Touriño, rehén del BNG

Emilio Pérez Touriño se muestra exultante ante la posibilidad de pactar con el Bloque el reparto de un máximo de 86 alcaldías gallegas. Dentro del PSOE gallego no lo tienen tan claro y se debaten entre pactar con el PP o seguir las instrucciones del presidente de la Xunta.

El panorama electoral después del 27-M indica que los socialistas tienen asegurada la alcaldía en 39 alcaldías donde ganaron por mayoría absoluta, a las que sumarán 49 más en virtud de los pactos con los nacionalistas y otras tres a mayores, entre ellas Ferrol, mediante la negociación con Izquierda Unida o grupos independientes. El Bloque, por su parte, gobernará en ocho municipios en solitario, pero los pactos con el PSOE le abrirían la puerta de la alcaldía en otros 17 concellos donde fue la fuerza más votada del bipartito.

Touriño no ha dejado pasar ni tan siquiera 24 horas desde que se conoció el escrutinio final para ponerse en contacto con el líder nacionalista y vicepresidente de la Administración autonómica, Anxo Quintana. Como si formaran el tándem perfecto, algo que la realidad desmiente día a día, no se cansa de decir que el 27-M «se consolidó el cambio en Galicia» y de remarcar la necesidad «de formar gobiernos de progreso», un eufemismo para etiquetar las nuevas coaliciones de izquierda con marcado sesgo separatista que se avecinan en el paisaje político municipal gallego.

ADIÓS A LAS MAYORÍAS ABSOLUTAS

La edad de oro de las mayorías absolutas ha terminado en Galicia y toca pactar con el Bloque. Paco Vázquez, desde sus aposentos romanos, se encargó de decir lo que otros por obediencia hacia al partido no pueden: que se cambie la ley electoral municipal para garantizar mayorías estables que eviten a los dos grandes partidos pactos leoninos con los nacionalistas. Más aún, sugirió sin pelos en la lengua pactar con el PP antes que los del Bloque, lo cual irritó a Touriño: «Por decir cosas como ésa, está de embajador donde está: en el Vaticano», respondió. Normal. Un alcalde que defendió -batalla judicial mediante- el topónimo español de la ciudad herculina y la idea de unidad de España no tenía cabida en las filas de un presidente como Zapatero.

En la intimidad, Javier Losada y Xosé López Orozco, actuales alcaldes de La Coruña y Lugo respectivamente, confiesan que quisieran gobernar con el apoyo del PP antes que pactar con el diablo nacionalista. De hecho, Losada ya se reunió con Carlos Negreira (PP) para delinear un posible gobierno socialista en minoría apuntalado por los populares. Cabe decir que en María Pita la relación entre PP y PSOE no se parece, en nada, a lo que sucede en el Parlamento gallego o en el Congreso de los Diputados, en Madrid. Entre los concejales populares y socialistas las grandes diferencias se observan a nivel estatal más que local, mientras que los ediles del BNG siempre se les han atragantado a los socialistas. Lo que le vino a decir Vázquez a Losada es que el apoyo puntual del PP le puede dar a los socialistas una legislatura tranquila y sin problemas.

En Lugo, el alcalde socialista López Orozco, a quien todas las encuestas le daban mayoría absoluta, tendrá que pactar con el partido con el que peor se ha llevado en los últimos años. Pactó con el BNG en 1999 pero supo atribuirse todos los logros de ese bipartito para hacerse en 2003 con la mayoría absoluta. Los nacionalistas no le perdonan la forma en que Orozco prescindió de ellos y desde que asumió la nueva Xunta en 2005 las consellerías del BNG lo tienen en el punto de mira, a tal punto que el alcalde dijo en marzo que padecían el «síndrome Orozco», invitándoles a «autoanalizarse, a decir que son un desastre» y reconocer que «no valen para gobernar». Con estos traumáticos antecedentes, ahora tendrá que volver a sentarse a negociar con ellos.

En Vigo todavía merodea el fantasma de la crisis desatada a finales de 2003, donde el socialista Ventura Pérez Mariño expulsó del gobierno local al BNG, suscitando el enfrentamiento entre ambas formaciones, lo que provocó una moción de confianza que dio la alcaldía a la ‘popular’ Corina Porro. Escribía el analista Xavier Navaza que el inminente alcalde vigués Abel Caballero (PSOE) «está hecho de una madera muy parecida a la de Ventura Pérez Mariño, el hombre que más dolor de muelas le causó jamás al nacionalismo galaico en Vigo» pero sucede que las apetencias de poder de Caballero son tan notorias que «se dejaría extirpar un riñón si con ello garantizase su reinado local».

En este escenario, todo parece indicar que Touriño improndrá a sus alcaldes pactos globales que no respetan la voluntad de cada grupo local ni las peculiaridades de cada municipio. Su inspiración es pensamiento zapateril puro y duro según el cual arrinconarás al PP por sobre todas las cosas y pactarás con quien sea necesario para mantenerte en el poder. Incluso es más que probable que pague un alto costo político por aislar al PP otorgándole al BNG mucho poder de facto que el que le corresponde a su modesto caudal de votos. Al tiempo.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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