Enric Sopena va de «plural» pero censura hasta a Carlos Carnicero

Enric Sopena va de "plural" pero censura hasta a Carlos Carnicero

(PD).- La cabra tira al monte. Mucho predicar «pluralidad», pero a la hora de la verdad Enric Sopena censura que es un primor. Lo vimos el otro sábado en La Noria, donde casi salta encima de María Antonia Iglesias, cuando a su «pareja de baile» en los debates televisivos se le ocurrió decir que la ministra Chacón había metido la pata hasta el Corvejón en Kosovo y acaba de sucederle a Carlos Carnicero.

El histórico Carnicero, que sigue de tertuliano en la Cadena SER y sacude sin remilgos al PP, debió mosquearse un poco cuando descubrió que su tercera entrega de «Internet, autocrítica y sectarismo«, no aparecía en la portada de El Plural, el online filozapaterista que dirige Sopena y financian al alimón La Caixa y Repsol.

Desde sus orígenes, hace aproximadamente cuatro años, lo que Sopena y los suyos bautizaron como «Periódico Digital Progresista«, destaca en su primera página el artículo del señor director y justo debajo, siempre que escribe, el «zumbido» de Carnicero.

Y de repente, nada. La columna de Carnicero desaparece, durante dos días no saben nada de él y cuando resurge ya no está destacado arriba, visible en el primer scroll, sino en el «mogollón», como uno más.

La súbita defenestración de Carnicero llegó justo cuando el periodista, que ya no se casa con nadie, estaba La verdad es que Carnicero llevaba dos días cosechando un notable éxito de público y crítica, gracias a una serie de artículos sobre las limitaciones del zapaterismo imperante.

En el primero, que desató un aluvión de comentarios en la Red, soltó cosas como:

«Zapatero entiende la discrepancia como una ofensa. Quien no piensa como él está frente a él. Por eso está tan sólo, rodeado de mediocres en un Gobierno en el que está escondido Alfredo Pérez Rubalcaba y con ganas de salir corriendo Pedro Solbes […] El zapaterismo, como ideología dominante en el PSOE, está engendrando unas criaturas supuestamente progresistas que han hecho de la adoración al líder un credo irrenunciable: el líder, por el hecho de serlo, no se equivoca nunca. Y quien lo critique es su enemigo. Pero la realidad es así de sencilla: no se puede culpar a los seguidores por los postulados del profeta porque sólo cumplen los prefectos establecidos en la cúpula del poder».

El segundo, premonitorio, concluía así:

«Quienes ejercemos la crítica en las ocasiones que no los dicta nuestro saber y entender, somos sencillamente traidores. Hay una jauría organizada en Internet para desacreditar a quien no aplauda todos y cada uno de los gestos del Gobierno, porque entienden la acción política como mera propaganda y la militancia como adhesión acrítica a un proyecto del que no esperan explicaciones sino consignas».

Al final de está pieza, el autor colocaba un esperanzador «continuará», pero no hubo continuación.

Sopena, que es quien manda, hace y deshace en El Plural, aplica la táctica del chequista: estás en la secta a pies juntillas o te vas al fuego del infierno expulsado del paraíso rojeril.

Hemos tardado en localizar la tercera entrega de «Internet, autocrítica y sectarismo (III)«, porque tardaron en sacarla y la escondieron abajo, pero la hemos encontrado.

A quien también hemos localizado es a Carlos Carnicero. La pena es que anda por Buenos Aires y todavía no contesta al teléfono. Esperemos que lo haga y nos explique el entuerto. Sopena, por su parte, ha matizado que Carnicero lleva colaborando en El Plural desde que éste empezó y que «todo lo que ha enviado se ha publicado sin modificar ni una coma».

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