EL ESCÁNDALO 'LACAMBRA' Y EL PERIODISMO DE IZQUIERDAS

Ferreras consuela a Antonio Maestre, hundido por el escándalo del perfil ‘fake’ que ocultaba las mentiras de Sánchez

Maestre se inspiró y promocionó un perfil falso creado para exculpar al Gobierno

El 14 de marzo el estercolero digital de Antonio Maestre creó un perfil falso de un supuesto periodista llamado Miguel Lacambra para defender las consignas gubernamentales. Le engordaron con miles de seguidores Twitter, publicaron un artículo «suyo» en La Marea… hasta que hoy se descubre el pastel y borran el perfil.

Traducimos con la ayuda de Cristián Campos: Maestre se inspiró y promocionó un perfil falso creado para exculpar al Gobierno y difundir información manipulada, con apariencia «científica», en medio de una epidemia que ya se ha cobrado más de 4.000 vidas.

Este escándalo no ha sido obstáculo para que Antonio García Ferreras llevara como colaborador a Antonio Maestre a ‘ARV’ el mismo día que se destapaba que el digital donde trabaja el periodista creó perfiles falsos para defender al Gobierno comunista. Pudimos ver a un Maestre perdido, al que le costaba enhebrar frases y que no despegaba la mirada del ordenador.

PERIODISMO ACITIVISTA Y REACCIONARIO

Miguel Lacambra y la mentira de los científicos sobre el coronavirus son las dos caras de un mismo problema: la izquierda al abandonar la razón y sustituirla por una dictadura de las emociones y explosión de infantilismo estableció desde su supremacismo moral la supresión del trámite del argumento —no vamos a perder el tiempo discutiendo con fascistas. Cómo constató hace más de 20 años Virginia Postrel en un libro titulado ‘The Future and his enemies’, la izquierda rompió con su tradición ilustrada y se volvió contra el progreso científico.

Son profundamente reaccionarios: odian la constancia de la dinámica de los mercados, la innovación tecnológica, el intercambio cultural. Postrel les llamó ‘estáticos’. Opuestos a los estáticos están los dinamistas, que valoran el aprendizaje, el descubrimiento y el mejoramiento. No quieren imponer una visión, sino sólo poner las reglas que permitan competir a las diferentes visiones.

Es como si en determinado momento la izquierda haya dicho: a partir de ahora la verdad la estableceremos nosotros a través de la mentira. “El conocimiento serio es juzgado como chamanismo humanitario”, afirma Félix Ovejero en su libro ‘Sobrevivir al naufragio’. Cualquier mención a los datos se considera como una agresión. Todo vale, menos lo censurado por los vigilantes ideológicos. Y aquí es donde Ovejero llama la atención sobre los ‘científicos’.

Pensemos en Fernando Simón y su jersey con bolitas. Simón está intimidado por sus logros ya no tendrán que ver con la verificación de la verdad sino en superar la inquisición reaccionaria, la censura y el ostracismo. Si Simón desafía al poder político, se quedará sin presupuestos para investigación. Eso no solo le conducirá a la autocensura sino también a la mentira. Es otro tipo de virus, el virus oscurantista.

Cuando se les señala por mentirosos, derrochan descalificaciones y victimismos cuando no el insulto más barriobajero como ayer Antonio Maestre llamando ‘hijos de puta de la peor condición’ a los que desvelaron la mentira detrás de Miguel Lacambra. Nunca dirán ‘eso es falso’ sino ‘eso me ofende y por tanto no puedes opinar’. Se dio el caso de una revista científica de estudios de género a los que les colaron un artículo trampa lleno de falsedades a posta y en lugar de pedir perdón por su publicación arremetieron contra los que les dejaron en evidencia con una campaña por manipulares y dejarles traumas irreversibles.

El jersey con bolitas proviene de una ciencia profundamente irracionalista y oscurantista, y de ese mismo palo provienen los Badiola, los Newtral y hasta algunos desde las cloacas del periodismo tuitero como Rubén Sánchez de FACUA.

Se manejan con soltura en las televisiones porque son campechanos, amenos pero sobre todo porque son maestros de la propaganda. Y saben que enfrente tienen a una audiencia ansiosa por consumir ideología, verdades prefabricadas, productos de oídas. Se trata del peor campo para la razón, dice Ovejero, abonado por el sectarismo y la chatarra intelectual. Allí no tienen nada que hacer frente a los vendedores de burras del coronavirus. Y del otro lado estamos los que nos dedicamos a la ingrata tarea de desmontar sus supercherías.

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