MASAJE AL GOLPISTA FUGADO EN LA CADENA PÚBLICA

El Quilombo / Gemma Nierga lloró por Ernest Lluch y ahora llora por el golpista fugado Puigdemont, socio de los herederos de la ETA

Tras su salida de la Cadena SER, la periodista catalana Gemma Nierga, la RTVE soviética de Rosa María Mateo y Enric ‘Lucifer’ Hernández fichaba a la periodista para dirigir una nueva sección diaria en La Mañana de Radio 4, de Radio Nacional de España (RNE) titulada «Un café de ideas».

Nierga, una periodista que lleva años intento seducir al separatismo desde la izquierda más acomplejada, era la apuesta de Hernández para recuperar audiencia en Cataluña.

Nierga no tiene problema en manifestar su amistad con golpistas presos como Jordi Cuixart. «Me gustaría mucho. Lo que ha hecho no merece dos años de prisión preventiva», ha afirmado en una entrevista en ElNacional.cat.

“Con Cuixart nos hemos hecho amigos, y no le conocía. Mira, no me mojaré mucho sobre lo que tiene que pasar. Ya tenemos a mucha gente opinando sobre el tema, en un sentido o el otro. Pero personalmente, sí que te puedo decir que querría que la sentencia absuelva a Jordi Cuixart. Me gustaría mucho”, afirmó en una entrevista.

Ella siempre ha hecho gala de esa equidistancia que en la SER hizo escuela (basta recordar los casos de Francino, Gabilondo..) pero si Hernández la eligió es porque como dice el dicho los hombres neutrales son los aliados del diablo.

RTVE redobló la apuesta y anunció que esta temporada el programa de Nierga por primera vez iba a emitirse simultáneamente de 08:00 a 10:00 horas en La 2 y Radio 4. El resultado fue un estreno con una cuota de pantalla del 0,1%, con nada más y nada menos que 1.000 espectadores delante del televisor. Patético.

La entrevista fue amable, incluso Nierga estuvo cariñosa —“Enhorabuena por el éxito total de ventas de sus libros”— y no puso en apuro en ningún momento al golpista fugado. Nadie esperaba otra cosa. La prensa untada del golpismo ha salido a defenderle: “Nierga ha cometido el peor pecado: entrevistar al eurodiputado Puigdemont, a punto de cumplir 3 años lejos de Catalunya intentando evitar la represión del estado español”. Ahora es una de los suyos.

Pero las audiencias de Nierga son lo de menos porque a Moncloa le importa más sus golpes de efectos más que el share. En Moncloa saben que TVE es un medio zombie pero como todo lo hace genera polémica, “aprovechemos esas controversias a nuestro favor para mover el braserillo”.

Y Nierga es ideal porque simboliza a esa izquierda comprensiva con el separatismo. Mucho antes de que Évole se hiceira selfies con Otegia, Nierga ya estaba insultando a las vícitmas como cuando hace 20 años aprovechó su intervención en el acto de condena por el asesinato del ex ministro de Sanidad Ernest Lluch, al que miembros de la banda terrorista ETA descerrajaron dos disparos a bocajarro en el garaje de su casa, para pedir que el Gobierno negociara con los terroristas.

«Estoy convencida de que Ernest, hasta con la persona que lo mató, habría intentado dialogar; ustedes que pueden, dialoguen, por favor», dijo la periodista al concluir la lectura del discurso oficial. Buena parte de los políticos que habían encabezado aquella manifestación, celebrada en noviembre de 2000 en Barcelona, se quedaron petrificados al escuchar estas palabras.

En octubre de 2019, Gonzo reunió a Rosa, la hija de Ernest Lluch (que ahora militante en Podemos) y a Gemma Nierga para hablar de la situación en Catalunya. Era la imagen de la rendición, de la vergüenza. La hija de Lluch en las filas de los amigos de los herederos de lo que mataron a su padre poniendo rostro amable y cariñoso de la izquierda guerracivilista.

«Tengo la sensación que desde hace unos años hay interés por presentar Catalunya dividida en dos bandos. Cuando en realidad no lo está. Hay un bando claramente independentista, otro claramente no independentista y después una inmensidad de personas que piensa cosas distintas con matices y no están alineadas en ningún lado», dijo Rosa.

«La actitud del equidistante, —como ha escrito Albert Boadella— en contra de lo que quiere aparentar, jamás aporta concordia y libertad a una sociedad. Jamás ayuda a resolver un conflicto de forma justa. El equidistante solo busca el efecto magnánimo que seduce al populismo sentimental. Su forma de proceder encubre a menudo una falacia, pues debemos partir de la base que un conflicto, por complejo que pueda parecernos, siempre tendrá una parte que lleva más razón quela otra. En eso, precisamente, se basa la justicia».

 

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