Censura, represión, cinismo y olvido en el aniversario de la masacre de Tiananmen

Censura, represión, cinismo y olvido en el aniversario de la masacre de Tiananmen

(PD).- Hace exactamente veinte años un inmenso despliegue militar con carros de combate y decenas de miles de soldados irrumpió en la plaza de Tiananmen de Pekín para disolver una concentración pacífica de estudiantes que había levantado allí un campamento para demandar mayor democracia y respeto a los derechos humanos.

Las tropas acabaron rápidamente a tiros con aquella primera y última gran protesta contra la dictadura china habida desde la consolidación del régimen de Mao Tse Tung.

Al menos la mayor de la que ha habido noticias e imágenes -¡tremendas imágenes!- en el exterior de China. Porque no hay que ser un experto sinólogo para saber que a lo largo de su milenaria historia pero, desde luego durante el comunismo maoísta, se produjeron allí matanzas de civiles que reducen casi a pequeña anécdota sangrienta la tragedia de Tiananmen.

Allí murieron, según las autoridades, tan solo 300 personas, según fuentes de una oposición hoy casi inexistente, fueron 3.000.

En todo caso se trata de cifras que se han superado con creces en operaciones de represión, en desplazamientos forzosos de población e incluso como bajas de accidentes laborales en las monumentales obras civiles que desde los años sesenta construye el régimen.

Como explica Hermann Tertsch en ABC, durante todos estos años, retornada la calma de las bayonetas y la policía política, y acalladas las protestas de los discrepantes, en Occidente se ha impuesto en general la teoría de que en China y ahora también en Rusia, a nosotros nos conviene un régimen cuyas dos máximas prioridades sean el orden y la garantía de los suministros de sus exportaciones.

CENSURA DE PRENSA

El Club de Corresponsales Extranjeros en China (FCCC) ha condenado las restricciones que muchos reporteros han sufrido al intentar cubrir el vigésimo aniversario de la matanza de Tiananmen, ocurrida en la noche del 3 al 4 de junio de 1989.

En un comunicado, FCCC citó como ejemplo la expulsión de al menos cuatro televisiones extranjeras que intentaron grabar imágenes en la plaza pequinesa que da nombre a la masacre, perpetrada por el Ejército chino y en la que murieron entre 400 y 2.000 manifestantes.

Además, un reportero sufrió agresiones cuando intentaba entrevistar a madres de las víctimas de la matanza, hechos todos ellos que, según FCCC, violan el espíritu de la regulación que China aplica a los periodistas extranjeros.

Por otro lado, se han registrado, como en otras ocasiones, cortes de emisión en canales como la británica BBC o la estadounidense CNN cuando se mencionó la matanza en sus informativos.

«Por tercera vez este año, las promesas de apertura a los medios se han visto comprometidas por un aniversario políticamente sensible», destacó el presidente de FCCC, Jonathan Watts, refiriéndose también a las dificultades que hubo para cubrir el primer aniversario de las revueltas en el Tíbet (marzo) y el terremoto de Sichuan (mayo).

Watts pidió a las autoridades chinas que «permitan a los periodistas hacer su trabajo y dejen de intimidar a los ciudadanos chinos que ejercen su derecho constitucional a expresar sus opiniones a los reporteros».

La matanza de Tiananmen, que acabó con siete semanas de protestas estudiantiles en las que se pedían mejoras democráticas -en una época en la que cayeron muchos regímenes comunistas- ha sido hoy totalmente olvidada por los medios chinos, que en veinte años han nombrado en muy contadas ocasiones aquel suceso.

Historia de una foto: el hombre del tanque

Por Marga Zambrana (Agencia EFE)

Una imagen dio la vuelta al mundo hace dos décadas: la de un hombre impávido plantado frente a una columna de blindados en la avenida pequinesa de Chang’An, en una conmovedora protesta individual horas después de que cientos de jóvenes murieran bajo las cadenas de oruga y los proyectiles de esos acorazados.

La imagen fue captada el 5 de junio de 1989 por al menos tres fotógrafos desde los balcones del Hotel Beijing, junto a la plaza de Tiananmen: los estadounidenses Jeff Widener, para la agencia Associated Press (AP), Charlie Cole, para la revista ‘Newsweek’, y el británico Stuart Franklin, de Magnum, para la revista ‘Time’.

«El hombre solitario me va a fastidiar la composición de la foto», pensó Widener, de 52 años, antes de congelar la gesta del desconocido, según explicó a Efe en una visita a Pekín.

Las cadenas televisivas CNN y BBC captaron también a aquel joven un poco melenudo, que parecía venir de la compra y que de pronto afrentó al tanque, le cortó el paso y se encaramó a su torreta para hablar con el soldado de dentro, hasta que tres hombres se lo llevaron y fue engullido para siempre por la Historia.

En la foto de Widener, el chino más buscado por los corresponsales en cada aniversario de la matanza lleva una bolsa y una chaqueta en la mano izquierda, y en el ángulo inferior derecho se ve parte de una farola de Chang An, la avenida de la ‘Paz Eterna’.

Era mediodía. «Cuando los tanques entraron en Chang An, esperaba que dispararan a ese hombre, pero no lo hicieron. Recuerdo que le dije a Kurt, ‘este tipo está loco, lo van a matar'».

Kurt, o Kirt, recuerda, fue el estudiante americano que le dejó usar su habitación, en la sexta planta, y que, burlando la presencia policial, consiguió llevar el carrete de Widener, oculto en su ropa interior, hasta la oficina de AP: «No he vuelto a saber nada de él. Me gustaría agradecer lo que hizo, porque sin su valiente ayuda el mundo nunca habría visto la foto».

Desde la noche de la matanza, Widener, entonces editor para Asia en Bangkok, había tenido problemas: se quedó sin baterías para su flash justo al empezar los disparos, y una piedra perdida lo golpeó en la cabeza dejándolo conmocionado durante más de un día. Widener gesticula al recordar el dolor, el espanto y los muertos.

Ya en la ventana del hotel, «para mi horror, noté que la velocidad de obturación era demasiado baja para una lente de 800 milímetros. Me arriesgué a correr hacia la cama para cambiarlo y obtener una imagen más ajustada. Pero olvidé que la velocidad de la película era de menos de 100 ASA (índice fotográfico que mide la sensibilidad de la película), y no los 800 ASA de siempre».

«La mayoría de periodistas se equivocan con eso, algunos dicen que la exposición era errónea. De hecho, era perfecta. Pero asumí que era seguro disparar en 1/250 (velocidad de obturación de la fotografía, calculada en fracciones de segundo)… y no 1/30. Es un milagro que la foto se vea nítida. Sólo disparé tres veces», recuerda Widener, a quien todavía le escuece que esa foto no le diera el Pulitzer de 1990, para el que quedó finalista.

Mejor fortuna tuvo la de Charlie Cole, ya que la imagen le valió un World Press Award en el 89. «Tomé la foto con una Nikon y una lente de 300 milímetros, desde un balcón que estaba muy lejos, a unos 200 metros de la escena», desde la habitación de Stuart Franklin, en la octava planta del hotel, explicó a Efe Cole, de 54 años.

Después de haber dispersado a la gente que había regresado a la plaza esa mañana, una columna de 25 tanques avanzó por la avenida. «Stuart y yo estábamos disparando hombro con hombro, y de la nada apareció ese joven, con una chaqueta en una mano y una bolsa en la otra, y se puso delante de los tanques. No podía creerlo. Pero seguí disparando convencido de que lo iban a matar. Para mi asombro, el tanque se detuvo».

La foto de Franklin tiene un campo de visión más amplio e incluye un autobús calcinado al fondo. Luego, explica Cole, anticipándose a la Policía, que la noche anterior lo asaltó con una picana eléctrica en la recepción del hotel, escondió los carretes en la cisterna del váter.

En cuanto a la suerte del hombre del tanque, que algunos medios llegaron a identificar como un tal Wang Weilin, el tejano asume que se lo llevó la Policía secreta y fue ejecutado. Aunque otras fuentes señalan que, de ser así, el Gobierno habría dado una publicidad ejemplar a su ejecución, negada por el presidente Jiang Zeming.

«Él creó la imagen, yo sólo tomé la foto», explica Cole, quien subraya que la actitud de ese joven conmovió al mundo: «Me sentí honrado por estar allí».

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