«¡A ver si investiga Garzón lo que les pasó a sus paisanos en los trenes de la muerte en agosto del 36!»

"¡A ver si investiga Garzón lo que les pasó a sus paisanos en los trenes de la muerte en agosto del 36!"

Garzón ha decidido liarse la Guerra Civil a la cabeza a ver si así, de una vez por todas, le dan el Nobel de la paz (o, al menos, una portada en el New York Times). Todos los periódicos han dedicado sus portadas al auto del magistrado autoproclamándose competente para juzgar la contienda del 36 y el franquismo. Puestos a remover, los oyentes de la radio están llamando a las emisoras para contar sus casos. Uno especialmente duro en Onda Madrid: «Los trenes de la muerte«, en Jaén.

El Ente público de la Comunidad Autónoma amortiza el programa de Curri Valenzuela y lo retransmite por radio a la hora de acabarlo en directo en Telemadrid, de tres a cuatro. Como en todas las tertulias, el tema central era el auto de Garzón sobre la Guerra Civil. Un señor ha querido opinar en directo:

«Siempre se está hablando de Paracuellos, y ¿lo que les pasó a los paisanos de este señor, qué? Nadie se acuerda. ¡Que investigue los trenes de la muerte! Ustedes eran muy jóvenes cuando todo esto, yo tenía 14 años, y por eso no sabrán igual ni de lo que les estoy hablando. ¿Por qué no investiga esto el señor Garzón? Igual hasta iban algunos de los miembros de su familia, porque eran todos de derechas».

Los «trenes de la muerte» es uno de los episodios más negros de la Guerra Civil española. Sucedió los días 11 y 12 de agosto de 1936. Esos días se produjo el primer fusilamiento en masa, aún cuando si siquiera se había producido ningún importante enfrentamiento bélico.

El día 12 de agosto ingresaron en la Cárcel Modelo de Madrid, los 40 supervivientes de la masacre que se produjo en el andén de la estación de Vallecas, al llegar el tren procedente de Jaén con unos 300 presos destinados a las carceles madrileñas.

Entre los que salvaron milagrosamente la vida se encontraban dos ex-alumnos del Colegio de El Escorial, que tras pasar un tremendo calvario, fueron llevados primeramente al Ayuntamiento de Vallecas, después a la Casa del Pueblo de la misma localidad y por último, un desfile por varias checas de la capital hasta terminar por fin en la Cárcel Modelo donde se hacinaban cientos de presos comunes y miles de detenidos por el Frente Popular.

Alguno de los supervivientes relataron a sus compañeros lo sucedido.

El Excmo. E Ilmo. Sr. Obispo de Jaén, Don Manuel Basulto Jiménez, fue traído de aquella ciudad para ser asesinado en el lugar conocido con el nombre de «Pozo del Tío Raimundo», próximo al Cerro de Santa Catalina, del término de Vallecas (Madrid), en unión de su hermana y del Deán y Vicario General de aquella Diócesis, Don Félix Pérez Portela. Las expresadas víctimas, juntamente con unos doscientos detenidos de aquella provincia, bajo pretexto de ser trasladados a la Prisión de Alcalá de Henares, fueron conducidos a un tren especial que sobre las once de la noche del día 11 de agosto de 1936 salió de Jaén custodiado por fuerza armada, siendo el trayecto constantemente vejados por las turbas que esperaban en las estaciones de paso y que los insultaban y apedreaban, llegando el convoy a Villaverde (Madrid), donde fue detenido por los marxistas, que con gran insistencia pedían les fueran entregados los presos para asesinarlos. El Jefe de la fuerza que venía custodiando a los detenidos habló entonces por teléfono con el Ministro de la Gobernación rojo, y el resultado de la conferencia fue retirar las fuerzas mencionadas, dejando en poder de la chusma a los ocupantes del tren, que fue desviado de su trayectoria a Madrid y llevado a una vía o ramal de circunvalación hasta las inmediaciones del lugar ya mencionado del «Pozo del Tío Raimundo». Rápidamente empezaron los criminales a hacer bajar del tren tandas de presos, que eran colocados junto a un terraplén y frente a tres ametralladoras, siendo asesinados el Excelentísimo e Ilmo. Sr. Obispo y el Vicario General Don Félix Pérez Portela. La hermana del Sr. Obispo, que era la única persona del sexo femenino de la expedición, llamada doña Teresa Basulto Jiménez, fue asesinada individualmente por una miliciana que se brindó a realizarlo, llamada Josefa Coso «La Pecosa», que disparó su pistola sobre la mencionada señora, ocasionándola la muerte; continuando la matanza a mansalva del resto de los detenidos, siendo presenciado este espectáculo por unas dos mil personas, que hacían ostensible su alegría con enorme vocerío. Estos asesinatos, que comenzaron en las primeras horas de la mañana del 12 de agosto de 1936, fueron seguidos del despojo de los cadáveres de las víctimas, efectuado por la multitud y por las milicias, que se apoderaron de cuantos objetos tuvieran algo de valor, cometiendo actos de profanación y escarnio y llevando parte del producto de la rapiña al local del Comité de Sangre de Vallecas, cuyos dirigentes fueron, con otros, los máximos responsables del crimen relatado.

(«La causa General». Páginas 177-178)

«Les encerraron y les montaron en el tren simplemente por ir a misa o llevar encima el diario ABC, a ver si eso lo investiga Garzón, que son sus paisanos», ha dicho el señor que ha llamado a «Alto y Claro».

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