EDITORIAL 'EL QUILOMBO'

El Quilombo: «El gran hallazgo de la izquierda es descubrir que a la turba se la controla con odio y bajos instintos contra la derecha»

El sociólogo francés Gusteve Le Bon publicó en 1901 el libro Psicología de las multitudes, centrándose en el comportamiento de las personas cuando forman parte de un colectivo (masa, muchedumbre o multitud). Ese libro hoy es el manual de la agitamiento que permite entender cómo la izquierda se ha apropiado de movimientos como el ecologismo, el feminismo y la ideología de género. Todo desde la perspectiva sectaria que nos ha enseñado Carmen Calvo: el feminismo no es de todas, bonita. El feminismo es nuestro. Nos lo hemos currado. Lo mismo le dijeron a Ciudadanos cuando se apareció por la marcha del Orgullo Gay. El movimiento LGTBI es nuestro, bonita, le dijeron a Inés Arrimadas mientras la bañaban con pis y cerveza.

Le Bon definió masa como una agrupación humana con rasgos de pérdida de control racional, mayor sugestibilidad, contagio emocional, imitación, sentimiento de omnipotencia y anonimato para el individuo. El control personal de los instintos más primarios desaparece, con lo que las reacciones de la masa pasan a ser irracionales, emotivas, extremas, volubles e irresponsables. La izquierda descubrió que no tenía sentido elaborar aergumentos racionales: es mucho más fácil pastorear a las masas con la fuerza de eslóganes que evitan tener que pensar, y que por el contrario nos remueven llas tripas.

El gran hallazgo de la izquierda es descubrir que a la turba se la controla intoxicándola con odio y bajos instintos contra la derecha

Al igual que el fuego busca el oxígeno, la izquierda buscan el poder, razón por la cual siempre se los encontrará defendiendo a la turba, y les da igual si para eso tienen que linchar a quienes van a Alsasua, al 8-M o al Orgullo Gay. Son los fanáticos que destrozaron París con chalecos amarillos, Seattle en nombre de la antiglobalización o Madrid en nombre del 15-M. Todos domesticados por una izquierda radical y desenfrenada a la que le emocionaba ver cómo le abrían la cabeza a pedradas a los antidisturbios.

Ese es el motor de la agitación política y todo aquel que no se pliegue será linchado sin contemplaciones y con la permisividad de las redes sociales. Todo aquel que no se pliegue será acusado de delito de odio, de provocar, de crispar y deberá pedir perdón como ha dicho Ada Colau –¡que gobierna gracias a los votos de Valls, si es que la derecha no tiene arreglo!– que tiene que hacer C’s con el movimiento LGTB. Perdón por existir.

 

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