MOSCÚ SIN BRUJULA

 ‘Pravda’ encadenado (XXII)

 ‘Pravda’ encadenado (XXII)
Lenin leyendo el Pravda. PD

En el vestíbulo del diario Pravda -‘La Verdad‘- había un policía con gorra de plato y un gigantesco Lenin de mármol blanco.

El agente, un tipo hosco con nariz de boxeador, constitución de albañil y ojos de juez, requería la documentación a los visitantes.

Lenin se limitaba a mirar severamente, con el ceño de piedra fruncido, a todos los que entraban.

El sábado, 24 de agosto de 1991, ambos parecían disgustados y tenían variados motivos para estarlo.

En el tablón del fondo, donde habitualmente aparecían clavados los avisos y las convocatorias del PCUS, habían pegado un inmenso cartel donde decía:

«Debido a las dramáticas circunstancias que atravesamos, se insta a todo el mundo a acudir a trabajar con alma y corazón.»

 

Las «dramáticas circunstancias» eran de sobra conocidas. El día anterior, una vez consumada su arrasadora victoria sobre los golpistas y con Gorbachov en las cuerdas, Yeltsin había prohibido el Partido Comunista en Rusia.

«Los sábados no trabajamos, porque los domingos es el día de la semana que no sale el periódico», explicaba Vladimir Lubitski, uno de los miembros del antaño todopoderoso Consejo Editorial.

«Hoy, excepcionalmente, para dejar claro que nos negamos a perecer como periódico, hemos decidido venir a trabajar.»

Lenin y Stalin en la portada Pravda

Lubitski era un individuo alto y algo desastrado. Ese día llevaba zapatillas de tenis y continuamente se ajustaba el pantalón, se subía los calcetines y se abotonaba la camisa, como hace la gente acostumbrada a vestir formalmente cuando la sorprenden sin corbata y se siente incómoda.

Yeltsin había ordenado requisar los archivos comunistas, sellar sus locales y clausurar sus periódicos. El más importante de todos era Pravda, el órgano del Comité Central del PCUS, que por aquel entonces tiraba cotidianamente más de tres millones de ejemplares.

«No nos pueden acusar de haber respaldado al Comité de Emergencia. No publicamos un solo artículo en favor de los golpistas.»

El atribulado Lubitski hablaba en tono suplicante, sin hacer inflexiones, como si escuchara su propia voz grabada en una cinta magnetofónica.

«Tengo sobre la mesa más de setenta telegramas, ninguno de los cuales ha sido publicado.»

Babushkas haciendo trueque, para sobrevivir en la fase final de la URSS.

E inmediatamente, con gesto apesadumbrado, sin necesidad de que se le preguntase, puntualizaba:

«Es cierto que no nos manifestamos en contra, ni hicimos pública una abierta oposición. Ésa ha sido quizá nuestra principal falta.»

Aquello olía ya a cadáver periodístico.

«Tenemos 50 corresponsales en la URSS, 30 corresponsales fijos en el extranjero y más de 250 redactores en la plantilla de Moscú. Todos están poniendo todo lo que tienen dentro, trabajando a toda máquina, para seguir adelante».

Y repetía sombrío Lubitski:

«Con anterioridad a la intentona recibimos muchas presiones del sector conservador del PCUS y siempre nos resistimos a doblegarnos.»

 

Pravda celebrando el éxito del cosmonauta Gagarin

El cosmonauta Yuri Gagarin, Héroe de la Unión Soviética.

El conjunto de edificios con aspecto de factoría que componen el «Complejo Pravda» estaba el sábado desierto.

En las filas del PCUS, que dos meses antes contaba con 18 millones de militantes, cundía el desánimo más absoluto.

El propio Comité Central emitía lastimeros comunicados hablando de «caza de brujas» y prometiendo que la organización, que regía los destinos de la URSS desde hacía 73 años, estaba decidida a apoyar el proceso de reformas y de democratización «hasta el final».

«Son tiempos muy duros, muy confusos, en los que los más inseguros van a vacilar y huirán del barco, pero este partido y este periódico tiene demasiada historia detrás para ser borrado de un plumazo… sobreviviremos.»

Lubitski pronunció la última palabra en un murmullo, con voz de ultratumba y la mano ante la boca, como si le diera miedo que alguien pudiera escucharla. No era el único comunista embargado por temor aquellos días.

El cosmonauta Yuri Gagarin (1934-1968) fue el primer ser humano en salir al espacio exterior y orbitar la Tierra.

Semanas después, el redactor jefe Gennady Seleznyov vendió el diario fundado por Trotsky en Viena en 1912 y de 1918 a 1991 había sido el órgano oficial del Partido Comunista, a una familia de opulentos empresarios griegos, los Yannikosis.

El siguiente redactor jefe, Aleksandr Ilyín, entregó la cabecera, las medallas de la orden de Lenin y el nuevo certificado de registro a los nuevos y capitalistas propietarios.

En aquel momento se produjo una importante división en la dirección de Pravda. Más del 90% de los periodistas, abandonó su puesto de trabajo. Organizaron su propia versión del periódico, que fue clausurado después por presiones gubernamentales.

Estos mismos periodistas, dirigidos por los antiguos redactores como Vadim Gorshenin y Viktor Linnik, lanzaron en 1999 Pravda Online, el primer periódico en lengua rusa en Internet, del que existen versiones en inglés y portugués.

Erotismo y amor en la URSS.

El nuevo diario Pravda y Pravda Online no tienen ninguna relación, aunque los periodistas de ambas publicaciones mantienen el contacto.

El diario impreso Pravda tiende a analizar los acontecimientos desde una perspectiva izquierdista, mientras que el periódico electrónico toma a menudo un enfoque nacionalista.

Actualmente, el diario es propiedad del reducido y residual Partido Comunista de la Federación Rusa.

PD
Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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