(IV) JUAN PÉREZ ZÚÑIGA

‘Cocina cómica’: recetas con muchos huevos

'Cocina cómica': recetas con muchos huevos
Huevos de gallina. PD

Este no es un libro para cocineros, ni para esos ‘manitas’ que se lanzan como posesos a los fogones, porque se ha puesto de moda y lo ven en la tele.

‘Cocina cómica’, tal y como indica el autor, está destinado “a todo aquel lector que tenga costumbre de comer” y sobre todo, a los cachondos.

HUEVOS FRITOS

Para freir los huevos hace falta tener varias cosas:

  • -1.ª Huevos.
  • —2.ª Aceite.
  • —3.ª Lumbre.
  • —4.ª Sartén.
  • —Y 5.ª Paleta.

Los huevos han de ser precisamente de ave de corral y el aceite de hígado de aceituna.

La lumbre ha de estar caliente, la sartén sin agujeros en el fondo y la paleta provista de rabo.

El aceite puede ser sustituído por manteca. Y ésta ha de ser de cerdo, no de olivas.

La operación de freir los huevos no es pesada ni difícil. Sin embargo, no todos los seres humanos la saben realizar.

Hay muchos académicos que no saben freir más que la lengua castellana, y algunos personajes políticos que ni siquiera saben lo que son huevos.

Pues bien: después de encender la lumbre y tener sobre ella aceite hirviendo, se coge un huevo con cáscara (pues sin ella no se le podría cascar).

Se le maltrata contra cualquier objeto duro, y colocándole en alto sobre la sartén y separando cada una de las dos mitades con cada una de las dos manos, ¡pal! se dejan caer las entrañas del huevo dentro de dicha vasija, porque si caen fuera es probable que no quede bien frito. La yema queda en medio dándose tono y la clara la guarnece alrededor metiendo un ruido infernal y levantando ampollas á su contacto con el aceite.

En tal momento es cuando la paleta cumple su misión en este valle de lágrimas. ¿Cómo? Recogiendo la clara para que no se divorcie de la yema, y rociando de aceite todo el huevo con la mejor intención.

El huevo, por su parte, sigue tan calentito y escandalizando como una fiera, hasta que, decretada su libertad provisional, se le saca del baño con la susodicha paleta y se le pone encima de un plato (nunca debajo).

Inmediatamente se repite la operación con otro huevo y se le coloca después de frito al lado del primero, encargándoles á uno y á otro que se lleven bien y no riñan, pues los huevos están destinados á presentarse en el mundo por parejas, como la Guardia civil.

Á nadie se le ocurre pedir un huevo, ni tres; ha de ser un par.

Esto no quita que un vecino mío se coma siete huevos para desayunarse. Y si son fresquitos, del día, y procedentes los siete de una misma gallina, mejor que mejor.

Bien es verdad que se los come con otros tantos panecillos.

 

HUEVOS Á LA MORENITA

Este plato, que tiene por cierto un título muy chocante, ha salido todo él de la cabeza de un tal Domenech (q. D. g.), cocinero catalán é inspirador espontáneo de muchas de las recetas que contiene el presente libro (q. D. g. también).

Atengámonos á la receta aludida.

Se toman dos pimientos pornográficos (ó sea verdes) y dos charlotas de tamaño natural y se les pasa á cuchillo hasta dejarlos hechos una especie de pasta vegetal simpática, la cual habrá de resignarse á ingresar en una sartén, acompañada de 50 gramos de Tetuán (¿querrá decir de tuétano?).

Mientras se fríe la pasta, se coge una modesta pero honrada cuchara de palo, con ella se le da al contenido de la sartén unos cuantos meneos y en cuanto la pasta empieza á sofocarse, ¡cataplún! se la riega con un vaso de Madera, de vino de Madera seco.

Se le deja que humildemente se reduzca á la mitad y entonces se le agregan para honra y gloria de Dios un vaso de salsa de tomate ruboroso, otro de juego de carne (debe de ser jugo), una hoja de laurel, azafrán disoluto, pimienta y sal.

Á los diez minutos se retira la salsa á descansar. Y ya tenemos la salsa preparada.

Ahora vamos con los huevos.

Cada uno lleva un costrón de pan. ¿Que cómo se hace el costrón?

Pues muy sencillo. Coges miga (la corteza para el nuncio); cortas ocho pedazos de un centímetro de altura y seis centímetros cuadrados de superficie.

Les haces un agujero en medio y por allí les metes un huevo. Les das un baño de placer en leche pura, los barnizas con yema y los echas á freir con manteca de vacas auténticas.

Quince minutos antes de servir los costrones y cuando hayan experimentado ya la introducción del huevo correspondiente, los colocas en un plato y los cubres cariñosamente con la salsa mencionada.

Con esto y con que pasen cinco minutos más enchiquerados en el horno, ya están listos los huevos para volver locos de gusto á los comensales más tranquilos.

Y ahora preguntarás: ¿Por qué se llaman Huevos á la Morenita?

¡Oh! Este un misterio culinario difícil de explicar.

HUEVOS MOLLETS

Fantasia sobre motivos de una receta del insigne cocinero Mr. Domenech, para seis comensales.

Ante todo se arma uno de paciencia y de acederas para hacer una especie de cataplasma, que se compondrá de 60 hojas «cosidas» (cocidas debe decir, porque si no resultaría un folleto).

«Se pondrán á cocer diez minutos (¿cómo estarán los minutos cocidos?) y después se colarán por un colador.» (Colarlos por otra cosa, verbigracia, por una bandurria, sería un desatino.)

«Se pican las hojas (¿unas á otras?), después de bien escurridas, sobre una mesa, y ya tenemos hecha la pasta.»

«Esta se pone al fuego en una cacerolita con 25 gramos de manteca de vacas ilustres, sal, pimienta y raspaduras y enmiendas de nuez «mascada» (debe ser moscada).

Puesta la pasta en movimiento con una espátula (ó en su defecto con una badila), se le agregan dos yemas y medio vaso de nata.

Hecha así la pasta, se la retira de la lumbre; pero para que no se resfríe se la lleva al consabido balneario de María, tapando la cacerolita con un pedazo de papel de barba (que puede afeitarse si conviene).

«Diez minutos antes de servirse este plato, se pondrán los ocho huevos que corresponden á los seis comensales (me parecen pocos huevos) en un cacharro con agua hirviendo, donde permanecerán, mal que les pese, durante cuatro minutos justos.»

Dice la receta que han de estar frescos, pero no se sabe si esto se refiere á los huevos ó á los comensales. Se les quíta la cáscara (esto va con los huevos, seguramente) cogiéndolos con una servilleta (nada más que con una), y sobre el pantano que se haya formado con las acederas se colocan, cual leves barquichuelas, los mencionados huevos, rodeando la fuente de tostaditas de pan ó cualquier otra cenefa frita por el estilo.

Termina la receta advirtiendo que al preparar los huevos mollets deberá obrar el cocinero con cuidado y ligereza; pero nos parecería más oportuno que esto lo dejase para después.

HUEVOS Á LA TRIPA

Cuézanse los huevos hasta que se les queden empedernidas las entrañas.

Quíteseles la cáscara como cosa despreciable y ruín. Divídase cada uno de ellos en dos partes iguales y déjeseles tranquilos en un recipiente cualquiera mientras se confecciona la béchamel, conocida por besamela, en las cocinas de medio pelo.

Con un poco de manteca de vacas naturales, que no esté muy caliente, se mezcla una cucharada de harina, para evitar que todo sea mohina en el plato, y se hace una masa muy compacta, procurando que no se gorulle, porque lo de formar gorullos no es propio de masas bien nacidas. En esta salsa se va echando leche blanca cocida al fuego hasta que adquiera un espesor decoroso la béchamel.

Añádasele perejil picado, nuez de mosca molida y unos cogollitos de lechuga librepensadora.

Á todas estas cosas se les deja cocer en la salsa procurando no  molestarlas mucho. Se la ponen los huevos encima y… san se acabó.

¿Por qué se llaman huevos á la tripa? Lo ignoro. Sólo sé que constituyen un plato de esos que nos incitan á la dulce tarea de chuparnos los dedos uno por uno.

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