LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

El dato que oculta el ególatra Pablo Iglesias: las bases de Podemos pasan olímpicamente de su hambre de sillón

Luis Ventoso: "Mel Brooks o Louis de Funes no habrían firmado una comedia tan disparatada. Pero el mayor de los chistes deja rictus amargo: es lo que hemos votado los españoles"

El dato que oculta el ególatra Pablo Iglesias: las bases de Podemos pasan olímpicamente de su hambre de sillón

Menos de tres días para la sesión de investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno y este 19 de julio de 2019 todo apunta a que, como mínimo, España se irá de vacaciones en agosto sin Ejecutivo formado y, en el mejor de los casos, yendo a un segundo intento en el mes de septiembre y si no tocará ir al 10 de noviembre de 2019 a una repetición electoral.

Las tribunas y editoriales de la prensa de papel ven complicado que haya un acuerdo en estas 72 horas que quedan hasta el arranque de la sesión de investidura y que las partes implicadas, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, cedan en sus ambiciosas pretensiones:

El editorial de El Mundo define el encontronazo entre Iglesias y Sánchez como de grotesco vodevil:

El grotesco vodevil en que han consistido las negociaciones entre Pedro Sánchez y su teórico socio preferente, Pablo Iglesias, ha terminado por desembocar en guerra abierta. Se cruzan acusaciones diarias en los medios para tratar de culpar al otro no ya del fracaso de la investidura, sino de la cada vez más probable repetición electoral. Pues ambos saben que convocar a los ciudadanos a las urnas por enésima vez en tan corto espacio de tiempo y por culpa de su incapacidad para pactar supone –Tezanos aparte– exponerse a la incierta reacción del hartazgo ciudadano. Que castigará al que aparezca como mayor responsable del bloqueo. Pero lo cierto es que ni Sánchez quiere compartir el poder ni Iglesias renunciar a él para conformarse con un pacto de programa.

Santiago González tiene claro que quien ceda, bien Sánchez o bien Iglesias, habrá quedado postergado, políticamente hablando:

Hoy, a tres días de la sesión de investidura, a Pedro Sánchez le faltan 51 escaños para conseguir la mayoría que vuelva a hacer de él un presidente del Gobierno. Solo ha conseguido dos: el de ‘Revilluca’ y el de Compromís. No parece que Pablo Iglesias vaya a enmendarse y aceptar esa idea del Gobierno de cooperación que consiste en dejarle fuera del aprisco. Tampoco el doctor Fraude va a dar su brazo a torcer. En toda pelea entre dos machos alfa el que canta la gallina está perdido: Sánchez si no le quedase más remedio que hacer ministro a Iglesias; Pablo, si votase la investidura sin haber conseguido tocar pelo.

Emilia Landaluce recrea la imagen de los ‘marqueses de Galapagar’ disfrutando de los placeres de una piscina mientras Sánchez ya prepara todo para ir a una repetición electoral:

Pedro Sánchez tiene poco que perder si decide ni presentarse a la investidura de septiembre. Ni Pablo ni Irene son ministrables para ese consejo «serio» y «cabal» con el que el presidente en funciones pretende deslumbrar a Europa. [Por otro lado, imaginen la escena cuasinupcial: Pablo e Irene ungidos como ministro y ministra en un singular tálamo político]. Por eso, seguramente iremos a nuevas elecciones. Con una mayoría moral del PSOE y ministrables como Carmena. Lo sorprendente es que a Pablo e Irene no parece importarles. Será que se está muy bien al fresquito de la piscina.

El editorial de La Razón refleja que las consultas en Podemos cada vez importan menos:

Que Iglesias quiera convertir a Sánchez en parte del problema es una verdadera burla cuando es él quien está bloqueando la situación bajo un cálculo partidista: mostrar como trofeo antes sus bases –y en menor medida a sus electores– que él influirá y controlará la política del Gobierno si es ministro. Que este razonamiento es producto de la ensoñación de un líder que empieza a dar síntomas de aislamiento social protegido por un núcleo fiel e impenetrable lo demuestra el poco interés que ha despertado la consulta a las bases para saber si quieren que el propio líder entre en el Gobierno como ministro de peso. Como era de esperar, ha ganado con el 70 por ciento de apoyos, pero teniendo en cuenta que la participación ha sido tan solo del 26,7, lo que indica que su política ególatra ya no levanta tantas pasiones. De nada ha servido consultar a las bases cuando la decisión ya estaba tomada, aunque las consecuencias demuestran la gran irresponsabilidad de Iglesias.

Antonio Martín Beaumont cuenta como entre Sánchez e Iglesias se están despellejando y como el presidente en funciones busca como sea una tabla de salvación:

Una persona de la mayor confianza del jefe morado asegura que «Pablo no va a ceder: coalición o elecciones». De ahí que el visionario presidente ahora apueste por una abstención general, de todos, desde el PP a Bildu, que le saque del atolladero y evite nuevas elecciones. Un sonajero para encandilar a bebés. El entorno del presidente imagina ya un escenario en barbecho en el que, por descontado, han redoblado los ataques contra el líder morado. De ahí el especial interés en filtrar que Pedro Sánchez trasladó a la Ejecutiva Federal del PSOE que Pablo Iglesias pidió la vicepresidencia y que el 99,9% de las conversaciones con él giraron sobre cargos.

El editorial de ABC no se traga en absoluto los argumentos de Sánchez para romper con Podemos a tres días de la investidura:

ABC comparte la decisión de Sánchez de vetar a Iglesias. No obstante, resulta reprochable el cinismo con que lo hace. Sostener ahora que el PSOE diverge de Podemos en cuestiones de Estado como Cataluña, o que no puede ser vicepresidente alguien que cree que en España hay «presos políticos», sería creíble si no fuese porque ese argumento fue irrelevante cuando se apoyó en Iglesias para formar el «club de la moción» de censura. Este nuevo argumentario socialista es más propio de un mitin de precampaña que una excusa sólida contra Podemos. Sánchez está construyendo un relato exculpatorio de su propio fracaso, pero no guarda coherencia alguna con lo que ya ha hecho el PSOE muchas veces con Podemos como cooperador necesario de su estrategia y como acólito de su falta de principios. No engañan ya a nadie.

Luis Ventoso da en la clave a la hora de hablar de la situación que estamos viviendo en la actualidad:

Un partido populista, comunista y antisistema, que se caracteriza por su analfabetismo numérico, quiere la cartera de Hacienda de un país capitalista del primer mundo y su apolillado líder, una vicepresidencia. Un presidente con 123 escaños pírricos pretende gobernar como si fuese De Gaulle. Como decorado: trolas cruzadas, provocaciones, parálisis… y los Presupuestos de Rajoy todavía en vigor (por fortuna). Mel Brooks o Louis de Funes no habrían firmado una comedia tan disparatada. Pero el mayor de los chistes deja rictus amargo: es lo que hemos votado los españoles.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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