Reganosa y el minfundismo gallego

Por una vez coincido con Xosé Carlos Caneiro:

«Reganosa está aquí para abastecer de gas el noroeste hispano, para dar muchos puestos de trabajo, para crear riqueza y para significarnos como potencia energética, a nosotros, que sólo éramos potencia en malos presagios. A Galicia hay que quitarle el estigma de lo diminuto, porque así no vamos a ninguna parte. Tenemos que situarnos en el mundo con empresas que sean capaces de competir con las empresas catalanas de gas, por ejemplo. El más profano, yo, recuerda lo que pasó con Gas Natural y con el Gobierno y con la CNMV y con Endesa y con todo el poder económico. Pues Reganosa quiere ser también empresa sin minúsculas: hacernos grandes y escribirnos en el manual de la historia contemporánea, no en la del regionalismo de hace dos siglos. No conozco informes medioambientales que la desaconsejen.

Ni me consta que Reganosa lastime los intereses reales de la gente admirada que vive de la mar. Ni tengo en mis manos ninguna señal que indique influjo negativo en nuestra costa o en quien vive en ella, para ella o de ella. Por lo tanto, si vamos a impedir que entren los gaseros una y otra vez, habrá que posicionarse de una vez por todas. Qué sentimiento queremos, digo. El sentimiento del minifundio, que es la cosa esa que nos llevó a emigrar antaño al alenmar y hace unos años a Canarias; o el sentimiento del orgullo y la ambición y la autoestima. Si queremos a Reganosa y a otras empresas que, sin dañar a nadie, pretenden que Galicia esté en el mundo o si preferimos ser la cuenca de todas las lágrimas y el país donde siempre llueve.

Si Reganosa no hace daño, y así lo dicen todos los informes, hay que dejar trabajar a Reganosa. Por el bien de este país al que queremos y nos quiere. Por su futuro. Y, sobre todo, porque de una vez por todas debemos pegarle una patada a la desfortuna. El minifundismo, verbigracia. Ese gusano que nos ha comido, maldita sea, el alma».

Roberto Blanco Valdés alerta sobre este tema del fantasma piquetero:

«Pero lo que no pueden hacer ni los trabajadores de Vigo ni los mariscadores de Ferrol es tomarse la justicia literalmente por su mano y violar la ley amparados en la supuesta justicia de sus causas.

Que, como ocurrió en Vigo hace unas semanas, una turba de alborotadores tome por la fuerza un edificio público, amedrente a sus ocupantes y destruya, como si tal cosa, documentos oficiales, es gravísimo. Que, como aconteció ayer en Ferrol por segunda vez en quince días, un grupo de personas impidan trabajar a una empresa que cumple escrupulosamente con la ley mediante una acción de boicot planificado y sistemático, es gravísimo»

Carlos Luis Rodríguez prefiere no caer en romanticismos y apostar por el Estado de derecho:

«Tampoco los pareceres contrarios a Reganosa legitiman el bloqueo de la ría. Sin embargo, anteayer se pudieron ver reportajes de televisiones nacionales que presentaban el conflicto como una lucha contra la injusticia gasística, con escenas de los incidentes y testimonios dramáticos de algunos portavoces de la protesta.

Nadie recordó que la planta cuenta con todos los requisitos legales, el apoyo de los ayuntamientos de la zona, el respaldo de las principales fuerzas políticas de la comarca, y el consenso de los sindicatos. La protesta marítima no es sólo ilegal, sino también claramente minoritaria».

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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