Pedrojota pone nombre y apellido a la persona que «le sobra» a Rajoy

(PD).- Ni se sabe el tiempo que lleva Pedro Arriola como consejero áulico del PP. El marido de Celia Villalobos es quien está tejiendo ahora la estrategia popular tras la derrota del 9-M.

«Entre Mariano Rajoy y la realidad existe una pantalla que se llama Pedro Arriola».

Es la conclusión que se desprende del artículo dominical de Pedrojota Ramírez, donde el director de El Mundo -culpable con Losantos de haber mantenido tres años al PP en el lodazadal del 11M- critica acerbamente la estrategia seguida por el presidente del PP tras su segunda derrota electoral.

Como reseña Elsemanaldigital, el poco comedido Pedrojota lamenta en su epístola que «el guionista de cuanto lleva ocurriendo en el partido desde la misma noche de la derrota electoral sea una persona que no ha pasado ni por las urnas, ni por ningún congreso, ni siquiera por la oficina de afiliación».

Arriola, marido de Celia Villalobos y consultor externo del partido desde tiempos de José María Aznar, «ha vuelto a marcar la pauta de los acontecimientos, haciéndole fácil la vida al jefe, sacándole las castañas del fuego de la melancolía con una interpretación voluntarista de los resultados del 9-M, escribiéndole un discurso atroz y ayudándole a encontrar, al fin, a la niña que con tanto ahínco le había instado a buscar durante la campaña».

Esa niña es Soraya Sáenz de Santamaría, a quien Ramírez valora «porque es una mujer bastante inteligente, conoce muy bien los asuntos fundamentales del debate político y parece tener la imprescindible capacidad de encaje», pero que tiene un déficit de legitimidad porque, a juicio del director de El Mundo, debía haber sido elegida por los 154 diputados del grupo parlamentario.

Y debe tener cuidado porque «no es sino la última baza instrumental de su voluble, caprichoso y desconfiado papaíto que, ora te pone en el candelabro, ora se olvida de ti como si fueras un juguete roto. Remember Pizarro, remember Acebes».

Según Pedrojota, a día de hoy «toda la estructura del PP, pura emanación de un jefe que dice tener «su equipo» tras tirar por la ventana a quienes lo formaban cuatro días antes, queda en entredicho al no contar con el aval de los mecanismos democráticos». El problema no es Rajoy, quien «sigue siendo la misma persona cabal, experimentada, equilibrada, íntegra y sólidamente analítica», sino «el consultor externo [Arriola] y los intereses creados de una mezquina camarilla».

Y pide que no se desaproveche «una magnífica oportunidad de hacer de la necesidad virtud y aprovechar la inapelable derrota del 9-M para iniciar un genuino proceso de regeneración desde abajo hacia arriba del que salga un proyecto movilizador de entusiasmos e ilusiones, capaz de poner en evidencia todas las taras de la gestión de Zapatero y construir una nueva mayoría social sin necesidad de rezar para que parte del electorado se quede en casa».

No es tanto cuestión, pues, de la persona, como de las formas: «No estoy hablando de alternativas personales, sino de un camino distinto. Es más, en este caso la alternativa es el camino», para evitar que «el chef de Pontevedra» lo lleve todo cocinado al congreso valenciano de junio.

LO QUE ESCRIBÍA ISABAL SAN SEBASTIAN DE PEDRO ARRIOLA

Dicen las malas lenguas que si no es él quien manda en el PP, actúa como si así fuera. Aseguran las voces alarmadas que se comporta con la seguridad de un virrey, el descaro de un trilero y el cinismo de un vendedor de humo, capaz de defender una postura y su contraria con idéntica elocuencia, al albur de los vaivenes de la demoscopia.

Juran los asistentes a los últimos cónclaves populares que, tanto en Tordesillas como en Sigüenza, suya fue la batuta rectora de las reuniones, suyo el guión de las declaraciones posteriores y suya la «estrategia política» surgida de ambos encuentros, si como tal puede calificarse la línea de actuación dictada por el vate tras consultar las encuestas.

Una línea en la que no se reconocen miembros insignes del partido, paradójicamente alejados entre sí, y que consiste a grandes rasgos en no molestar a nadie, no resultar antipático y asumir con humildad que el enemigo ya ha ganado y conviene acercarse a él.

Por extraño que parezca, este poderoso personaje, con apellido de origen vasco y resonancias tan pétreas como la faz que se gasta, daba palmaditas en la espalda -antes de pasar por caja- al Aznar más soberbio y desagradable de la anterior etapa.

Lo suyo siempre ha sido decir lo que su interlocutor quiere escuchar, solemnizando lo obvio y dando trascendencia a lo irrelevante hasta hacer sentir vergüenza a los oyentes no entregados a sus artimañas.

Su especialidad consiste en justificar a posteriori cualquier cosa, empezando por sus errores de bulto en el pronóstico, y lograr que el cliente se lo crea y se muestre agradecido. Porque nuestro hombre no se mueve por convicción o militancia. Él no entiende de proyectos, principios o ideologías.

Lo suyo es la contabilidad de altos vuelos, no da un paso sin cobrar y lleva lustros alimentando sus arcas con las facturas que le abonan en la calle Génova, sin que nadie se atreva a rechistar. Una de las últimas, correspondiente a esa «brillante» campaña electoral de «perfil bajo» que condujo a la derrota al candidato de la gaviota.

La supervivencia política de este siniestro sujeto y su creciente influencia sobre Mariano Rajoy representan un misterio no sólo para quienes escuchamos atónitos ciertas confesiones, sino en primer término para aquellos dirigentes llamados a ejercer la oposición sin entender ni compartir las instrucciones que les dan. Actuar al dictado de un valido incompetente es más de lo que muchos están dispuestos a aguantar.

(El Mundo.21.01.05 )

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