septiembre.

El sector naval denunciaba el incumplimiento de la bolsa de empleo y la no conversión de contratos eventuales en indefinidos, los trabajadores de la ITV buscaban eliminar la jornada laboral de los sábados por la tarde, mientras los ganaderos pedían que se suba el precio de la leche, que no lo hace desde 1995, y los sanitarios de los Puntos de Atención Continuada solicitaban que sus contratos tengan las mismas ventajas que los del resto de personal del Sergas. También amenazaban con ir a la huelga los trabajadores de las piscinas y gimnasios municipales, la concesionaria de la depuradora y los empleados de los servicios sociales de la residencia del Meixoeiro.

Ese era el panorama en Vigo y todavía no había se recrudecido la huelga del naval. En La Coruña de febrero a marzo hubo un promedio de tres protestas diarias. La ciudad se ha convertido en el centro de todas las quejas y entre enero y noviembre de 2006, fue la ciudad gallega con más concentraciones en la calle (519), superando a Vigo (367) y Santiago (160), según los datos facilitados por la Delegación del Gobierno. Desde los funcionarios municipales que acampan en el Obelisco y le recuerdan por donde vaya a Javier Losada sus exigencias salariales hasta los trabajadores de Atento que protestaban por los 167 despidos, la ciudad herculina hace un tiempo que viene siendo «territorio piquete».

La huelga del naval

La huelga, convocada por CIG, CC OO y UGT, trata de presionar para que se cumpla el convenio firmado el año pasado, concretamente en lo relativo al porcentaje de empleos temporales (45%) que deberían pasar a fijos este año y la bolsa de contratación que regula el sector. Ambas cosas se estarían incumpliendo. Según explicaron fuentes sindicales a RD, por cada puesto de trabajo fijo, cada astillero tiene subcontratado el trabajo de una decena de operarios con el resultado de que la mayoría de las personas que trabajan en una grada o en un dique tiene un contrato basura.

Los trabajadores exigen que sus contratos de trabajo pasen a ser indefinidos así como que se les pague más por horas extras realizadas. Con respecto a esas negociaciones, las diferencias con la patronal siguen estando en la intención de parte de los empresarios de «concatenar contratos», es decir, que los operarios que trabajan en la construcción de un barco puedan pasar a otro barco o a otro astillero sin tener que pasar por la Axencia-Bolsa de Emprego, tal y como estipula el convenio. «Siguen empeñados en ese punto y por ahí no pasamos», decía un capo sindical.

Las protestas han ido de menos a más. Comenzaron con cortes de tráfico que colapsaron todos los accesos hasta que, ante la falta de acuerdo, se recrudeció con la quema de más de 40 contenedores, cortes en las vías del tren y autovías, toma pacífica del edificio de Hacienda hasta llegar a la ocupación violenta del edificio administrativo de la Xunta en Vigo, situado en la calle Areal, donde 2.000 trabajadores durante una media hora se dedicaron a arrojar expedientes por la ventana, entre otros objetos, lo que obligó a los servicios de seguridad del inmueble a desalojar a la mayoría de los funcionarios.

Pero esta huelga no le saldrá gratis a un sector que disfrutaba de un gran momento. La patronal del sector del naval vigués aseguró que la huelga indefinida ha supuesto la rescisión de al menos cuatro contratos para la construcción de otros tantos barcos, que darían trabajo durante dos años a medio millar de operarios. Los responsables de los astilleros vigueses han tenido que atender en los últimos días un aluvión de llamadas de sus clientes noruegos que se preocupaban, por los posibles retrasos en las fechas de entrega, dado que cada día de retraso en la entrega de un buque tiene una penalización de 25.000 euros diarios por cada 100 millones de inversión.

La sanidad, colapsada y la educación, de protesta en protesta

La huelga del 3 de mayo en los colegios fue una de las más «masivas» que se recuerdan en Galicia según la sindical nacionalista CIG. El sindicato asegura que algo más del 70% de los maestros se ausentaron de sus clases en protesta por la supresión de la jornada reducida de la que disfrutaban hasta ahora en junio y septiembre. Pocos días después unos 3.000 profesores de infantil y primaria de centros concertados de Galicia se concentraron en Santiago para volver solicitar a la Consellería de Educación que restablezca la jornada escolar reducida.

Pero el ambiente más turbio se concentra quizá en la sanidad pública, ya que tiene frentes abiertos de distinta envergadura. Las dos huelgas a las que desde hace dos meses están convocados casi la mitad de los trabajadores del Servizo Galego de Saúde (Sergas) han provocado la suspensión de 479 operaciones y más de 2.500 consultas con los médicos especialistas, según los datos del Sergas. La Voz de Galicia comentaba que basta un dato para intuir la envergadura de los problemas que acarrean los paros: sólo en el área de Vigo cada día de huelga se cobra la suspensión de más de 1.500 análisis en los centros de salud, lo que obliga a retrasar la cita o incluso provoca que se pierdan muestras de sangre, como ocurrió con 715 extracciones hace dos semanas.

El colapso sanitario provocado por las huelgas es desesperante. En Vigo, varias decenas de pacientes oncológicos están en «listas inmediatas de espera», aguardando a ser operados y algunos llevan más de un mes, por culpa de las reivindicaciones laborales y la huelga de interinos, a lo que también se une la cancelación de operaciones en el hospital Xeral ante la aparición de la bacteria «morganella». La situación es especialmente delicada para aquellos que tienen «tumores localizados» y cuya situación se ve agravada en un breve periodo de tiempo.

No parece que a corto plazo la situación vaya a mejorar. A la Xunta se le ha acabado el «período de gracia», en palabras del secretario general de la CIG, Suso Seixo. Tanto CC.OO. la CIG creen que cunde un creciente descontento y que las protestas van a ir en aumento en los próximos meses. «El Gobierno gallego debe dar respuestas satisfactorias a los numerosos conflictos que tiene encima de la mesa, porque de lo contrario nos veremos obligados a movilizarnos», advierte Xan María Castro. «Allá donde la Xunta no cumpla, estaremos para exigirlo».

Una Galicia anclada en el pasado

En último término, queda la imagen de una Galicia devaluada con resabios antisistema que gozan de total impunidad para colapsar los accesos de grandes ciudades como Vigo o La Coruña y destrozar edificios administrativos sin que las fuerzas de seguridad intervengan para evitarlo. Seguramente entre los reclamos existen razones estructurales y coyunturales entendibles pero hasta ahora ningún alto cargo de la Xunta ha brindado una explicación convincente al respecto.

Por último, es preocupante la falta de capacidad negociadora de este bipartito que se jactaba de ser el Gobierno del «diálogo y el cambio». Hablar de diálogo luego de la brutal represión policial de los funcionarios municipales frente a San Caetano suena a chiste. Si no cambian de actitud y dejan de atrincherarse en sus despachos haciendo de cuenta que aquí no pasa nada, la mitad que queda de legislatura se le puede hacer eterna a esta coalición PSOE-BNG.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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