AUTOR DE 'CON PAJARITA Y SIN TAPUJOS'

Inocencio Arias: «Me deja perplejo escuchar de adultos bien formados decir que no se puede comparar el caso Gürtel pepero con los ERE sociatas»

De la superioridad moral de la izquierda a las ocurrencias de Trump y el problema nacional

Inocencio Arias: "Me deja perplejo escuchar de adultos bien formados decir que no se puede comparar el caso Gürtel pepero con los ERE sociatas"

Desde el auge de los populismos hasta el debate de los nacionalismos, de la América de Trump al terrorismo islámico, pasando por el Brexit, la reforma de la Constitución o WikiLeaks, Chencho Arias pone el dedo en la llaga, sin casarse con nadie, en los problemas que aquejan la España y el mundo del siglo XXI en su nuevo libro ‘Con pajarita y sin tapujos’.

Lo divino, lo humano, lo celestial o lo terrenal, nada escapa a su afilada pluma y su mirada inquisitiva. Inocencio F. Arias, una de las voces más veteranas y divertidas de nuestro país, reflexiona sobre los temas políticos de índole nacional e internacional más polémicos con humor, ingenio y sin pelos en la lengua.

EXTRACTOS DE SU LIBRO

«Hay un jeroglífico que también tiene miga, y no poseo las luces para desentrañarlo: ¿por qué Vox es un partido fascista y Podemos es plenamente democrático? No logro verlo»

«En España también me deja perplejo escuchar de adultos bien formados que no se puede comparar el caso Gürtel pepero con los ERE sociatas. El primero, te argumentan con seriedad, muestra que la corrupción es algo sistémico, innato en la derecha, mientras que los ERE son cosas aisladas, con cifras que han sido muy exageradas y, ¡acojónate, Pereira!, el dinero de los ERE «se repartía entre mucha gente, no iba a parar al bolsillo de unos cuantos burgueses aprovechados» (sic)».

«Aunque soy diplomático —y por ello he asistido a unos mil cocktails en mi vida y ofrecido unos doscientos—, no se me ocurre ofrecer champagne francés. Ni siquiera cuando vino el capitoste de la ONU, Kofi Annan, a la embajada en Nueva York o en las visitas del entonces príncipe Felipe o la reina Sofía. No lo hago porque mi gusto y mi obligación es promocionar y defender las cosas españolas. Lo que ofrezco es cava. No sé cuántas cajas de ese producto catalán habré consumido en mi vida, ¿330, 350? Lo que equivale a unas 4.200 botellas. Estoy muy contento de haberlo hecho aunque ahora oigo que me llaman fascista y que llevo, como tantos funcionarios españoles, «explotando a Cataluña» desde tiempo inmemorial».

«Con la marcha de Gran Bretaña tendremos un conjunto de países que se entienden en inglés aunque sólo sea la lengua oficial en dos de ellos, de escasa población: Irlanda y Malta».

«En su libro, y en otras ocasiones, Obama ha subrayado que no se opone a todas las guerras, pero que no podía apoyar una «guerra estúpida, precipitada, una guerra no basada en la razón sino en la pasión, no en los principios sino en la política».

A pesar del talante belicista de la nación en esos momentos, cuando una clara mayoría apoyaba a Bush, sus frases tuvieron eco».

«Más chocante aún es el silencio acerca de la prolija vida sexual del presidente Kennedy, el político más promiscuo que ha vivido en la Casa Blanca y quizá, si descontamos a Lincoln, del que más se ha escrito». «Lo de nuestra Constitución no es de recibo, nos dicen exaltadamente. Es un texto rancio, superado, nos remachan. Por una razón fácil de entender: cumplió ya los cuarenta años, madre mía, ¡imagínense!, una constitución con cuarenta años… Un texto antiguo, con efluvios franquistas, que hay que reformar en profundidad porque, y aquí viene el descubrimiento iluminador, la mayor parte de los españoles no lo han votado. Esto es evidente, te argumentan: ¿cómo vamos a regir nuestra existencia con un texto sobre el que muchos de nosotros no nos hemos pronunciado? Si contamos la gente que no había nacido o no tenía edad de votar en 1978, si añadimos los que votaron que no, los que estaban fuera de su ciudad siguiendo en otra a su equipo de fútbol o con el IMSERSO en Tenerife, los miles que estaban en un hospital, los que estaban cazando y los que ese fin de semana estaban de viaje de bodas o simplemente hacían una escapada amorosa con la secretaria o con el jefe, el número de los vivientes que la aceptaron es sencillamente ridículo».

«Otra inmersión del fútbol en la política se dio cuando hace pocos años algún independentista catalán, en su ensoñación de que la independencia de Cataluña no tendría incidencia para el Barcelona, el Español, el Sabadell, el Girona, concluyó que todo seguiría igual. Esos clubes prestigiosos quedarían dentro de la Liga española de modo semejante a como, aseguraban los ilusionistas, Cataluña quedaría sin problemas dentro de la Unión Europea. La realidad era menos rosada: según la Ley del Deporte de 1990, y los estatutos pertinentes, para participar en competiciones organizadas por la Liga de Fútbol Profesional es requisito ineludible encontrarse afiliado tanto a la Liga como a la Real Federación de Fútbol. Para ello se debe pertenecer al Estado español, no previéndose ningún régimen para entidades ajenas al territorio español, salvo lo dispuesto para Andorra».

Inocencio Arias (Almería, 1940) cuenta con una de las carreras diplomáticas más extensas y destacadas de la historia reciente de este país. Ha desempeñado labores diplomáticas en varios continentes y ocupado puestos relevantes con diversos gobiernos de la democracia: secretario de Estado y subsecretario con el de Felipe González, embajador en la ONU con el de Aznar y portavoz de Exteriores, repetición insólita, con los de UCD, PSOE y PP. En la ONU fue presidente del Comité Mundial contra el terrorismo. Ha sido director general del Real Madrid. Actualmente está jubilado, pero colabora en medios de prensa, radio y televisión: El Mundo, Cadena Cope, El Diario de Navarra, Las Provincias, El Norte de Castilla, entre otros. Ha publicado Confesiones de un diplomático (2006), y en Plaza & Janés Los tres mitos del Real Madrid (2002), La trastienda de la diplomacia (2010), junto a Eva Celada, Los presidentes y la diplomacia (2012), Mis mundiales (2014) y Yo siempre creí que los diplomáticos eran unos mamones. Memorias (2016)

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