La alta traición de Ignacio Villa, según Losantos

La alta traición de Ignacio Villa, según Losantos

(PD).- La sintonía era perfecta. Losantos presumía de «poder escuchar la COPE a cualquier hora del día». Ignacio Villa al mediodía, Cristina por la tarde y César Vidal por la noche,… La primera en descolgarse fue Cristina. Su desacuerdo -siguiendo las tesis del Vaticano- con la guerra de Irak minó la relación. El siguiente ha sido Villa que, para más inri, parece ser el llamado a sustituir a Losantos al frente de «La Mañana». Y Federico se siente traicionado. ¿Se lo hará pagar? Ya sólo le queda Vidal, fiel escudero en busca ambos de una Ínsula Barataria hertziana que les acoja.

Federico Jiménez Losantos es -era- el líder. Al frente del programa más importante, tanto en oyentes como en publicidad, de la emisora de los obispos marcaba la línea del resto de programas en los planteamientos fundamentales. Pero llegó la guerra de Irak, y Cristina López Schlichting se desmarcó, y se posiciono, junto a la Iglesia Católica, firmemente en contra. Poco a poco Losantos la fue apartando de su programa. Ella, con el tiempo, no dudaba en reconocer:

«Yo no soy la apuesta de Federico para la tarde».

El hecho de que uno de los tertulianos del programa de Cristina, Alfonso Coronel de Palma, ascendiera a presidente de la emisora cubrió la espaldas de la periodista, que se sintió más libre que nunca para marcar su propia línea en su programa. Además, su defensa a ultranza del ideario católico la ha hecho ser acreedora del aliento de los prelados. Los datos de audiencia, para más inri, le avalan.

El idilio con Ignacio Villa duró más. Pero a finales del año 2008 se comenzó a deteriorar la relación. Hasta octubre o noviembre, el director de Informativos de la cadena COPE atizaba sin consuelo al Partido Popular de Rajoy –incluso publicó un libro sobre el Congreso Nacional de Valencia siguiendo a pies juntillas las mismas tesis que defiende Jiménez Losantos en su programa-. Pero, una vez pasada la polvareda, el periodista centró sus ataques en el Partido Socialista y en el nacionalismo, y suavizó la crítica al «nuevo PP». Comenzaba el deterioro.

Poco a poco Villa fue apartándose de la línea trazada por Losantos, hasta tal punto que, de la noche a la mañana, le hizo desaparecer de su tertulia. Segunda víctima de la casa.

Ignacio Villa, desde entonces, se sintió más libre para hacer y deshacer según su leal saber y entender, sin tener tan en cuenta cómo iba a reaccionar el líder de las mañanas por sentirse desobedecido.

El culmen de esta ofensa, según Losantos, llegó con las elecciones vascas y gallegas. Uno hizo de su programa un continuo ataque al Partido Popular -Losantos-, mientras el otro creía que era una oportunidad de oro para desalojar a socialistas y nacionalistas del poder, y que tratar de desgastar al PP no era la estrategia. Tan es así que mientras uno se afanaba en darle publicidad a las manifestaciones a favor del bilingüismo en Galicia, Ignacio Villa trataba de frenar la redimensión exagerada, ya que éstos criticaban también la gestión del Partido Popular en cuestiones lingüísticas. Creía Villa que no era el momento de andarse con rencillas. Eran árboles; lo importante era el bosque nacionalista-socialista.

Y la relación fue a peor, a peor, a peor… Un hecho que evidencia esto es su defenestración del diario de Losantos en Internet. Ignacio Villa se había convertido en una firma clave en Libertad Digital. Desde el 17 de febrero no estampa su nombre en un artículo. La última vez que Villa apareció en La Tertulia de LDTV, programa de debate que conduce Dieter Brandau, fue el pasado 17 de marzo.

Para rematar… La salida de Losantos de la emisora está ya anunciada, y suenan con fuerza los tambores de que será el propio Ignacio Villa el que se sentará en el asiento de Losantos. El periodista turolense, que lleva 18 años en la casa, se siente traicionado por su antiguo amigo. Los que le conocen dicen que Federico ni perdona ni olvida. Y no esconde que piensa que el comportamiento de Villa ha sido de alta traición.

A Losantos ya sólo le queda César Vidal. Dice en su blog:

«Evidentemente, en lo temporal y en lo ético, la respuesta de César está condicionada por la mía; y la mía por la de César, así que espero que las demos conjuntamente, sin más dilación que la necesaria para estudiar dos contratos complejos y muy diferentes; y dos situaciones distintas en lo laboral aunque idénticas en lo moral».

Confía en que Vidal no le traicione. Nada parece indicar que lo vaya a hacer. Aunque, ¿y si César Vidal decide continuar llevando La Linterna? Alta traición.

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