Carlos Dávila: «La Voz de Galicia no se atrevió a publicar las fotos de Quintana en el yate»

Carlos Dávila: "La Voz de Galicia no se atrevió a publicar las fotos de Quintana en el yate"

(PD).- «Antes de que el periplo marítimo de Quintana lo publicara Lanacion.es y Época, esas fotos estuvieron en poder de La Voz de Galicia y no las publicaron; y 24 horas antes de las elecciones, El Correo Gallego llegó a decir que esas fotos eran de hace cuatro años». Con esta afirmación, Carlos Dávila escenificaba perfectamente el día a día del pesebre mediático que afanosamente se ha preocupado en organizar el bipartito durante estos últimos cuatro años. Pero ahora las tornas han cambiado y los editores se preguntan si Feijóo se atreverá a tocarles las subvenciones. «Esto viene desde Fraga», deben pensar para tranquilizarse.

Tras las elecciones de 2005, Touriño se vio cautivo de sus propias promesas electorales. La ley de transparencia, anunciada a bombo y platillo durante la campaña, obliga a publicar una relación actualizada de las líneas de ayuda o subvenciones que se convoquen. Es decir, el pesebre mediático quedaba al descubierto.

Se ha sabido gracias a los datos publicados en el Diario Oficial de Galicia (DOGA) que la corporación Voz de Galicia, Editorial Prensa Ibérica y Editorial Compostela son los grupos que más se han beneficiado de las ayudas hasta alcanzar los 3.637.220 euros; 2.046.214 millones en concepto de ayudas y 1.591.006 euros en convenios.

Así, y hasta completar los 5.354.555 millones de euros en ayudas, se han beneficiado también El Progreso, El Diario de Pontevedra, El Ideal… nadie se ha quedado fuera de la ‘generosidad’ de Pérez Touriño y sus socios nacionalistas.

Claro que tampoco se han salvado de la contrapartida. Cuatro años dándole cera al PP son demasiados para olvidarse de un plumazo y catorce cabeceras son demasiadas para apenas tres millones de gallegos. Ante el temor que Feijóo cierre el grifo de las ayudas estatales, los diarios ha comenzado a cambiar el tono.

En La Voz de Galicia ya se empieza a discernir cierta condescendencia con el PP, otrora inexistente. El propio subdirector de La Voz, cuyo periódico no se atrevió a criticar la imposición lingüística del bipartito, destacaba la derrota electoral como «el desencuentro entre dos formas dispares (PSOE y BNG) de entender el país y por el empeño del Bloque en usar denominación que no reconoce como propia más del 70% de la población».

El redactor en Madrid de este mismo periódico alaba también la capacidad de Núñez Feijóo y su capacidad para romper todos los «tópicos y mitos esculpidos por gurús de dudosa reputación y aceptados por todos».

Los líderes del BNG y el PSdeG no entendieron el compromiso que supone formar un Gobierno bipartito. Y lo que formaron fueron dos gobiernos paralelos. Y así, en lugar de sumar, restaron. Los gallegos les han hecho la resta y el resultado es que más tarde o más temprano uno y otro estarán políticamente jubilados. De modo que el líder del PP afrontará esta legislatura con mayoría absoluta y con dos novatos al frente de los dos partidos de la oposición.

Feijoo emerge de las elecciones de este domingo como una figura de primer orden en el PP nacional con la que todos, incluido Rajoy, deberán contar a partir de ahora para todo en el partido.

El Correo Gallego le sigue la tónica. Escribe Demetrio Peláez en las páginas de opinión que «los datos están ahí y son bien claritos: el PP, en Santiago, superó este domingo en votos a la suma obtenida por PSdeG y BNG, y eso quiere decir algo»

Quiere decir bastante. De hecho, Bugallo, que no tiene un pelo de tonto, a buen seguro ha tomado muy buena nota de esos resultados en teoría no extrapolables e intentará imprimir mucho más brío a su gestión, poco vendible en los últimos meses debido a retrasos desesperantes en obras muy importantes para la capital gallega.

En el mismo diario, Luis Pousa destaca el trabajo de Touriño y su dimisión para apuntar el ventilador hacia sus socios nacionalistas.

La factura de la guerra lingüística la han pagado los socialistas. En ese sentido, la maniobra política de Feijóo le ha servido para conjurar el peligro de que la marca de Rosa Díez le pudiera meter un mordisco en el electorado popular y, al mismo tiempo, transferirle el problema a Emilio Pérez Touriño.

Donde no hay demasiadas palabras de felicitación a Feijóo es en el Faro de Vigo quienes, bien por gratitud hacia Touriño o por el rechazo al PP, creen que el ex presidente gallego «ha puesto punto final a su carrera política al máximo nivel».

El gesto del presidente de la Xunta en funciones le honra. Primero porque hizo lo que en este país no hace casi nadie, que es asumir responsabilidades y, segundo, por obrar en consecuencia cuando los resultados son los que fueron el 1–M.

Es verdad que su señoría admitió fallos en el trato de la res pública e insistió en lo que ahora parece motivo principal de lo ocurrido, que fue la formación misma del bipartito. Pero eso no resulta justo con sus hasta ahora socios, que padecieron un fuerte desgaste también, ni prudente cara al inmediato futuro, porque hay muchos municipios gallegos gobernados con la misma fórmula que se denuncia ahora y que podrían pagar las consecuencias. Con grave daño para sus habitantes, por cierto.

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