Alejandro Gándara: «Vemos los días como unidades inferiores esperando el fin de semana para servirnos nuestra ración de cocaína»

Alejandro Gándara: "Vemos los días como unidades inferiores esperando el fin de semana para servirnos nuestra ración de cocaína"

Miguel Pato y Tatiana R. Brito (PD).- “El día de hoy” (Ed. Alfaguara) es su nuevo libro. Relata de cuantos matices está hecho un día, hasta el más insignifica cómo en un día la vida puede dar un vuelco, para bien o para mal.

Para Alejandro Gándara los días están llenos de una música que nadie se detiene a escuchar pero que está presente.

“La música de los días es difícil de escuchar. Es la de las cosas que van sucediendo, la del rumor que se nos mete en el cuerpo, la de nuestros temores, la de los deseos satisfechos y los insatisfechos. Es todo eso que al final del día queda como una sensación acústica”.

Y es que para el autor, el ser humano no se concentra en el presente y por eso los días le pasan con la sensación de que está viviendo lo mismo permanentemente

“Somos seres imaginarios y poco contemporáneos, es decir, con el momento presente tenemos muy poco trato. Vemos los días como unidades inferiores esperando la llegada de las vacaciones, del fin de semana, de la fiesta para servirnos nuestra ración de cocaína”.

La atención al día a día podría liberar al ser humano de sus temores afirma Alejandro Gándara

“El miedo procede de pensar en el cumplimiento o fracaso de nuestros deseos, no de lo que está pasando en el instante. Tenemos miedo de cosas que no nos han sucedido. El momento puro podría quitarnos todos los miedos porque podemos relacionarnos con ellos”.

El tema central de esta novela es la relación de un padre y su hijo a lo largo de un día, hora tras hora. Parece un día normal, pero el padre quiere un cambio en su vida

“El padre quiere un cambio, pero en un sentido doloroso. Ahí entra la relación padre e hijo. No es bueno lo que quiere hacer con el hijo pero trata de sobreponerse a ello mediante una estrategia que, desde luego, no cumplirá ni de lejos”.

Esta relación entre los protagonistas se ve alienada por el teatro que tiene el padre construido de cara al niño.

“El padre interpone un drama entre el niño y él. Tiene que dar al niño un escenario que no le cause más problemas que le los que ya tiene”.

Alejandro Gándara confiesa que el escribir una novela es un trabajo arduo, pero que si alguien tuviera que escribir una novela acerca de un día de su vida la tarea sería todavía más dura

“Si tuviéramos que escribir sobre un sólo día de nuestra vida estaríamos toda la vida escribiendo por todo lo que tiene el día”.

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