ARTÍCULO EN LIBERTAD DIGITAL

Losantos receta a PP y C’s esta fórmula para aniquilar al Gobierno social-comunista: «Estamos antes con Abascal que con Otegui»

"El acierto de Arrimadas, por virtud o necesidad, ha resucitado el error habitual del centrismo 'guay', que se deleita despreciando a Vox"

Losantos receta a PP y C's esta fórmula para aniquilar al Gobierno social-comunista: "Estamos antes con Abascal que con Otegui"
Federico Jiménez Losantos, Santiago Abascal y Arnaldo Otegui.

Federico Jiménez Losantos analiza este 2 de febrero de 2020 la propuesta para que Partido Popular y Ciudadanos concurran juntos a los próximas citas electorales, las de Cataluña, País Vasco y Galicia.

En su artículo de Libertad Digital profundiza sobre esta alianza y considera que parte de un error aún subsanable, el de no arrinconar a VOX en esa ecuación electoral:

En una guerra de verdad, aunque se libre en las alcantarillas de la corrupción judicial y mediática, como la declarada por el Frente Popular Separatista a la Nación y a la Constitución españolas, uno no elige a sus aliados, sino a sus enemigos. En la Guerra de la Independencia, la España leal a sí misma, no eligió a Wellington como aliado sino a Napoleón como enemigo. Los ingleses no vacilaban en destruir las fábricas que dejaba la gabachada genocida, a la que algún analfabeto todavía llama Ejército de las Luces, la Ilustración y la Enciclopedia, pomposa fatuidad antiespañola. No: los españoles sabían que a Inglaterra le interesaba combatir a Napoleón en suelo extranjero, siempre mejor que el propio, y siendo nuestro el campo de batalla, se aliaron con la armada que destrozó en Trafalgar a la española cuando era aliada de Francia. La guerra es así: enemigo común, aliado fijo. Eso, si se toman en serio la guerra, el peligro y al enemigo. Si no, a morir.

Apunta que el rival más necesitado ahora es Ciudadanos:

Suele ser el más débil de los amenazados el primero que busca la alianza contra el enemigo común, y de los tres partidos nacionales con dimensión estatal, el más débil ahora es Ciudadanos. Antes lo era el Vox que aspiraba a un escaño; y, antes aún, el PP salido de la fosa de Rajoy. Si no sale la moción contra él y no se queda pasmado, Rivera hubiera ganado las elecciones. Pero, errores aparte, en un proceso revolucionario todo va muy deprisa, y en estos tiempos velocísimamente desinformativos, más.

Ahora, el que necesita el acuerdo que despreciaba es Ciudadanos, el que se hace el interesante es el PP y el que se desentiende del problema es Vox. En menos de dos años, todo ha cambiado, porque España está patas arriba. Pero los tres partidos españoles siguen a lo suyo, con sus directores de comunicación incomunicándolos, sus miniencuestas o focus dejándoles engañarse, y con la guardia de sus líderes convenciéndoles de que todo irá bien si no hacen nada con los demás, porque el futuro, en solitario, es suyo.

Tiene claro que de seguir PP y Ciudadanos por una senda y VOX por otra, el régimen socialcomunista se perpeturará:

La verdad es que ninguno de los tres tiene futuro en un cambio de régimen. Vox les viene estupendamente a socialcomunistas y separatistas, porque su pin, que nadie sabe qué es, salvo que lo usa la Izquierda, presenta como problema esencial un conflicto de costumbres y no la vida o muerte de la integridad nacional y constitucional. Nunca un grupo tan pequeño como el asociado a Hazte Oír tuvo tanto poder en la Derecha ni favoreció tanto a la Izquierda apartándola de lo esencial. Por supuesto, hay gente de buena fe convencida de que Vox está dando la batalla que no dan PP y Cs en el ámbito de los valores y de las libertades españolas y occidentales, con el marchamo histórico español del catolicismo no sólo como fe teológica, sino como argamasa secular y cultural de la nación.

Esto es, en muy buena parte, cierto: PP y Cs se han rendido en parte a la Izquierda. Pero mucho antes de que existiera Vox, otros veníamos ya haciendo la guerra al marxismo cultural. Vox no está haciendo eso, porque no tiene fuerza, ni ideas, ni estrategia. No puede dar batalla alguna, las pierde todas sin llegar a combatir porque así le interesa a la Izquierda que parezca que sucede. Pero no sucede en absoluto. Es pura fantasmagoría.

Critica a VOX por dejar en el limbo a excelentes intelectuales que se unieron al partido:

Vox ni siquiera utiliza a los intelectuales que hace un año se unieron a su aventura patriótica. Ni Francisco José Contreras, ni Barbadillo, ni el otro Iván, ni Marco: en la televisión sólo salen cuatro, que son tres y, en realidad, dos. Con Abascal propenso al eclipse, compensado con el baño episódico de masas, la felicísima pareja de Iván y Rocío acapara más del 90% de la presencia mediática del partido. El otro 10% es para Ortega Smith, siempre bien orientado, pero a menudo desacertado. No es que lo que digan esté mal, pero siempre lo dicen los mismos, y siempre parecen encantados de haberse conocido y de ser los malos para los malos. ¿Piensan que, si realmente les dañaran, los medios de Izquierdas les darían el espacio que ahora les brindan y que antes les negaban?

Subraya que a los medios solo les interesa de VOX la anécdota chusca, no sus grandes principios:

De Vox como partido sólo sale lo estridente, anecdótico o impopular por minoritario, nunca lo que tiene de causa común con los partidos que también defienden lo que quiere destruir la Izquierda: el régimen nacional y constitucional. Pese a todo, sigue siendo, por tiempo limitado, el banderín de enganche limpio al que se aferra una parte alarmada de la sociedad, un tanto a la desesperada, porque no confía en los partidos que conoce y que no le sirvieron. ¿Les sirve Vox? Moral y personalmente, sí. Políticamente, no.

Matizo: en la batalla cultural cotidiana, en el menudeo diario, Vox suele decir lo que otros no se atreven a decir o dicen a medias. Pero, en conjunto, favorecen la imagen que quiere la Izquierda: la de una Derecha sin unión posible. Algo, por desgracia, que es absolutamente real. Y algo peor: una situación en la que los tres partidos se sienten cómodos. No sus bases sociales, que ven que se nos lleva la riada, pero sí el aparato de cada partido, que vive de ver la paja en el ojo ajeno y nunca la viga en el propio.

Losantos opina que es momento de dar pasos en positivo, de que el centro-derecha en España sume de una vez por todas:

Tan bien le va al Frente Popular Separatista, pese al mayor desastre de gestión que recuerda nuestra Historia desde la II República, que han ido más allá de sus fuerzas y, viendo a la Moncloa esclavizada, han entrado en la clásica guerra civil catalana para ver quién es el catanazi que manda. Eso brinda a los partidos del centro-derecha la oportunidad de reorganizarse y hacer un frente común para defenderse ellos mismos y a lo que representan. Y en Cataluña, como le correspondía, Ciudadanos ha dado el primer paso.

La reacción del PP ha sido lamentable, al menos al principio. Casado respondió que ellos, o sea, él, llevaban un año pidiéndolo, que les habían negado grupo en el parlamento catalán y que, por fin, recapacitaban. Luego rectificó la forma y el fondo, dejó de recrearse en la mezquina suerte del rencor y pareció dispuesto a pactar, ayudado porque el liderazgo del PP catalán, con Alejandro Fernández al frente, está sensatamente encantado con el pacto. Ellos viven diariamente y juntos su condición de maltratados por las bestias salvajes, ellas sí, de ese separatismo callejero, mediático y parlamentario que busca su exterminio. Y sigue sin abordarse el caso del PP vasco, en el que siguen mandando los sorayos, por una sola razón: porque Casado no se anima a refundar lo que fue una entidad fuerte, mártir y admirada por todos. ¿Hay alguien que admire hoy a Alfonso Alonso? ¿Cree Casado que semejante liderazgo puede alimentar nuevas vocaciones?

Le mete el miedo en el cuerpo al reticente Feijóo:

Mucho peor, aunque también rectificable, ha sido la respuesta de Feijóo. Hace un mes daba por hecho que, si había tres candidaturas, perdía. Ahora le han dado una encuesta en la que gana solo, porque buena parte del PSOE le votaría. Y él se la ha creído. Y desprecia a Ciudadanos, como si cada voto en Galicia no contase, como de costumbre, para alcanzar una mayoría que estará cerca o no, pero nunca tendrá segura. Y en una campaña en la que la acorazada mediática golpista buscará su aplastamiento a toda costa, para abrir un tercer frente separatista, con el vasco y el catalán, que haría casi imposible la defensa de España. No sería la primera vez que un líder del PP se suicida por una encuesta amable. Esta podría ser la última.

Insiste el director de ‘Es la Mañana de Federico‘ (esRadio) en algo esencial:

Pero el acierto de Arrimadas, por virtud o necesidad, que tanto da, ha resucitado el error habitual, letal ya desde Rivera, del centrismo ‘guay’, que se deleita despreciando a Vox. Mi muy querido Jorge Bustos, cegado en vez de inspirado por la cercanía centrista, ha dicho que ese pacto PP-Cs está muy bien… siempre que empiece por romper con Vox. Le ha faltado pedir su ilegalización, parte ineluctable del programa Sánchez-Iglesias. Es justo al revés. Cuanto más legitimen el PP y Cs a Vox, su aliado forzoso ante el enemigo común, más fácil será recuperar ese millón de votos de Cs que prefirió abstenerse, o sea, votar contra la inoperancia de Rivera, antes que preferir otro partido. Y, ojo, el menos preferido fue el PSOE, no Vox.

Y remacha con un consejo capital que tanto PP y Ciudadanos deberían de tener siempre presente en sus oraciones:

Copiar en el centro-derecha la superioridad moral de la izquierda, que parte de la satanización de Vox, no perjudica al partido de Abascal, pero sí a la causa nacional y constitucional que comparte con PP y Cs. Lo que debería repetir más a menudo la gente del PP y de Cs es que Vox es un partido nacional y constitucional, mientras que el PSC y el PSOE no lo son, y sus aliados, mucho menos. Basta repetir: estamos con Abascal antes que con Otegui; las izquierdas prefieren a Otegui en vez de a sus víctimas, pero nosotros sabemos quiénes son nuestros enemigos y buscamos aliados para derrotar el golpe de Estado. Tan fácil como eso. Si hubiera costumbre.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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