LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

La ‘sonrisa de ETA’: La estremecedora última foto en incorporarse al álbum de Pedro Sánchez para lograr la investidura

El Mundo: "La vía Frankenstein elegida por Sánchez está deparando imágenes insoportables, como la primera reunión parlamentaria entre el PSOE y los proetarras"

La 'sonrisa de ETA': La estremecedora última foto en incorporarse al álbum de Pedro Sánchez para lograr la investidura
Adriana Lastra y Rafael Simancas blanqueando, con caras de circunstancias, a Bildu, mientras que en las imágenes de abajo se les veía más relajados con Errejón, Baldoví y Rufián.

Pedro Sánchez se ha propuesto ser presidente del Gobierno, sin la coletilla en funciones, antes de que acabe 2019. ¿Y cómo lograr tal fin cuando el calendario apenas da ya margen para una sesión de investidura? Pues muy sencillo, apurar los días posteriores al 25 de diciembre de 2019 para poder celebrar el debate el 27 y el 28 de diciembre de 2019 (¡¡¡menuda inocentada!!!) y ser investido presidente en una segunda votación que sería el 30 de diciembre de 2019.

Como rezan este 18 de diciembre de 2019 muchos editoriales y columnas de la prensa de papel, a Sánchez no le importa ya sacrificar a sus peones, llámense estos Rafael Simancas o Adriana Lastra, para conseguir incluso que los herederos de la banda terrorista ETA, Bildu, le hagan el caldo gordo a este PSOE y le atornillen en La Moncloa.

Álvaro Martínez, en ABC, detecta en Sánchez a un sujeto que no tiene empacho en destrozar todo su discurso político con tal de lograr su fin:

A estas alturas es casi imposible encontrar un sujeto político que se haya dedicado con semejante encomio a destrozar su propio discurso político, a no dejar de él nada en pie, a reírse en fin y a la cara –¡que conste en acta!, dijo– de los españoles, a los que hace mes y medio prometía, por ejemplo, que iba a prohibir por ley los referéndum de independencia y ahora caldosea de manera ciertamente vergonzante con quienes montaron uno ilegal para acabar con la unidad de España.

Ignacio Camacho analiza con mucha ironía el carrusel de citas que tuvo el PSOE en el Congreso de los Diputados:

El día resultó una especie de «First Dates» político, una prospección en busca de nuevas amistades, una sesión como ésas que la tele ha puesto de moda en ciertos realities donde juntan a dos desconocidos en un restaurante. Nada serio, sólo ver si hay química, charlar de cómo ve cada uno la vida, la familia, los gustos y otras banalidades. Navegación de cabotaje; luego ya si eso habrá tiempo de volver a encontrarse con intenciones de una relación más cercana o hasta quién sabe si más estable. Quizás en esas charlas hayan descubierto mutuamente virtudes que permanecían ocultas tras los prejuicios. Que Torra, por ejemplo, no es el atroz Le Pen que el presidente creyó ver en aquellos panfletos impregnados de truculento supremacismo. O que los herederos del proyecto de ETA y los incendiarios de Barcelona son en el fondo buenos chicos.

El Mundo, más que preocupado por el entendimiento con Torra, lo que le pone de uñas es esa instantánea con los Bilduetarras:

Más allá del independentismo catalán, la vía Frankenstein elegida por Sánchez está deparando imágenes insoportables, como la primera reunión parlamentaria entre el PSOE y los proetarras. Que Bildu la haya valorado como «un paso en la buena dirección» lo dice todo. En su indigna huida hacia adelante nos preguntamos adónde va el candidato Sánchez. Y adónde nos lleva a los españoles.

Santiago González destaca también las caras de asco de Simancas y Lastra cuando se vieron forzados a recibir a Bildu:

De recabar los apoyos que necesita en el Congreso se están encargando ya, Adriana Lastra y Rafael Simancas, que irán pidiendo los apoyos de ERC, la CUP, el pequeño Errejón y Compromís, el BNG, Teruel Existe, el PRC, JuntsxCat, con Laura Borràs estrenando la imputación del Supremo (prevaricación, falsedad, fraude y malversación) y EH Bildu, con todo lo que le cuelga, que es la complicidad pasiva con los asesinatos de un puñado de socialistas: Gajate, Casas, Múgica, Buesa, Lluch, Jáuregui, Elespe, Priede, Pagaza y Carrasco. Algo debieron de pensar en ello Lastra y Simancas para que se les pusiera el gesto tan adusto en el momento de la foto.

En La Razón reflejan lo que sucedió en la jornada del 17 de diciembre de 2019 en el Congreso de los Diputados:

«¿Eres el senador Enrique Casas?» El que hacía la pregunta acababa de llamar a la puerta del domicilio del dirigente socialista y, ante la respuesta afirmativa, le dijo: «Soy Antxón el Grande», y le disparó. El asesino, Pablo Gude Pego, de los Comando Autónomos Anticapitalistas de ETA, también respondía al alias de «Gorilón». El recuerdo de Casas, un gran político; el de Fernando Múgica, abogado y dirigente del partido en el País Vasco, asesinado por Javier García Gaztelu, «Txapote»; y el de otros socialistas víctimas del odio etarra, no estaba presente ayer en la sala en la que otros socialistas se reunían con los sucesores del brazo político de la banda terrorista.

Su sonrisa lo decía todo frente a la cara de circunstancias de Simancas: ETA (que no ha desaparecido como «marca») lograba, por fin, con luz y toda la publicidad del mundo, su gran objetivo de escenificar una negociación de tú a tú con otros parlamentarios, nada más y nada menos que en el Congreso de los Diputados. Si los pistoleros de la banda asesinaron y causaron destrucción fue, entre otros objetivos, para que se les reconociera como interlocutores válidos. Lo lograron en conversaciones secretas, protagonizadas también por los socialistas, pero lo de ayer fue el sumun. Dirán los de EH Bildu que ellos no son de ETA y es cierto que no se les puede imputar pertenencia. Pero son los sucesores del que fue sentenciado como brazo político de los pistoleros.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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