VÍctor Entrialgo De Castro

En el pais de las chancletas

En el pais de las chancletas

En cierto sitio y ocasión descubrí que el verano consistía en la ausencia de humedad y tener apagada la televisión. En disfrutar el aire fresco de la mañana, los olores de las plantas, el aire en la piel y poder repetir qué suave es la noche, el maravilloso título de Scott Fitgerald.

Son esos momentos que hay que tratar de acumular para cuando escaseen, ese acopio de felicidad que ha de guardarse en una cuenta personal aún más importante que la corriente. Porque la corriente es corriente. Y el fardo de los gratos momentos echado a la espalda sujeto de un palo, como los vagamundos, es el único con el que se puede buscar, en las experiencias felices vividas, donde es más probable, aunque no seguro, que podamos encontrar más.

Aunque el pais se ha ido de vacaciones sin saber si el Presidente del Gobierno va a cometer a su vuelta una nueva traición, aunque el silencio esté venciendo a Torra, mientras el pais está en chancletas lo más importante son las chancletas y que el pais se solace «bien solazao» para poder soportar   la versión otoño-invierno del coñazo independentista tras la Sentencia del Tribunal Supremo.

Una golondrina no, pero una bandada de chancletas que no se extralimiten de su ámbito de jurisdicción, sí hacen verano. Mientras  no te pisen el callo, lo mejor para llevar los pies frescos y emular al héroe de los pies ligeros, para caminar con la sensación de desocupación, falta de prisa y destino el vagabundeo agostí, son las chancletas.

Cierto que no están exentos de riesgos, pero el verano tiene los suyos propios. Las medusas, los mosquitos, la excursión al ambulatorio, la comida del chiringuito, los faltosos que no asimilan el garrafón, los cuñaos improvisaos. Pero lo único que puede impedir nuestro chancleteo agosteño es el rigor de la canícula y el cambio climático, el principal enemigo de la humanidad y la seguridad nacional y no para las generaciones futuras sino para ya, lo que merecería un comentario en el vermout o en el chupito del chiringuito.

Ahora tenemos al mando de las cosas a Trump, un fósil con peluquín que no quiere deprenderse de las energías fósiles. Un fósil que piensa que el clima mundial se selecciona como el aire acondicionado y que en su competencia con China quiere socavar y debilitar a la Unión Europea firmando un acuerdo con el Reino Unido y su hermano Boris Johnson, que si llamasen a Cocomocho estarian todos.

Con los edificios públicos tomados por los hippies de nómina y los barcos abordados por los hippies de primera comunión excediendo su ámbito de jurisdicción, hemos llegado al «chancletismo político». Y las chancletas, como las bicicletas, los shorts o las mejores siestas son para el verano, no para el Congreso de los diputados.

VIctor Entrialgo

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