Realeza

Pilar Eyre: «Iñaki es el pibón de Brieva… ¡Nos lo vamos a tirar! le gritan las reclusas a Cristina»

Si todo lo tiene tan grande, no te lo acabas en un par de horas…

Pilar Eyre: "Iñaki es el pibón de Brieva... ¡Nos lo vamos a tirar! le gritan las reclusas a Cristina"
Iñaki y Cristina YT

La periodista y pródiga escritora Pilar Eyre nos tiene acostumbrados a sus elegantes artículos repletos de sorprendentes exclusivas que nadie tenía ni esperaba, pero que ella consigue mediante sus inmejorables fuentes.

Su blog en la popular Revista Lecturas es una cita obligada con la actualidad bajo la inestimable garantía de la firma Eyre.

Nunca defrauda y en esta ocasión tampoco ha sido para menos :

 

Cristina, f… bien, que si no lo haremos nosotras, ¡qué estamos muy cachondas y él está muy bueno!”. Son las voces arrabaleras y achulapadas de las reclusas de la prisión de Brieva, las compañeras de Iñaki Urdangarin. Sus gritos se oyen desde el exterior y provocan sonrojo hasta en personas acostumbradas al crudo lenguaje carcelario. “Te lo cambio por mi hombre”, dice una, y otra añade, guasona: “¡Yo te lo cambio por dos!”.

 

“¡Ha llegado la Cristina!»
«Cuando el coche con los cristales tintados que conduce a la infanta para el vis a vis con su marido cruza la puerta de entrada, de forma misteriosa corre la voz de celda en celda: “¡Ha llegado la Cristina para j… con su chorbo!”, y todas a una aúllan: “¡Cristinaaaaaaa, Iñakiiiiii!”, y saltan los comentarios desgarrados e incisivos: “Cris, que tu Iñaki está muy bueno… ¡Déjalo a gusto, exprímele, que si no aquí estamos nosotras para f…, que pasamos mucha hambre!”.

 

«¡Nos lo vamos a tirar!»
«Cuando arreciaban los rumores de que Iñaki iba a salir de prisión, las presas revelaban estar al tanto, porque gritaban: “¡Qué se quede aquí, para nosotras, que nos lo vamos a tirar y a dejarlo contento! A ti qué más te da, Cristina, que estamos muy necesitadas de hombre y le vamos a enseñar cómo j… el pueblo”.

 

«Se le escapa alguna sonrisa»
«Las visitas de Cristina se han convertido en el gran acontecimiento de la prisión, que las reclusas esperan con ansia para pasar un buen rato y salir de la rutina. Las funcionarias intentan acallar el alboroto sin mucha convicción. “Venga, va, tranquilas, ya está bien”, aunque según me cuentan, a la infanta, después de año y medio de visitas, a veces se le escapa alguna sonrisa».

 

«Competición de requiebros»
«Hay momentos en que parece que haya una competición de requiebros: “Menudo tiarrón del norte, Cristina. Si todo lo tiene tan grande, no te lo acabas en un par de horas… Mírala qué ansiosa va. Di que te dejen más tiempo”. Y otra: “Aunque no fuera duque nos lo tirábamos… Eso es un cuerpo y no el de la Guardia Civil”.

 

«¿Cuántos te ha echado?»
A la salida del vis a vis, que dura un par de horas en una pequeña habitación tipo hostal humilde, con dos camas y baño con váter, ducha y bidé, vuelven los comentarios a grito pelado: “¿Ya os habéis quedado descansados?, ¿le has hecho todo lo que te pedía?”. Y le preguntan a la infanta con simpática camaradería: “¿Cuántos polvos te ha echado, Cristina? ¿Tres, cuatro…? Esta noche le vamos a dar doble de cena para que se reponga…”.

 

«Libre, quiero ser libre»
Pero el tono cambia cuando la infanta sube al coche y se pierde en el espectacular atardecer velazqueño. Entonces las presas, algunas con condenas muy largas, cantan melancólicamente: “Libre, libre quiero ser/ quiero ser, quiero ser libre…”.

 

¿Le hace gracia a Urdangarin?
Mi informante me lo cuenta todo con amable benevolencia: “Hay que entenderlo. Es un hombre en una cárcel de mujeres. ¿Qué esperabas? Y encima un tío guapo como Urdangarin…”. Pregunto si a Iñaki le hace gracia esta situación: “Algo le distraerá, digo yo… Estar todo el día sin comunicarse con nadie es muy aburrido”.

 

Pregunto qué hace: “Aparte de acudir al Hogar Don Orione dos veces a la semana, recibe más cartas él solo que toda la prisión entera. Cada día le llega una saca. Intenta contestarlas todas. Escribe a mano muchas horas. Ahora, habla más con los funcionarios; de fútbol, por ejemplo. Y recibe bastantes visitas, de la familia y amigos, todos acreditados, claro está.

 

«¡Tiene una fortaleza mental increíble! Y sigue con el ejercicio, musculación, pesas, corre en el patio, bicicleta…”. Y, claro, así pasa lo que pasa: “¡Cristina, que tu Iñaki está muy bueno, uy, qué rico! Mmmh… es un chuletón vasco, no te descuides que nos lo vamos a comer entre todas”.

 

«¡El pibón de Brieva!»
Y otra información suculenta más: “Las reclusas han inventado mil subterfugios –de momento sin lograrlo– para verlo mientras se ducha. Antes le ponían mensajes picantes en las bandejas de comida y le tiraban papelitos al patio, aunque ahora está más controlado. Pero le siguen gritando piropos mientras se pasea: ¡Es el pibón de Brieva!”.

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