La historia, los secretos, los vicios y las virtudes de los corresponsales

REPORTERO DE GUERRA: El Español Tranquilo (LXXVI)

Saber estar donde ocurre la noticia, observar, preguntar, comprender y relatar

REPORTERO DE GUERRA: El Español Tranquilo (LXXVI)
Javier Espinosa recibido por su hijo, en el aeropuerto madrileño de Cuatro Vientos, tras 194 días de cautivero en manos de los fanáticos islamistas, en Siria. EM

Hace ya algún tiempo que germina en las redes sociales un foro de reporteros conocido como el Club de los Buitres.

Deben ese extraño y chocante nombre a Joao Silva, el fotógrafo de The New York Times que perdió las piernas alcanzado por una mina en Afganistán en 2010 y que a propósito de la percepción que mucha gente tiene de los reporteros de guerra, como tipos prestos a aprovecharse del dolor ajeno a cambio de dinero, fama o reconocimiento profesional, escribió dolido:

«Desde fuera es fácil que nos tomes por buitres, cuando nos ves caminando entre charcos de sangre y cadáveres para captar esa imagen perfecta… No es así».

¿Dinero? Algunas crónicas desde el frente se pagan estos días a 70 euros frente a los 70.000 que puede reportar agazaparse frente al apartamento de un famoso a la espera de su amante secreta.

¿Celebridad? Lejos quedan los tiempos en los que se podía buscar en guerras que cada vez importan menos, durante menos tiempo, a menos gente.

¿El simple afán de reconocimiento profesional, entonces? Tampoco. Y el ejemplo vivo es Javier Espinosa, quien 2013 era ya un reportero consagrado, padre de familia y con un puesto espléndido en ‘El Mundo’, y regresó una y otra vez a Siria porque consideraba una obligación moral informar de lo que ocurría en aquel infierno.

Javier Espinosa.

Fue secuestrado por fanáticos del DAESH en la localidad de Tel Abyad, ubicada en la provincia de Raqqa, mientras se dirigía a la frontera con Turquía para abandonar el país.

Junto a él fue capturado el fotógrafo freelance Ricardo García Vilanova y ambos permanecieron 194 días en manos de los fanáticos islámicos, que decapitaron a alguno de lo reporteros extranjeros a los que tenían prisioneros con ellos

De un periodista, como escribe Enric González, se esperan honestidad e información rigurosa. En ciertas situaciones, cumplir con ambos requisitos resulta muy difícil porque exige riesgo, penuria y una capacidad extraordinaria para digerir tragedias.

Niños asesinos del Estado Islámico, ejecutando en masa soldados prisioneros.

Esa es la especialidad de Javier Espinosa, que nació en Málaga en 1964, pero ha vivido en Madrid, los pocos ratos que no ha estado dando tumbos por el mundo.

La frialdad de Espinosa ante el peligro puede resultar asombrosa, pero su gran mérito ha consistido, a lo largo de tres décadas, en atenerse a las reglas del oficio: estar donde ocurre la noticia, observar, preguntar, comprender y relatar. Siempre tranquilo y a menudo silencioso.

Yo coincidí con él por primera vez en Sudáfrica en abril de 1994. Fue con motivo de las elecciones por sufragio universal, que consolidaron el fin del régimen del apartheid y el ascenso al poder de Nelson Mandela.

Nelson Mandela.

Me llamó la atención que, a diferencia de la inmensa mayoría de los enviados especiales españoles, era capaz de trabajar en solitario y de aventurarse en lugares y con gentes a los que otros ni se aproximarían.

Por entonces, Espinosa se había establecido temporalmente en Johannesburgo y tenía ya carrera a sus espaldas, pero a duras penas y por cuatro perras lograba publicar reportajes en ‘El Mundo’.

Guerrilleros mexicanos en Chiapas.

Se había licenciado en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid,  colaborado en diarios de Tenerife, la isla donde vivió su infancia y su juventud, pasado casi un año en Londres para aprender inglés y cubierto, para ‘El Independiente’ y ‘Época’, la Guerra del Golfo y la Guerra de los Balcanes.

En vacaciones, viajaba a lugares en conflicto como Angola o Mozambique. Tras su experiencia africana, en la que marcó ya diferencias, logró que Pedrojota Ramírez -que en ‘El Mundo’, como había hecho antes en ‘Diario 16’ y hace ahora en el online ‘El Español’, lo decidía todo, hasta lo más nimio- accediera a enviarle a México, desde donde informó sobre el fenómeno zapatista y realizó viajes a Haití, durante la intervención estadounidense, y al enésimo conflicto fronterizo entre Ecuador y Perú.

El vergugo del ISIS ejecuta uno tras otro prisioneros ‘infieles’.

Luego se estableció en Marruecos como corresponsal de ‘El Mundo’, para encargarse de África. Acudió a la atroz guerra civil en Sierra Leona y, en enero de 1999, fue secuestrado por una de las bandas.

Su relato personal de aquellos tres días de cautiverio fue muy típico de él: contó que el Coronel Mosquito le ofrecía cerveza y porros de marihuana.

Niños asesinos en la guerra civil en Sierra Leona.

A su regreso, en las entrevistas, hablando de su labor, se limitó a decir que su tarea como reportero consistía en «provocar la indigestión en las conciencias bien alimentadas de occidente».

Y hablando del reguero de cadáveres de adolescentes, mujeres y niños mutilados en las cunetas de Sierra Leona, a la pregunta de si el horror podía todavía aumentar, sentenció rotundo: «Hasta el infinito».

Lo siguiente fue Oriente Próximo como corresponsal en Jerusalén. Más tarde se instaló en Beirut, con toda la familia.

La reportera Marie Colvin.

Espinosa estaba en el improvisado centro de prensa de la localidad de Homs, bajo los bombardeos del ejército sirio, el 22 de febrero de 2012, cuando un obús disparado por las fuerzas del presidente Bashar Asad acabó con la vida de Marie Colvin, una veteranísima corresponsal de guerra británico-norteamericana, y de Remi Ochlik, fotógrafo francés.

Los periodistas Marie Colvin y Remi Ochlick.

El proyectil no mató a Javier porque éste no había cruzado aún el umbral. Un muro salvó su vida.

Logró escapar de Homs en una larga carrera nocturna, bajo intensos tiroteos y volvió una y otra vez a Siria, hasta que los fanáticos islámicos lo pusieron en su mira y lo secuestraron.

En su vesania, los facinerosos del Estado Islámico llegaron en aquellas fechas a atrapar y meter en sus siniestras mazmorras a periodistas y miembros de organizaciones humanitarias de 11 nacionalidades diferentes.

Uno de los verdugos británicos del ISIS.

Fue un plan, orquestado por yihadistas europeos entre los que destacaron tres criminales británicos apodados ‘The Beatles’, en el que los fanáticos atraparon a reporteros de EEUU a Rusia, Francia, Inglaterra o España, en provincias como Alepo, Latakia, Hama y Raqqa, para concentrarlos en una prisión que pretendían que fuera un remedo del polémico penal estadounidense de Guantánamo.

El secuestro masivo concluyó con la decapitación de seis de los cautivos y la muerte en un supuesto bombardeo -según anunció el propio IS- de otra rehén, la estadounidense Kayla Mueller.

un matarife islámico, exhibiendo las cabezas decapitadas de su prisioneros.

La joven cooperante, que falleció tras pasar un año y medio secuestrada, fue violada en repetidas ocasiones por el máximo líder de la organización terrorista islámica, Abu Bakr al Baghdadi, durante su cautiverio.

Carl y Marsha Mueller, sus padres, confirmaron en agosto de 2015 a la cadena estadounidense ABC News que funcionarios estadounidenses dedicados a la lucha antiterrorista les han dicho que su hija, quien habría cumplido 27 años, fue víctima de reiteradas agresiones sexuales por parte del líder de Estado Islámico.

«Se nos dijo que Kayla fue torturada y que era propiedad de Al Baghdadi».

Abu Bakr al Baghdadi violaba repetidamente a la muchacha, llegada a Siria con la ilusión de ayudar a los refugiados de la guerra (La hija y el hermano del cooperante decapitado: «Ayudaba a todos, sin importar su raza o religión»).

La cooperante estadounidense Kayla Mueller.

Al Baghdadi llevó personalmente a la trabajadora de ayuda humanitaria secuestrada a la casa de Abu Sayyaf, un tunecino que se encuentra a cargo de los ingresos del grupo yihadista derivados del petróleo y del gas (El ‘EI’ asegura que llenará «las calles de París de cadáveres» en un nuevo y espeluznante vídeo).

El líder terrorista visitó regularmente la casa de Sayyaf y agredió sexualmente en varias ocasiones a Mueller (El vídeo que ‘demuestra’ que las ejecuciones del EI… ¡son montajes grabados en un estudio de cine!).

Estado Islámico anunció la muerte de Mueller a principios de febrero de 2015.

El paranoico Al Baghdadi.

Según informó la milicia, la cooperante norteamericana perdió la vida por un bombardeo de la aviación jordana, que colabora junto a Estados Unidos en la coalición militar creada para combatir el terrorismo yihadista ([Vídeo] El terrorífico día de colegio en las ‘juventudes hitlerianas’ del EI).

La versión no parece cierta y todo indica que la chica falleció víctima del maltrato.

Además de Espinosa, otros 14 periodistas fueron liberados, incluidos  dos cautivos españoles: Marc Marginedas, de El Periódico de Cataluña y el fotógrafo Ricardo García Vilanova.

Ricardo García Vilanova y Javier Espinosa.

Recuperada la libertad y un años después, Javier Espinosapublicó en ‘El Mundo’ un relato escalofriante en cuatro entregas cuya lectura estremece:

En julio de 2015, se repitió la pesadilla. Tres jóvenes periodistas españoles -Antonio Pampliega, José Manuel López, y Ángel Sastre- ‘desaparecieron‘ en Siria.

La última vez que se tuvo contacto con ellos fue el 12 de julio. Se encontraban en la ciudad de Alepo, al norte del país, bajo control del Frente Al Nusra, la filial siria de Al Qaeda.

Antonio Pampliega, José Manuel López, y Ángel Sastre.

El Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación no quiso hacer ningún comentario y se limitó a señalar que está «al corriente de la situación» y «trabajando en el asunto«.

Los tres reporteros, que trabajaban como freelance, habían entrado hacía dos días al país procedentes de Turquía.

A la hora de escribir estas notas, transcurrido casi medio año, no se sabía nada de ellos.
Javier Espinosa ha recibido numerosos premios a su trabajo, y todos merecidos. La organización británica Action on Armed Violence le ha incluido en su lista de los 100 periodistas que cubren zonas de conflicto más influyentes del planeta.

Marc Marginedas.

Hay dos españoles en esa lista. El otro es Marc Marginedas, reportero bélico de El Periódico de Catalunya, quién también estuvo secuestrado durante cerca de seis meses en Siria.

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Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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