EL PRESENTADOR DE 'EL HORMIGUERO 3.0', CON POCAS GANAS DE DIVERTIRSE

Hughes (ABC) le pinta la cara a Motos tras su entrevista a Abascal: «Estaba más tenso que el coreógrafo de Isa P.»

"La entrevista fue una sucesión de preguntas formuladas con cara de aprensión, como si las hiciera el detective de 'Mindhunter'"

Hughes (ABC) le pinta la cara a Motos tras su entrevista a Abascal: "Estaba más tenso que el coreógrafo de Isa P."
Pablo Motos y Santiago Abascal.

Hughes escribe este 12 de octubre de 2019 una tribuna en la que analiza la entrevista que Pablo Motos le hizo en ‘El Hormiguero 3.0‘ (Antena 3) a Santiago Abascal, líder de Vox, el 10 de octubre de 2019.

El articulista del ABC comienza destacando como el boicot promovido al programa del primer canal de Atresmedia fue un auténtico fracaso, a la par que resaltó la cara de pocos amigos del presentador, que esta vez parecía no divertirse con el entrevistado que tenía enfrente:

El boicot emprendido tuvo el éxito esperado y la entrevista a Santiago Abascal se convirtió en el tercer «Hormiguero» más visto de la historia. Fue como si Abascal recibiera a Pablo Motos en el plató. El presentador estaba nervioso, estaba más tenso que el coreógrafo de Isa P. Hay quien se ha quejado de que todas las preguntas fueran al tobillo, pero Motos ya estaba siendo un héroe dejándole hablar, como para sacarle además jugando al ping-pong o tocando «Let it be» en la guitarrita. No le hubieran acusado de blanquear el fascismo, sino de estilizarlo e inspirarse en Leni Riefenstahl para el contrapicado de Trancas y Barrancas.

Subraya Hughes que Motos parecía poco menos que un sargento chusquero haciendo las preguntas:

Así que la entrevista fue una sucesión de preguntas formuladas con cara de aprensión, como si las hiciera el detective de «Mindhunter». Un adentrarse en las zonas oscuras de la psique. De haber durado más, quizás hubiéramos escuchado preguntas así: «Si de la humanidad solo quedara una mujer, un hetero y un homosexual y tú tuvieras que sacrificar a uno de ellos, ¿a quién elegirías?». Todo aquello en lo que pudiera fallar, sonar «ófobo». Pero Abascal, con aciertos o errores que exceden esta columna, al fin pudo explicarse. Como me dijo una amiga al acabar: «Ha demostrado que además de pechotes tiene cintura».

Añade que el líder de Vox tiene algo dentro de sí que le hace muy creíble a los ojos de la opinión pública:

Junto a su particularidad ideológica (todo lo que el centro deja a su derecha, que va siendo un continente), tiene Abascal algo creíble, «orgánico». Se metió en política por el padre, al que protegía con una pistola. En una charla en 2016, cuando le votaban cuatro, contó: «Yo estoy aquí porque quiero defender a mis hijos (…). Hay un círculo concéntrico que es la familia, otro que es la patria. Como no salgas a defenderla, los problemas te van a llegar a la trinchera de la familia». Proteger al padre, conservar para los hijos. Ni Iván Redondo, ni una barba a tiempo igualan eso.

Y remata diciendo que Motos normalizó a Abascal, dejando claro que no es un político que, a diferencia de otros, meta miedo.

A Motos le acusarán de normalizar y, efectivamente, normalizó, lo que tiene gran mérito. Que un político salga en televisión mencionando a Dios o los rigores éticos de la vida humana no debería ser un escándalo, una anomalía del prime time disculpable solo si la protagoniza Tamara Falcó. Parte de la derecha pudo decir el jueves lo que el Maestro Joao: «Yo había sido alegre, pero no feliz».

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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