Cuando ganar no sirve de nada

En Galicia, con el 99,44 por ciento de los sufragios escrutados, el partido más votado en las elecciones municipales es el PPdeG, con el 39,84 por ciento de votos y 1.790 concejales, seguido del PSdeG, con el 29 por ciento de los sufragios que le otorgan 1.115 ediles.

El PPdeG cosecha una amarga victoria. No puede hablarse de fracaso porque los porcentajes de votos fueron notables en Orense y Vigo quedando a un puñado de votos de la mayoría absoluta. Y más cuando en Pontevedra Telmo Martín no tuvo rival y Carlos Negreira en La Coruña sorprendió a propios y extraños acabando con la mayoría absoluta del «vazquismo». También hay que mencionar el papel de Conde Roa ganando en Santiago y dejando en ridículo las encuestas que le daban la mayoría absoluta al socialista Sánchez Bugallo.

Largo invierno: Y a pesar de todo esto, al PPdeG le espera un largo invierno. El postfraguismo se vislumbra en el horizonte como un solitario peregrinar en la oposición, con un sistema electoral que lo deja aislado y aferrado a una ínfima cuota de poder. Tendrá que surgir un socio confiable en el futuro con el cual pueda pactar si quiere volver a poseer alguna alcaldía. Los tiempos de las mayorías absolutas han terminado, tanto para ellos como para sus rivales socialistas.

Batacazo del PPdeG en Lugo: El auténtico estupor de la jornada lo produjo, sin duda, la pérdida para el PP de la Diputación Provincial, hasta la fecha en manos de Francisco Cacharro Pardo y a la que aspiraba el número dos de este grupo a nivel autonómico, Xosé Manuel Barreiro. Con el 95,38% de las papeletas computadas, el PSOE, con 11 diputados (partía de 8) y el BNG con 3 (subió uno) tendrían la mayoría suficiente para arrebatar este ente a los populares, que se quedaron con 11 diputados, de los 15 iniciales. Un desconcierto para el aspirante a ocupar este cargo, que decía confiar en un buen resultado.

A los pactos los carga el diablo: Javier Losada y Xosé López Orozco sabían que las encuestas engañan y que el pacto con el BNG era una pesadilla factible. Los peores augurios se han cumplido y ahora habrá que aguantar las gamberradas lingüísticas y patrioteras de los nacionalistas en consistorios donde hasta hoy se los mantenía a raya. A Losada le convendría más aceptar la mano tendida de Negreira, como ha sugerido Paco Vázquez desde sus aposentos romanos, que capitular ante el Bloque, la peor opción sin lugar a dudas para todos los coruñeses.

Los mismos votos, mayor poder
: Así de curioso es nuestro sistema electoral. El BNG consigue el 19,17 por ciento de los votos y 662 concejales, igual que en 2003 pero tendrán un peso decisivo en siete ciudades gallegas, un poder inusitado nada acorde con el exiguo caudal de votos cosechados. Salen ilesos del correctivo impresionante que le aplicaron a Lores en Pontevedra y a Santi Domínguez en Vigo.

Pequeños y ruidosos fracasos: Las candidaturas independientes, decisivas en pequeñas comarcas, se esfuman en las grandes urbes. A pesar de todo el despliegue mediático y publicitario, Carlos Marcos se hundió en La Coruña con un sonado fracaso, alcanzando menos votos incluso que Izquierda Unida, que hizo campaña con fotocopias. En las huestes de Fernando Rodríguez Corcoba el candidato no paraba de llorar, no se sabe si por el cariñoso respaldo que le dieron los suyos o por los escasos votos que obtuvo su candidatura. En Vigo, Manoel Soto se pegó un tremendo varapalo perdiendo los dos concejales obtenidos en 2003, lo cual puso en bandeja la alcaldía a Abel Caballero. Las pequeñas candidaturas sí fueron decisivas en Culleredo (los progresistas de José Ramón Rioboo obtuvieron un grandísimo resultado metiendo cuatro concejales), en Betanzos donde CxB obtuvo tres concejales y en Bergondo donde Veciños obtuvo dos concejales acabando con el dominio del PSOE.

Las catástrofes y los escándalos no pasan factura: La fuga de Pescanova no habría pesado en Muxía, donde el PSdeG, con el 67% de lso votos escrutados, sumó dos concejales más. En Cee, zona cero de las riadas de otoño, el PP perdió tres concejales mientras que el PSdeG sumó uno más en comparación con 2003. Los escándalos urbanísticos en Viveiro y Ribeira Piquín no jugaron a favor del PP y sólo en Bande y Foz dejaron tocado al PSdeG. El ladrillazo sí pudo haber sido determinante en Gondomar, donde el PP perdió dos concejales y en Arteixo donde perdieron los populares la mayoría absoluta. El pucherazo con el voto emigrante del candidato socialista Javier Castelo no le ha afectado en absoluto: sacó o dos concejales más que en el 2003.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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