El disparate sin límites de la TV3: Culpa a la Policía de provocar y de cargar contra víctimas inocentes

La cadena pública rescata una pieza de un exnúmero dos de los Mossos, David Piqué, para caldear más el ambiente contra los efectivos policiales

¡Por esto era necesario haber intervenido la TV3! La tele pública catalana culpa a la Policía de cargar contra víctimas inocentes

"Si la concentración o manifestación no se prevé bastante violenta se puede llegar a provocar un poco con detenciones poco justificadas para calentar el ambiente."

¿Ven, señores Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, como hubiera sido necesario que cuando aplicaron el 155 en Cataluña la televisión pública, la TV3, fuese intervenida y depurada de todo comisario político separatista?

Se dejó al canal público catalán seguir actuando como si tal cosa y ahora se ven las consecuencias. Subidos en el arbol de la chulería, ahora se atreven con total arrogancia a culpar a la Policía de haber provocado las algaradas violentas de la semana del 14-20 de octubre de 2019 en Barcelona y en otras ciudadades catalanas y de cargar contra víctimas inocentes que solo se estaban manifestando.

La pieza en concreto es del programa ‘Més 324′, presentado por Xavier Graset. El trabajo, ‘El síndrome de Sherwood‘, fue elaborado por David Piqué, exnúmero dos de los Mossos y fallecido en 2016. En él defendió la absurda y disparatada tesis de que los efectivos policiales buscaron el modo de provocar la reacción de los manifestantes para proceder a su posterior detención. ¡De frenopático como poco!

Estas son algunas de las ‘joyas’ que dejó el documental:

Si la concentración o manifestación no se prevé bastante violenta se puede llegar a provocar un poco con detenciones poco justificadas para calentar el ambiente. También se pueden hacer redadas preventivas. La batida estará especialmente mal hecha y con trato humillante para encender más los ánimos.

Cuando algún grupo descontrolado empieza las acciones violentas, las unidades de policía ni se mueven. Y cuando la violencia empieza a ser generalizada, la actuación policial se retrasa deliberadamente, hasta que los daños causados son inaceptables. La consecuencia previsible es que acabará con una batalla campal.

Es entonces cuando hay las cargas policiales, que en ningún momento quieren ser disuasorias. No se disimula. Se va directamente contra los manifestantes y se les ataca con suficiente velocidad para que no tengan tiempo de huir y se provoque un enfrentamiento físico.

En este estadio, los manifestantes atacan a la policía. Realmente se están defendiendo, pero no lo parece, han sido acorralados. La violencia entre los agentes y los manifestantes se desata, se personaliza y se descontrola. Es lo que se quiere. Empiezan a aparecer víctimas inocentes.

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