EDITORIAL EN 'MÁS DE UNO' DE ONDA CERO

Alsina alerta de la nueva trola de Sánchez: «La consigna es echarle la culpa al sistema de que pueda haber candidatos que no salgan»

"Los líderes políticos de España, alabados sean, nos entretienen mareando la perdiz"

Alsina alerta de la nueva trola de Sánchez: "La consigna es echarle la culpa al sistema de que pueda haber candidatos que no salgan"

En el otoño de 2016 un dirigente político llamado Sánchez convirtió el veto en la piedra angular de su carrera política. No es no. Que significa: prohibido ceder. Nada que negociar. Permitir que gobierne el adversario es traicionar a quienes te han votado a ti. La exaltación del bloqueo como prueba de coherencia.

Sobre esa base construyó su leyenda y su innegable éxito personal: un año después gobernaba sin oposición el PSOE, dos años después gobernaba España. Los demás dirigentes aprendieron de él: el veto daba rédito. Hoy Sánchez es víctima del éxito de Sánchez. Recoge el fruto de lo que sembró. Los líderes políticos de España, alabados sean, nos entretienen mareando la perdiz. Improvisando. Aireando ocurrencias. Enredando.

Han decidido que se pueden pasar todo el verano tomándonos el pelo.

El capitulito de ayer. Cuarenta y ocho horas después de estar reunidos, mano a mano, cheek to cheek, Pedro y Pablo, va Sánchez a desayunar a TVE para hacer un anuncio, paren las máquinas: que en algún momento del día tomará el presidente en su mano el teléfono móvil y pulsará el contacto de su compadre (o ex compadre, ya no sé) Pablo Iglesias. Trompetería gubernamental:Pedro va a hacer una llamada.

Lleva dos meses dándole vueltas a la hormigonera y ahora viene con que la negociación estaba mal planteada, tócate… roque. Hay que empezar de nuevo porque él sigue queriendo hacer un gobierno muy de izquierdas que le guste mucho a Podemos. Pero sin Podemos. Sale Pedro en una tele anunciando que va a llamar a Pablo. Sale Pablo en otra tele sugiriéndole que en lugar de anunciarlo, le llame.

‘Que te he visto en la tele, Pedro. Que si eso, me llames’.

‘Venga, vale, te llamo’.

‘Eso, llama’.

Piticlín, piticlín, ¿es el enemigo? Que se ponga.

Oye, Pablo, que te propongo lo de siempre.

Vale, Pedro, yo te repito entonces lo de siempre también.

Pues no estamos de acuerdo.

Es que así no hay manera.

No sé ni para qué te llamo.

Estás imposible, Pedro.

Estás imposible, Pablo.

Te cuelgo.

Ya tardas.

En eso están. En la nada.

Después del piticlín vino el cruce de versiones. Podemos diciendo que Sánchez sigue inamovible y no suelta ni medio sillón. Y el PSOE filtrando que al revés, que Sánchez valora todos los escenarios (que vaya usted a saber qué significa).

Le han cogido el gusto a marear la perdiz y marearnos a todos.

Un sistema en el que haya que entenderse en un país como España sería estupendo si los líderes supremos de los partidos fueran otros. Y de verdad fueran capaces de entenderse.

Para rematar el capítulo de hoy de hablemos por hablar que sale gratis, aquí está el presidente del gobierno poniéndose campanudo para alimentar su serpiente de verano: ahora va a ser que la culpa de que él no salga investido es de las reglas que tenemos.

Ayer les dije que esto de la reforma del sistema era una broma pesada y hoy es una broma solemnemente pesada. Dice Sánchez, sin ruborizarse: el articulo 99 de la Constitución no funciona. ¿Perdón? ¿Cómo no va a funcionar si se ha aplicado durante cuarenta años para investir a todos los presidentes de gobierno que hemos tenido. Sánchez repara en que hay una avería constitucional, palabras mayores, sólo cuando se le atasca a él lo suyo.

La nueva consigna es echarle la culpa al sistema de que pueda haber candidatos que no salgan. Ahora se entiende que el coronel Tezanos metiera en el CIS aquella pregunta que les dije que era la más rara de todas: ¿cree usted que hay que eliminar el requisito de la mayoría absoluta para ser investido? El requisito de la mayoría absoluta no existe, pero es que Sánchez suspira ahora porque tampoco existiera el de la mayoría simple.

A estas alturas ya da pereza recurrir, con Sánchez, a la memoria reciente. Pero una mañana más les recuerdo la doctrina del aspirante cuando fue Rajoy quien perdió una investidura.

A estas alturas ya da pereza recurrir a la memoria reciente, pero es que es la existencia de ese artículo 99, y lo que ese artículo significa, lo que le permitió a Sánchez impedir la primera investidura de Rajoy en 2016, tras la repetición electoral.

Y algo más: es ese artículo, y lo que ese artículo significa, lo que le permitió a Sánchez tumbar a Rajoy con una moción de censura.

Señor presidente, si quiere debatir reformas hágalo en serio. Lo que significa el artículo que, según usted, no funciona es que el presidente del gobierno de España no puede tener más diputados en contra de que lo sea que a favor. No es poca cosa lo que usted pretender ahora cambiar: pretende que uno pueda ser presidente teniendo a la mayoría de la cámara en contra de que lo sea. Pongamos un ejemplo: Rajoy pierde una moción de censura. ¿Y qué más da, si sigue siendo la lista más votada? Qué más da que haya más diputados en contra de que sea presidente que a favor de que continúe: el suyo es el grupo mayoritario del Congreso, ¿no es eso?, pues que siga.

La siguiente reforma que propondrá el presidente, ¿cuál es? ¿Que el gobierno pueda aprobar sus proyectos de ley aunque la mayoría de la cámara esté en contra? No bloqueen mis proyectos, déjenme gobernar, con que tenga 123 diputados a favor, que se dé por aprobado todo lo que yo envíe al Congreso. Los Presupuestos del Estado, qué más da que haya más noes que síes, tengo el grupo mayoritario.

Menos mal que todo eso de cambiar la Constitución no pasa de ser un bla bla bla veraniego. Si el candidato no tiene 176 síes para ser investido, de qué va a tener 210 para cambiar la Carta Magna.

La ministra Calviño estuvo ayer en este programa y a la pregunta sobre el artículo 99 respondió lo razonable.

Resolvamos primero lo del gobierno y luego ya veremos si seguimos teniendo ganas de cambiar nada menos que el sistema de mayorías parlamentarias consagrado por la Constitución.

No consta que ningún diputado de los 350 del Congreso haya reconocido todavía que prefiere nuevas elecciones a que Sánchez sea presidente. Están todos abonados al discurso éste de la gente no quiere tener que votar de nuevo.

Ayer pregunté aquí qué está haciendo cada uno de los 350 diputados estos días (puesto que son ellos los que invisten o no presidente).

Algunos diputados de C’s me han respondido amablemente: ¿que qué hacemos? Pues mire, presentar tres proyectos de ley, por ejemplo.

Creo que han malinterpretado la pregunta, debí exponerla de manera poco clara. La pregunta es qué hace cada uno de los 350 diputados para que haya estabilidad en España y no se repitan las elecciones en noviembre. Porque todos estos proyectos que presentan no van a ningún sitio si al final se disuelven las Cortes. Vayan tomando postura sus señorías: aquellos que prefieran elecciones, oye, que lo digan. Abiertamente. El resto, los que sostienen que repetir urnas es poco deseable, ¿pueden informarnos de lo que cada uno hizo ayer, o va a hacer hoy, para intentar que es no pase? Aguardar con interés sus respuestas para poder compartirlas con la audiencia. Esperar silbando a que llegue el 23 de julio para votar lo que les ordenen sus jefes de filas no cuenta como trabajo parlamentario.

Autor

Manuel Trujillo

Periodista apasionado por todo lo que le rodea es, informativamente, un todoterreno

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