"¿ME APLICARÁN LA LEY DE MEMORIA DEMOCRÁTICA POR DECIR ESTO?"

Alfonso Ussía: «Abanicos»

Las extravagancias legislativas de nuestros soviéticos, me han llevado a la más completa confusión.

A estas alturas de la cosa, confundo la Ley de la Memoria Democrática con la de Ideología de Género, de tal modo, que si escribo que Victoria Kent tenía aspecto de machorra, o que el moño de Pablo Iglesias es una primera aproximación al vaivén del culeteo, ignoro qué infracción de Ley puede demandarme la Justicia a petición de la Fiscal General con Baltasar acoplado.

Lo del moño, es sospechoso. En su brillante Diccionario Secreto, don Camilo José inserta la siguiente cuarteta.

“Mujer que al andar culea/ y al mirar sus ojos mece/ yo no digo que lo sea/ pero sí que lo parece”.

Creo que su autor es Bretón de los Herreros, gran amigo del pianista Juan Arango, que hoy pasearía sus melancolías en prisión. “A Juan Arango, pianista de gran fama/ decía la otra noche cierta dama:/ ¿No me toca usted nada/ para hacer llevadera la velada?/ Y complaciente, Arango/ por tocarle algo, le tocó el fandango”.

El siguiente paso del moño, es el uso del abanico. El varón en España siempre ha aliviado los calores con el somero airecillo de los programas, pero jamás con abanicos.

El Duque de Alba consorte, Jesús Aguirre, acudía a los toros con un abanico y se refrescaba a gusto. Adelantado a los tiempos, siempre inmersos en la gama cromática del lila al morado. E incluso en los restaurantes, se abanicaba de vez en cuando para dejar constancia de sus golpes de calor.

Fue un gran impostor, inteligente, culto y dotado de una gran alforja de cinismo. Pero no pegó con un palo al agua. Se encontró la Casa de Alba en perfecto estado, gracias al primer marido de Cayetana, Luis Martínez de Irujo y Artazcoz, que puso en orden el patrimonio de Alba y en marcha su Fundación.

Aguirre, hay que reconocerlo, tenía ingenio. En una comida que compartimos, le preguntó Antonio Mingote:

-¿Qué tal está Cayetana-. Y Aguirre le respondió: -Está pesadísima, Antonio, y con un humor infernal. Tanto que me he visto obligado a advertirle, que si sigue tan pesada, no tendré otra opción que expulsarla de casa-.

Y se aireaba con su abanico, aquel día lila flor de lavanda.

El abanico siempre ha sido, además de alivio contra los calores, un lenguaje femenino. Mi abuelo materno, el comediógrafo don Pedro Muñoz-Seca, asesinado por el Frente Popular en Paracuellos del Jarama, interpretó de esta manera el idioma del abanico.

El Abanico completamente abierto y junto al pecho: ¿Por qué no se decide usted? Mi corazón está libre.

El abanico agitado lentamente: “Le quiero a usted”.

Agitado con fuerza: “Le amo a usted con pasión”.

Cerrado rápidamente de un solo golpe: “Inútil intentarlo. Mi corazón está comprometido”

Cerrado rápidamente de un solo golpe, y golpeando con el abanico cerrado la mano libre: “¿Por qué su familia no tiene dinero?”

Cerrado lentamente, varilla por varilla: “Espere usted”.

Cerrado contra los labios: “Mi padre no me permite amarle a usted”

Pasado de una mano a la otra:” Le espero mañana en El Retiro”

Abierto completamente sobre la boca. “Sea usted más prudente”.

Cerrado y abandonado sobre las rodillas o el balcón del palco: “ Mi corazón ha muerto. Ya no le amo a usted”.

Introducido en el bolso: “Espero de su señorío para no contar a nadie lo que ha pasado entre nosotros. Me caso”.

Tiempos aquellos. Pero no tan lejanos. Y a mí, personalmente, el abanico me sigue pareciendo un artilugio femenino, como el pay-pay y similares.

El Moños está a un paso. Besa en la boca a los hombres como los soviéticos. Pero Brezhnev, Andropov, o Gorbachov lo hacían por costumbre establecida.

El Moños siempre va más allá. De ahí que persista en mi confuso dilema. Si escribo que está comportándose con excesiva ricura capilar, ¿se me aplicaría la Ley de la memoria Democrática, la de la Ideología de Género, la de Peligrosidad Social o la de Tráfico?

Nena, lo que se dice, Nena, no anda muy lejos.

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Autor

Alfonso Ussía

Columnista de opinión en las más prestigiosas cabeceras nacionales, ha obtenido, entre otros, los premios González Ruano y Mariano de Cavia de periodismo, el Jaime de Foxá de literatura cinegética, el Baltasar Ibán de periodismo taurino, el Fíes y la Pluma de Oro del Club de la Escritura.

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