César Vidal: «Con un historial semejante, se supone que Garzón debería procesar a no pocos de los mandos de la UGT»

Baltasar Garzón y César Vidal
Baltasar Garzón y César Vidal

«El último disparate del que tengo noticia es que la UGT ha solicitado ser parte acusadora en el procedimiento contra uno de los bandos de la guerra civil y el régimen de Franco. Para colmo, el viaje de Cándido Méndez a la Audiencia Nacional ha sido en el mismo día en que hemos sabido que, gracias al gobierno de ZP, cada día cerca de tres mil españoles se están quedando sin trabajo«.

El historiador César Vidal saca los colores en su columna de La Razón al líder de UGT recordándole el pasado de este sindicato:

El episodio podría resultar cómico de no ser porque entraña un grado de desfachatez y de cinismo verdaderamente abrumador. La UGT no fue nunca, a diferencia, por ejemplo, de las trade unions británicas, un sindicato democrático. Tampoco aspiró a ello. Durante la monarquía parlamentaria, se las arregló -por ejemplo, en 1917- para erosionar el sistema en un intento de aniquilarlo e implantar la ansiada dictadura del proletariado. Con todo, su edad dorada coincidió con la Segunda República.

Desde 1931, aprovechó la presencia en el poder del socialista Largo Caballero para intentar triturar a otro sindicato obrero, la CNT, cuyo principal pecado era no someterse al PSOE.

Luego en octubre 1934, intervino en el alzamiento armado de nacionalistas catalanes y socialistas contra el gobierno legítimo de la República. Sus asesinatos y saqueos en Asturias provocaron que, por ejemplo, el abuelo de ZP reprimiera a sus afiliados con una dureza que sólo conoceremos cuando aparezca entera su hoja de servicios. Pero la experiencia de 1934 no sosegó a la UGT.

En 1936, durante la primavera trágica, sus gentes ocuparon fincas y negocios y se prepararon para una revolución que acabó estallando con toda su fuerza en el mes de julio. De nuevo, la UGT se manifestó en toda su pujanza. En sus checas, detuvo, torturó y asesinó. Pero además se permitió adoptar medidas que ahora se denominarían «progresistas». Por ejemplo, se apoderó «manu militari» de los pisos de alquiler en Madrid, no para entregarlos a los inquilinos sino para cobrar de éstos las rentas que debían entregar a sus legítimos propietarios. Fue uno de tantos episodios de expolio socialista enmascarado en el supuesto beneficio de los obreros. Durante la dictadura de Franco, la UGT brilló por su ausencia.

Salvo algún episodio aislado, no existió de la misma manera que no existió un PSOE empeñado ahora en inventarse un historial de lucha anti-franquista que nunca se dio. Eso sí. Durante estas tres décadas, la UGT ha sido protagonista de algún escándalo de cooperativa inmobiliaria de esos que hacen llorar a millares de trabajadores y ha recibido una cantidad descomunal de subvenciones a cuenta de un patrimonio histórico sobre el que habría mucho que hablar. Eso sin contar con el dinero de nuestros impuestos -estemos o no afiliados- que permite vivir a sus millares de liberados, ésos que ni siquiera aparecen en las celebraciones del 1 de mayo.

Y concluye el locutor de la Cope:

Con un historial semejante, se supone que Garzón debería procesar a no pocos de los mandos de la UGT que se alzaron contra gobiernos legítimos o que asesinaron y robaron a mansalva. Pero no sé por qué me da a mí en la nariz que no va a ser así.

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