EDITORIAL DE 'EL PAÍS'

El mundo feliz de ‘El País’: el peligro no es la avalancha masiva de africanos sino las «inhumanas» concertinas

Ni una palabra sobre las lesiones gravísimas que sufrieron los guardias civiles

El mundo feliz de 'El País': el peligro no es la avalancha masiva de africanos sino las "inhumanas" concertinas

El problema de creer que el problema de inmigración ilegal se arregla con buen rollo y unas sonrisas lleva a confundir los deseos con la realidad. Es lo que le ocuure al diario favorito de Pedro Sánchez, ‘El País’, que un editorial surrealista publicado este 31 de agosto de 2019, titulado ‘Fuera Concertinas’ —solo un día después de una avalancha masiva de subsaharianos—, llama al ministro del Interior en funciones, Fernando Grande-Marlaska, a retirar las «inhumanas concertinas».

Ni una mención de el ‘Pravda’ monclovita a la violencia del asalto llevado a cabo por unos 200 inmigrantes subsaharianos en la valla de Ceuta, ni a las «contusiones leves en brazos, piernas y manos» y «algún tipo de líquido abrasivo» en los ojos con las que agredieron a los agentes de la Guardia Civil según ha denunciado la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC).

«Ha sido un asalto violento, igual que en agosto del año pasado. Han utilizado ácido, palos, garfios, elementos punzantes… Han buscado el choque a choque y sobrepasar a la propias fuerzas y cuerpos de seguridad», ha asegurado el portavoz de la AUGC, Juan Fernández.

Esta realidad no existe en el mundo feliz del diario de PRISA para quien el mayor problema es la valla y no quienes la saltan:

Mantener unos medios fronterizos de extrema crueldad o sustituirlos por otros en los que, como ha señalado el propio ministro, la eficacia en la prevención de las entradas ilegales desde territorio marroquí sea compatible con el más elemental respeto a la integridad física de las personas. El anuncio tiene además otro significado más profundo, que sobrepasa el estrictamente político: una sociedad democrática no puede convivir con una realidad como la que se desarrolla en las fronteras de Ceuta y Melilla, aún más dramática desde la instalación de las concertinas. Y esto es lo que ha venido sucediendo durante los tres últimos lustros cada vez que se han producido asaltos masivos a las vallas.

Las concertinas han demostrado ser a la vez ineficaces e inhumanas. Además, lo son con personas especialmente vulnerables después de realizar aterradoras travesías desde sus países de origen y que, en último extremo, representan un porcentaje marginal de las entradas ilegales en territorio español y europeo.

Es de un buenismo casi infantil. Con una palabrería fofa y unos lemas tan angelicales que nadie osaría discutir, olvida que España se está gastando millones de euros en mantener unas fronteras que la debilidad moral de la izquierda convierten en un auténtico colador.

 

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