OPINIÓN / Torra pide que el Rey se excuse por la muerte de Companys

Alfonso Ussía: «Perdón, perdón»

Torra, ese hombre tan raro y antipático, ha pedido que el Rey y Sánchez se excusen por la muerte, mediante fusilamiento, de Companys. Lo cierto es que Sánchez sí es capaz de excusarse, como lo ha sido de dar el pésame a Bildu en el Senado por el suicidio de un terrorista en la cárcel de Martutene.

Martutene está a muy pocas millas de San Sebastián, río Urumea arriba, y es un lugar feo. Companys, golpista y asesino de miles de catalanes, no pidió disculpas a los familiares de sus víctimas. Fue condenado por la Justicia de la Segunda República a 30 años de prisión, posteriormente indultados. Huyó de España cuando la derrota del bando soviético-español se cantaba, y posteriormente fue entregado a los vencedores, que lo juzgaron por sus crímenes y lo fusilaron en el castillo de Montjuich.

Eso sucedió recién finalizada la Guerra Civil, cuando Sánchez no había nacido y el padre del Rey tenía dos años. Entre las tropas nacionales que tomaron Barcelona, una Barcelona que salió a las calles para vitorear a las columnas del Ejército vencedor, figuraba el Alférez del Requeté Antonio Mingote Barrachina, todavía llamado Ángel Antonio, uno de los grandes genios de España de los siglos XX y XXI.

Mingote, aragonés de Daroca, I Marqués de Daroca por gracia del Rey Juan Carlos I, nació en Sitges.

Su padre, Ángel Mingote, notable músico, era el Director de la Banda Municipal de Sitges. Y a los Mingote les sorprendió la guerra en Cataluña. Al padre en Sitges, y a su madre, Carmen Barrachina, descendiente de románticos carlistas, en su casa de la calle Muntaner. Mingote sentía adoración por su madre, y tres días antes de la ocupación de Barcelona por el Ejército Nacional, pidió permiso al Coronel de su Compañía para bajar a Barcelona y abrazar a su madre.

—Mingote, ¿Se ha vuelto usted loco? ¿Cómo le voy a permitir que tome Barcelona en solitario?
—En solitario, no, mi Coronel. Me acompañará mi asistente.

El Coronel le concedió un permiso irresponsable.

-De acuerdo, baje a Barcelona, abrace a su madre, y suba inmediatamente. Y no me hago responsable de lo que pueda sucederle.

Y el Alférez Mingote, acompañado de su asistente, tomó Barcelona. La gente por la calle reaccionaba de manera diferente cuando apareció el apuesto oficial con su boina carmesí con la estrella de seis puntas. Muchos se apresuraron a abrazarlo, y otros corrieron despavoridos al grito de “¡Han llegado, los franquistas han llegado!”. Nadie se opuso.

En la casa de sus padres, cerrado el portal a cal y canto. Golpeó la puerta. Y apareció la portera.

-¡Angel Antonio,! Por Dios, ¿Qué haces aquí?
– He venido a ver a mi madre.
-Doña Carmen salió hace unos días y está en Sitges.

Con la misma educación que tomó Barcelona, la volvió a entregar. Tres días más tarde, la ocupó con el resto de las tropas. Sin disparar un tiro, un Alferez del Requeté del Ejército Español, tomó Barcelona y la devolvió con la buena educación y cortesía que le acompañaron de por vida.

Torra tampoco había nacido. Ni Puigdemont. Ni Lluis Llach daba el coñazo con sus baladas.

Y ahora Torra pide que el Rey se excuse por la muerte de Companys.

Resulta divertido el atrevimiento. Están mochales. Y hoy, 11 de septiembre, como todos los años, celebran cabreadísimos la Diada. Lógico enfado porque festejan una derrota monárquica. La de los partidarios del Archiduque Carlos para reinar en España y la victoria de los leales a Felipe V, primer Rey Borbón, que se hizo más español que unas castañuelas. En el asedio final a Barcelona, Rafael de Casanova fue detenido, tratado con respeto, rehabilitado y mancillado por los separatistas con la mentira. Era un gran español.

De haber vivido en tiempos de Companys, habría sido detenido, encarcelado y fusilado por las turbas separatistas.

Por eso se enfadan en la Diada. Guerra de Sucesión. Derrota del Archiduque. Victoria de Felipe V, y Blas de Lezo perdiendo un brazo del impacto de un mortero. Cuando se celebra una incoherencia, el enfado está presente. Y se piden muchas soplapolleces, como la de Torra exigiendo al Rey que se disculpe por la muerte de Companys.

Sánchez lo hará. Tiene que sacar los presupuestos y los votos del mercadeo son indispensables.

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Autor

Alfonso Ussía

Columnista de opinión en las más prestigiosas cabeceras nacionales, ha obtenido, entre otros, los premios González Ruano y Mariano de Cavia de periodismo, el Jaime de Foxá de literatura cinegética, el Baltasar Ibán de periodismo taurino, el Fíes y la Pluma de Oro del Club de la Escritura.

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