LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

¡Qué desfachatez! Mientras Felipe VI se reunía con los líderes, Rosa María Mateo mandaba cartas a los partidos para fijar la fecha del debate electoral

Santiago González: "Rivera ha sido el campeón del no desde el 28-A"

¡Qué desfachatez! Mientras Felipe VI se reunía con los líderes, Rosa María Mateo mandaba cartas a los partidos para fijar la fecha del debate electoral
Rosa María Mateo.

Terrorífico panorama político el que se nos presenta. Después de cinco meses mareando la perdiz, España volverá nuevamente a elecciones el próximo 10 de noviembre de 2019. Pedro Sánchez no tenía intenciones de presentarse a una investidua y, tal y como revela este 18 de septiembre de 2019 algún diario de papel, porque su administradora única en RTVE se dedicó a mandar cartas a los partidos para emplazarles a un debate electoral mientras sus líderes hacían el paripé en La Zarzuela.

El editorial de El Mundo desvela un dato estremecedor sobre el nulo interés que tenía Sánchez en la investidura:

La arrogancia del sanchismo resulta tan descarada que no pierde el tiempo en disimulos: ayer mismo, mientras los representantes políticos acudían a Zarzuela, la RTVE de Rosa María Mateo mandaba cartas a los partidos para emplazarles al debate electoral. Pero la desfachatez alcanza su punto culminante cuando nos enteramos de que Sánchez viajará el fin de semana a Nueva York para dar una charla sobre el clima mientras deja morir el periodo de sesiones más idiota de la democracia.

Raúl del Pozo comparte el calificativo que le da Albert Rivera (Ciudadanos) a la situación política a la que nos hemos visto abocados:

Al despelote que hemos vivido se le suele llamar inestabilidad política, pero el país está tranquilo, funcionan los trenes, no hay huelgas, ni revueltas, ni escraches, ni peleas, excepto las de los partidos que nos dividen y las que amenazan el otoño después de la sentencia del Tribunal Supremo. Dice Albert Rivera que estamos al límite y ha pedido una reunión urgente para pactar una abstención, después de cuatro meses en que los líderes se han estado tocando el pijo. Le ha dicho a Ana Rosa Quintana que Sánchez nos aboca a unas elecciones como si los españoles fueran monigotes. Es muy acertado el calificativo de monigotes. Monigote es insulto gongorino y se dedica a las personas incompetentes, ignorantes, de ninguna representación ni valer. Todo eso ocurre cuando acabó el bipartidismo y no llegó nada mejor.

Federico Jiménez Losantos culpa a Rivera de esta situación:

Con los fuegos artificiales me pasa como con los magos: durante un minuto me encantan y al cuarto de hora me aburren. Ayer, me sorprendió la audacia o la cara dura de Rivera haciendo como que hacía un esfuerzo para evitar las elecciones, cuando su no es no a «la banda de Sánchez» ha sido la tercera pata necesaria, tras el egoísmo de Sánchez y la soberbia de Iglesias y su Erudita, para que el velador de las urnas se sostenga. Pero la mascletá terminó y el pirotécnico se queda con el careto ahumado. Por favor, no lo llamen esfuerzo cuando dura un minuto ni patriotismo si es copiado. Así que, al grito de «¡España no puede esperar!», ha dado una voltereta para quedarse en el sitio. A Falconetti le ha salido un Riveretti.

Santiago González le mete un buen repaso a Rivera por sus cambios de última hora:

Rivera ha sido el campeón del no desde el 28-A. Libró con mucho empeño una batalla interna contra algunos destacados dirigentes de su partido que se manifestaron partidarios de negociar su abstención con algunas condiciones. Llenó la Ejecutiva de gente afín e invitó a los críticos a fundar otro partido si tanto les interesaba la investidura de Sánchez. ¿Qué opinarán a estas alturas Luis Garicano, Toni Roldán, Francisco de la Torre, Javier Nart, Francisco Igea y Fernando Maura? Por citar unos cuantos nombres, algunos de los cuales han causado baja en el partido.

El editorial de ABC pone sobreaviso a la derecha tras el tono mitinero de Pedro Sánchez en pleno sala de prensa del Consejo de Ministros:

Desde el 10 de noviembre, cuando se abran las urnas, los españoles no merecerán más desprecios de la clase política, ni más agravios de un multipartidismo egoísta e incapaz, cerril en sus empeños tácticos y despectivo con sus votantes. Incluso los tiempos deben cambiar y acelerar la formación de Gobierno sin falta. El tono mitinero de Sánchez anoche debe poner a los españoles en guardia. Y especialmente al centro-derecha, que por desgracia parece pertinaz en su fractura, incisivo en sus errores e incapaz de aunar esfuerzos bajo el proyecto de «España Suma», que hoy sería una necesidad y la única alternativa frente al previsible triunfo de la izquierda. Convocadas ya las urnas, el 10 de noviembre no debería ser otra oportunidad perdida para la derecha.

Jesús Lillo se toma a chacota esta situación y ya la compara con un reality:

El deterioro del sistema, y el desistimiento de quienes le dan forma y fuerza con sus votos, se produce cuando esos comicios se convocan exclusivamente para decidir quién queda fuera en la siguiente ronda, como en «Gran Hermano», versión vip o dúo. Al fondo y en el fondo, España es una eliminatoria.

Luis Ventoso concluye que todo esto ha sido un cachondeo:

Abril de 2019. Sánchez logra una victoria justilla (123 diputados), pero la vende como si fuese Carlomagno. Cánticos de «¡con Rivera no!» en los festejos de Ferraz, saludados con risitas de aquiescencia por el flamante ganador y su mujer. En julio intenta ser investido con apoyo de Podemos, PNV y ERC (Frankenstein 2). Para ello, oferta a Iglesias tres ministerios y una vicepresidencia. Al tiempo, pide también a PP y Cs que le apoyen (gratis). Lo mismo le vale arre que so. Inexplicablemente, Iglesias no acepta. Agosto: si el mes anterior ofrecía ministerios a Podemos, ahora le oferta un cero patatero. En lugar de buscar acuerdos, se escaquea a Doñana a sestear. Quiere otras elecciones, pues Tezanos le vaticina que en ellas logrará los votos que merece su augusta figura. Septiembre: Rivera, instalado en el «no es no» a Sánchez, hace una pirueta tardía de marketing y le ofrece apoyarlo si se compromete con tres exigencias constitucionalistas. Con jeta de acero inoxidable, Sánchez le responde que ya las cumple, cuando es falso. Gallinero total y elecciones en lontananza, cuartas en cuatro años. Sánchez en estado químicamente puro. La historia de un cachondeo.

Antonio Burgos le pone el gracejo andaluz a estos cinco meses de paripé de Sánchez:

Este artículo debería tener música, ya que sobre Sánchez en su inmediato futuro trata. Música de Camarón: «Volando voy, volando vengo,/ por el camino/ yo me entretengo». Y volando se nos ha venido encima la que se nos ha venido, tras 142 días. Han sido 142 los inútiles días perdidos con un presidente en funciones, entretenido en creerse que era el verdadero. Que ha tratado de disimular que estaba en funciones, e intentado suplantar al definitivo. Vamos a ver: ¿qué presidente en funciones, que está como de prestadillo, se va de vacaciones a Doñana pagadas por todos, como si hubiese sido en verdad designado por las Cortes, y además directamente en helicóptero al palacio de las Marismillas, sin tener la delicadeza de pasar por Bajo de Guía en Sanlúcar de Barrameda y tomarse allí una copa de manzanilla para hacer la propaganda del vino del que genialmente dijo Pemán que era «el fino de Jerez vestido de marinerito».

El editorial de La Razón habla de irresponsabilidad por parte de Pedro Sánchez:

Un fracaso sin paliativos. Después de cinco meses de unas negociaciones ficticias, Pedro Sánchez no podrá ser investido. España está abocada a unas nuevas elecciones, las cuartas en cuatro años, provocando una parálisis institucional sin precedentes. El objetivo del líder socialista se ha cumplido: ir a unos nuevos comicios para mejorar su posición, pero demuestra una gran irresponsabilidad. Los políticos no han estado a la altura de lo que se merece la sociedad española, lo que dejará, sin duda, huella en las urnas. La «nueva política» ha devenido en un bloqueo constante de la instituciones que ha puesto en riesgo hasta el papel de la Corona. Puede que algunos de los actores que han participado en esta larga comedia de cinco meses de duración sienta en su fuero interno –inconfesable, por supuesto– alguna satisfacción por haber alcanzado sus objetivos, pero, de ser así, habrá que decir que su éxito es un gran fracaso político.

Julio Valdeón asegura que las elecciones las carga el diablo:

Sánchez, que todo lo fía a los sondeos que le cocinan y los augurios de los bufones, debería de saber que las elecciones las carga el diablo. Si me das a elegir, aquí, ahora, hoy, 14:15 hora local en Brooklyn, donde tecleo, 20:15 en España, supongo que la jugada puede salirle bien. Pero en el calendario acecha el juicio del Proceso, los EREs en Andalucía, el hongo nuclear de una posible guerra comercial entre el gorila Trump y los sátrapas rojos en Beijing, las turbulencias previas asociadas al Brexit… Demasiadas variables, demasiados factores y escenarios.

El editorial de El País, a lo suyo, a repartir culpabilidades entre todas las fuerzas políticas por hacernos ir de nuevo a elecciones el 10 de noviembre de 2019:

Los líderes y grupos parlamentarios que han participado en la ronda de contactos mantenida por el jefe del Estado tendrán muy difícil explicar a los ciudadanos el hecho de haber dejado transcurrir cinco meses sin alcanzar un acuerdo para formar Gobierno. Pero más difícil tendrán aún dar cuenta de las razones por las que han desperdiciado los últimos cinco días del plazo constitucional para evitar la repetición de las elecciones.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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