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Alfonso Ussía ve una ‘vendetta’ política en la acusación sexual contra el ‘guillotinador’ Pablo Soto: «Este no está capacitado ni para acosar al aire»

"Por lógica, un concejal que sirve para muy poco y bebe en demasía, es perfectamente sustituible. La excusa para fulminarlo por su gusto por acosar al aire, no tiene otro objetivo que el de hacer más ejemplar su sustitución"

Alfonso Ussía ve una 'vendetta' política en la acusación sexual contra el 'guillotinador' Pablo Soto: "Este no está capacitado ni para acosar al aire"
Alfonso Ussía y Pablo Soto.

Alfonso Ussía sale este 10 de octubre de 2019 en defensa del ya exconcejal de Más Madrid en el Ayuntamiento capitalino, Pablo Soto, porque considera que puede ser todo lo bocachancla y faltón que uno quiera imaginarse, pero asegura que no le ve capacitado «ni para acosar al aire». Así lo cuenta en la contraportada de La Razón:

Pablo Soto, dimitido concejal de Más Madrid por acoso a una militante de su grupete, tiene mucho peligro en la cabeza, pero no en su supuesta actividad de acosador de mujeres. Preguntó en las redes sociales si asesinar a Alberto Ruiz-Gallardón constituía delito. Para mí, que la operación contra Soto puede ser una farsa en la que el propio Soto es protagonista voluntario para lavar la imagen del grupo municipal nacido de Podemos. Pablo Soto padece de una enfermedad que lo mantiene impedido sobre una silla de ruedas. A ver cómo se acosa a una mujer joven y sana sobre una silla de ruedas. Apenas llega a los 45 kilogramos de peso, y para colmo, bebe más de la cuenta.

Ussía entiende que los vapores etílicos le hicieron soltarse la lengua, pero que vistos los impedimentos físicos del muchacho, lo cierto es que llama la atención que Soto pueda ser un acosador. Más bien, entiende el autor, hay una operación política detrás de esta fumigación:

Lo suyo no fue acoso, sino consecuencia del «in vino véritas» que tanto nubla las prudencias. Para acosar hay que tener capacidad de reaccionar o de perseguir a la acosada si ésta se opone al galanteo. Y Pablo Soto carece de esa capacidad. Por otra parte, la inflexibilidad de Rita Maestre y la del pelo cortado a lo hombre responde a un argumento mal escrito y precipitado.

Dice el escritor que un político que se pone hasta arriba de alcohol es perfectamente reemplazable, que no era necesario adornar su cese:

Por lógica, un concejal que sirve para muy poco y bebe en demasía, es perfectamente sustituible. La excusa para fulminarlo por su gusto por acosar al aire, no tiene otro objetivo que el de hacer más ejemplar su sustitución. Solicitó a una compañera del grupete que lo acompañara al cuarto de baño. Ella accedió porque en Más Madrid la bondad humana, la caridad y la misericordia forman parte de su espíritu. Y Soto, que según propio reconocimiento, llevaba puesta una melopea como consecuencia de una excesiva dosis de alcohol para su capacidad de metabolizarla, se alegró de lengua y acosó a la infeliz compañera.

Cree Ussía que si Soto no fuese en silla de ruedas, midiese más de 1.80 y fue un mazas de gimnasio, tal vez el cuento cambiaba:

Supongamos que sus palabras fueran directas y de sencilla interpretación. –Princesa, me encantaría echarte un polvo-. En tal caso, si el acosador mide 185 centímetros, acude al gimnasio y corre que se las pela, la acosada tiene todo el derecho a sentirse amenazada por un acosador activo. Pero si quien lo manifiesta resta sobre una silla de ruedas y está moña, la acosada puede elegir entre dos opciones. O decirle «déjate de bobadas», o con un «ahí te quedas», abandonar el cuarto de baño y olvidarse del asunto, sin necesidad de recuperarse del susto porque el susto es imposible en esas condiciones.

Considera que en Podemos ha habido acosadores reales y pone el ejemplo de Pablo Iglesias y Mariló Montero:

De Echenique se puede esperar lo peor, excepto un acoso sexual. Y lo mismo de Soto. Para mí, que en Podemos ha habido otros acosadores más peligrosos que el concejal de Más Madrid. Pablo Mezquitas deseó ver sangrar la espalda desnuda de Mariló Montero, y ahí lo tienen, celebrando el aniversario de la muerte de un violador profesional como fue el Ché Guevara, además de asesino y carcelero de homosexuales. Con 45 kilogramos de peso y en las condiciones físicas que la obligada quietud experimenta el cuerpo de Pablo Soto, se puede acosar a una fotografía, a un pensamiento o al aire, pero nada más. Y si por un exceso de licopodios, como denominaba mi amigo Luis a los brebajes alcohólicos, la prudencia desaparece y los deseos emergen, el acoso no puede pasar de las palabras, y las palabras no tocan, ni acarician ni proceden al fornicio. Extrañísima y contradictoria situación la que nos han querido poner como ejemplo los de Más Madrid.

Y concluye:

Por buena y cara que sea una silla de ruedas –la de Echenique, por ejemplo, que le regaló la Seguridad Social que él estafaba sin haber cotizado jamás-, nunca podrá vencer a la carrera a una joven mujer que huye de las palabras. Y la silla de Pablo Soto no le llega a la de Echenique ni al cigüeñal. Se trata de una silla de gama media comparada con la Rolls-Royce del eximio argentino. Creo que se ha pasado de asustadiza la militante de Más Madrid con las palabras de un compañero botellín incapaz de llevar a un final feliz lo que ella ha interpretado como acoso machista. «¡Quietecitas las manos y no hagas tonterías!» oportunamente pronunciadas, son palabras que expulsan cualquier tipo de acercamiento o incomodidad. Esto responde a una operación de mercado, porque Soto, Pablo Soto, no está capacitado – y lo escribo con respeto y misericordia-, ni para acosar al aire.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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