MOSCÚ SIN BRÚJULA

De Tiflis a Marbella, pasando por el Valle de los Caídos (XLXVX)

De Tiflis a Marbella, pasando por el Valle de los Caídos (XLXVX)
Jorge de Bagration-Mukhraneli. PD

El 6 de enero de 1992, el desventurado Zviad Gamsajurdia consiguió huir hacia Azerbaiján a través de las líneas enemigas, pero se le negó el asilo.

Deportado a Armenia, con el fin supuesto de ser extraditado a Georgia, se le permitió refugiarse en Chechenia para no provocar mayores tensiones entre las ex repúblicas soviéticas.

Asumió el poder el aparatchik comunista comunista Eduard Shevardnadze, su inveterado rival, pero los enfrentamientos entre zviadistas y el nuevo gobierno, agravados tras la ocupación militar de Abjasia por los prorusos, desembocaron en una guerra civil en septiembre de 1993.

Gamsajurdia aprovechó el jaleo y ese mismo mes regresó clandestinamente a Georgia para organizar la resistencia contra Shevardnadze, estableciendo su base de operaciones en la ciudad de Zugdidi.

El 20 de octubre, sin embargo, Rusia envió tropas para sofocar la insurrección y el 6 de noviembre cayó Zugdidi.

El 31 de diciembre de 1993, Zviad Gamsajurdia fue hallado muerto de un disparo en la cabeza en la aldea de Khibula.

Entre la primera fuga de Gamsajurdia y su oscura muerte, pasaron muchas cosas en el Cáucaso. Casi todas muy dramáticas, pero algunas cómicas.

Dzhaba Ioseliani y Kitovani.

El mismo 7 de enero de 1992, mientras sus pistoleros celebraban con vodka el triunfo sobre los fieles de Gamsajurdia en la Avenida Rustaveli de Tiflis, en una abarrotada sala de la Academia de Ciencias, los mafiosos Ioseliani y Kitovani confirmaron oficialmente su intención de buscar un rey para sustituir al derrocado y alabaron al alimón la figura del general Francisco Franco.

«Creo que el Valle de los Caídos es algo magnífico, porque allí están enterrados los soldados muertos de ambos bandos», dijo Kitovani, sonriendo como si estuviera anunciando un dentífrico y sin dejar de tamborilear con los dedos sobre la mesa.

«Yo no voy a hablar del régimen, pero Franco fue capaz de unir a los dos lados de España.»

Ioseliani asintió con los ojos semicerrados, aspiró aire sonoramente y puntualizó:

«Franco me merece una excelente opinión, porque fue capaz de frenar la expansión del comunismo en Europa.»

La Cruz del Valle de los Caídos.

Esperamos a que la pareja hiciera una pausa en el reparto de besos y comentamos que Jorge de Bagration, descendiente de una modesta dinastía que reinó en Tiflis hasta 1801, año en que Georgia fue anexionada por el imperio zarista, había telefoneado a la redacción del diario ‘El Mundo’ en Madrid.

Desde su suntuoso chalet de Marbella, el «heredero» se ponía a disposición de las nuevas autoridades y se ofrecía gustoso a retornar para ser coronado rey.

«Todavía no estamos listos», respondió dubitativo Kitovani, buscando con los ojos la aprobación de Ioseliani.

«Pero en cuanto todo esté preparado, será bienvenido.»

El ex corredor de rallies Jorge de Bagration-Mukhraneli, hijo del príncipe Irakli y de la condesa italiana María Antonietta Pasquini, detentaba por aquel entonces un cargo de postín, amplio en protocolo y corto en sustancia, en el departamento de relaciones públicas de Fiat.

Jorge de Bagration-Mukhraneli, campeón de España de Rally 1981.

Al enterarse de la respuesta del golpista Kitovani, aceptó eufórico «la voluntad del pueblo» y se dispuso a esperar acontecimientos dedicado en cuerpo y alma a sus labores habituales: la contemplación y los baños de sol.

A principios de febrero de 1992, algunos georgianos debieron pensar que todo estaba listo, porque despacharon a España a Guia Chanturia y Temur Zhorzholiani, con la misión de llevarse a Tiflis a Irakli y David, los dos hijos de Jorge Bagration, y a su sobrino Juan.

Si Irakli no lograba adaptarse a las costumbres del Cáucaso y aprender el idioma, sería sustituido por David y en caso de que este chico tampoco saliera a su gusto, echarían mano de su primo Juan.

Era evidente que Chanturia y Zhorzholiani abrigaban la aviesa intención de saltarse a la torera a Jorge de Bagration-Mukhraneli y ofrecer el trono a sus incautos retoños.

loseliani y Kitovani, dos rendidos admiradores de Franco, pensaron que, si el enérgico «Generalísimo» había marginado al infante Don Juan y hecho rey a su hijo Juan Carlos, no había razón alguna para que a ellos no les funcionara un esquema dinástico similar.

Giorgi Bagration Bagrationi Mukhranbatonishvili y su padre, Jefe de la Casa Real de Georgia, SAR príncipe David Bagration-Mukhranbatoni.

Jorge de Bagration-Mukhraneli, que un mes antes telefoneaba derritiéndose en ansias de partir hacia Tiflis, saltó como una pantera.

En cuanto tuvo un micrófono a su alcance declaró, muy digno, que ni él ni sus hijos podían contemplar un viaje a Georgia hasta tanto no se normalizase la situación política.

Para redondear el ridículo «vodevil», entró en escena Paz Bagration Baviera, descalificando a su hermano Jorge y postulándose como candidata al trono.

Paz, dentista de la Seguridad Social española, era la única de la familia que en una ocasión había visitado tierra georgiana: como turista.

Viendo su corona en peligro, Jorge recordó que los Bagration no aplican la Ley Sálica, «por lo que las mujeres no pueden reinar», y esgrimió piadosamente su condición de «cristiano ortodoxo», algo que le distinguía de sus hermanos y era «fundamental a la hora de acceder al trono».

Para enmarañar todavía más la farsa, aparecieron unos «fervorosos monárquicos españoles» apoyando a Bagrat, el hermano menor de Paz y Jorge, sobre la base de que era bisnieto de Alfonso XIII y primo del rey Juan Carlos I de España.

Juan de Bagration-Mukhrani y la socióloga y exmodelo Kristine Dzidziguri.

Lo asombroso no era la pueril ambición de los hermanos Bagration, las intrigas o el hilarante navajeo familiar.

Lo realmente pasmoso fue que «salvadores de la Patria», como loseliani, Kitovani o Chanturia, estuvieran dispuestos a colocar en la jefatura del Estado de su agitado país a personas que no lo habían pisado jamás, que no hablaban el idioma y desconocían su atormentada realidad social.

Parecía increíble, pero en aquel torbellino que era la ex Unión Soviética había mucha gente convencida de que la sangre azul, como la de San Genaro, poseía propiedades taumatúrgicas.

Quede para la Historia que Jorge de Bagration-Mukhraneli, heredero marbellí del trono de Georgia, dos veces campeón de España de rallys y primo segundo del Rey Juan Carlos I, falleció en enero de 2008 en Tiflis a los 63 años de edad.

Su cadáver fue velado en el principal templo del país, la Catedral de la Trinidad, en una aparatosa ceremonia oficiada por el Patriarca de la Iglesia Georgiana, Ilias II.

Dos veces campeón de España de rallys, Bagration se fue al otro mundo sin cumplir su gran sueño: ser rey de la Georgia postcomunista.

Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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