Elvira Lindo: «Hay quien prefiere firmar manifiestos que conllevan cierto riesgo»

(PD).- Varios intelectuales o personas del mundo de la cultura han puesto a caer de un burro a los titiriteros-flotador de ZP. Álvaro Pombo, escritor y académico, les calificó de «babosos serviles». Pepe Sancho, actor, quiso desmarcarse también de la Plataforma de Apoyo a Zapatero. La columnista de El País, Elvira Lindo, hace lo propio de una manera más sútil, y, por ende, más hiriente.

La escritora gaditana Elvira Lindo pone su firma a una columna en el diario de PRISA este miércoles que titula «Manifiestos». Un texto dedicado a los titiriteros que han salido en apoyo de Zapatero y cargando contra el PP, poniendo en marcha la Plataforma de Apoyo a Zapatero.

«Llega la campaña y, con ella, el revuelo de manifiestos y adhesiones. Los partidos han chupado de tal manera el activismo social que hoy sólo se considera comprometido aquel que añade su nombre a la lista de personajes que piden el voto para tal o cual formación. Uno de estos días me encontré a un joven y talentoso artista que me preguntó si ya había firmado el manifiesto. Le contesté (no sé si fui del todo comprendida) que los que tenemos la posibilidad de expresarnos públicamente estamos, al fin y al cabo, manifestando nuestro sentir ideológico en cada pieza que firmamos, con más riesgo incluso, porque cuando se tiene cierta independencia de criterio no hay siglas que te sirvan de escudo protector».

Elvira Lindo, asegura que «nada tengo en contra de los que estampan su firma en un manifiesto. Al contrario, creo que a veces la suma de muchos nombres públicos pueden frenar un atropello, salvar vidas y despertar conciencias«.

«El problema es que se ha abusado tanto de ellos que hay quien prefiere reservarse para cuando surja uno de esos manifiestos que conllevan cierto riesgo. La generosidad consiste en compartir lo que nos es muy querido y no hay nada más valioso que el propio nombre».

Y saca los colores a los que estamparon su firma:

«Valerosos son, por ejemplo, aquellos que ceden sus nombres para apoyar a los dibujantes que desde la publicación de las caricaturas de Mahoma ven su vida en peligro, valerosas las publicaciones que los respaldan reproduciendo las viñetas. Con su trabajo están redactando un manifiesto a favor de las libertades. Las columnas también son un humilde manifiesto, nada heroico, con un pequeño daño colateral: no caerle bien a todo el mundo».

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