EL ASESINO YIHADISTA HA SIDO DETENIDO POR 'MENTIROSO'

Terrosimo islámico y periodismo: ¿se la han metido doblada al sacrosanto The New York Times?

Acusan de 'fake news' de una de sus reporteras estrella, Rukmini Callimachi, autora del podcast 'Caliphate'

Terrosimo islámico y periodismo: ¿se la han metido doblada al sacrosanto The New York Times?
El islamista Shehroze Chaudhry, alias Abu Huzayfah y la periodista Rukmini Callimachi. PD

Pinta mal y puede acabar peor. Shehroze Chaudhry, alias Abu Huzayfah, un canadiense de origen paquistaní que protagonizó un premiado podcast semanal de The New York Times, en el que narraba su bestial experiencia como verdugo del Estado Islámico, ha sido arrestado y acusado de falsificar sus historias.

Shehroze Chaudhry, residente de Burlington, Ontario, de 25 años, fue durante varios meses la principal fuente de la periodista Rukmini Callimachi, tres veces finalista del Premio Pulitzer.

Rukmini, nacida en Bucarest en 1973 pero de nacionalidad norteamericana, es una reportera de ‘raza’.

Baste decir, como recoge Macarena Gutiérrez en La Razón este 8 de octubre de 2020, que durante su embarazo en 2018 visitó diez países -incluidos Siria e Irak- cuando ya estaba de más de siete meses.

Una proeza de la que ella misma se jactó con detalle en su cuenta de Twitter. Contratada por «The New York Times» en 2014, es la autora del podcast ‘Caliphate’, ganador de todo tipo de premios y alabanzas profesionales.

Chaudhry, a quien en el podcast de Rukmini se identifica como ‘Abu Huzayfah’ en la serie de podcasts de ‘Califato’, que tiene 11 episodios y fue publicada por The New York Times en 2018.

Realizados entre 2016 y 2018, los capítulos del audio-reportaje explica quiénes son los terroristas islámicos del ISIS, cómo actúan y cuáles son sus motivaciones.

En aquellos programas el hombre contó que había participado en diversas ejecuciones sangrientas, que describe con detalles truculentos, como, por ejemplo, el asesinato y la crucifixión de un hombre ataviado con mono naranja.

Sus declaraciones llamaron la atención de Candice Bergen, líder de la oposición en la Cámara de los Comunes de Canadá, que en mayo de 2018 lanzó esta pregunta:

«¿Por qué no se hace nada en relación a este animal despreciable que anda por el país?».

La detención de Chaudhry ha generado dudas sobre la comprobación de los hechos en los materiales publicados por el medio estadounidense.

La incongruencia entre las declaraciones del ‘terrorista’ ya fue detectada hace dos años cuando el hombre proporcionó a varios medios canadienses una descripción menos cruenta de su papel en el Estado Islámico, afirmando que fue miembro de la Policía moral y que no asesinó a nadie.

Rukmini Callimachi ha salido al paso de las preguntas sobre la verosimilitud de las historias de Chaudhry afirmando que el episodio 6 de la serie fue dedicado a algunas de las discrepancias entre su relato y los hechos.

La reportera afirma que el análisis de la geolocalización de las fotos de Abu Huzayfah confirma que estuvo realmente en Siria. Pero el tema no está cerrado.

El arresto de Abu Huzayfah no se debe a sus supuestos crímenes en las filas del Estado Islámico en Siria, donde, según él, estuvo entre 2014 y 2016, sino a todo lo contrario.

Lo acusan de haberse inventado la historia y de causar una «alarma injustificada» en el país, donde hasta el día de su detención se movía libremente.

El grave problema lo tienen ahora Callimachi y el prestigioso periódico de Nueva York que le paga el sueldo. Y es que el testimonio de Abu Huzayfah es la línea conductora del podcast.

En las entrevistas que mantiene con la reportera, explica con detalle cómo les preparan para matar y qué se siente al perpetrar el primer asesinato.

Que les avisan de que pueden llorar o ponerse a vomitar.

Todo como si lo hubiera vivido de primera mano. El prólogo arranca con el supuesto islamista explicando que el Daesh les proporciona «muñecos» con reproducciones de órganos para que puedan ensayar «cómo clavar el cuchillo, decapitar o rajar a la víctima».

Su bautizo como asesino de un hombre «vestido con un mono naranja» también lo detalla gráficamente:

«La sangre estaba caliente y salió disparada en todas direcciones. Tuve que acuchillarle muchas veces. Luego lo subimos a una cruz y le dejé el cuchillo clavado en el corazón».

A buen seguro que un relato tan escalofriante es muy difícil de contrastar.

Pero es que durante las entrevistas de audio hasta la propia Callimachi expresa sus dudas sobre la veracidad de la fuente hasta que, finalmente, aparenta estar convencida.

La respuesta inicial del «NYT» fue aseverar que la información estaba «muy contrastada por diversas fuentes de Inteligencia».

Las palabras del hombre se corresponden con lo que muchos periodistas y expertos saben del EI

Con el paso de los días, tanta certeza se ha ido arrugando y acaban de anunciar que han encargado a un equipo especial del diario revisar el podcast de arriba a abajo.

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There’s a lot of talk of privilege lately, who has it and who doesn’t. Let me add one more type of privilege to the list: A little blue book called a US passport. I got mine as a teenager, and my life as a result has been markedly better – marked with more opportunity – than cousins and extended family who didn’t make it out of Communist Romania. But if you want to see what it’s like to be humiliated based on your citizenship, try traveling on a Cameroonian passport, as my husband has all his life until today. A 1-inch thick dossier is required – bank statements, taxes, salary slips, residency forms – just to get a two week tourist visa to a place like Italy. The same dossier was required even after he became a Green Card holder, the Italian Embassy looking down its nose at him, like he was going to try to abscond to Italy, despite living legally in America. Today, my sweet one joins me and the rest of my family in acquiring the privilege of American citizenship, a journey that began five years ago. Thank you, universe. So proud of you, Mickael.

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¿Y qué ha dicho Callimachi? Por el momento, solo se ha manifestado en Twitter. Ha explicado que las «dudas» sobre el testimonio del canadiense siempre estuvieron ahí.

Es más, que sostienen la «tensión» de la narrativa. Una justificación que suena tan pobre como incongruente. Sobre todo para los millones de personas de todo el mundo que se han bebido su información como verídica.

Ahora que se ha abierto la veda contra la periodista, cuestionada en el pasado por su sensacionalismo y sus métodos de trabajo, algunos de sus colegas han aprovechado para hacer leña del árbol caído. Amparado en el anonimato, uno de ellos ha declarado a un periódico de la competencia:

«Si Rukmini te dice que hace sol, más vale que salgas a la calle a comprobarlo».

Pero hay acusaciones más graves. La familia del periodista freelance James Foley ha denunciado públicamente que Callimachi les chantajeó tras la decapitación del reportero.

Si no le daban una entrevista, les amenazó, contaría los detalles de su muerte y las torturas a las que fue sometido. Finalmente, accedieron a la coacción y la periodista de origen rumano “terminó publicando los detalles igualmente”. Poco le importó el enorme dolor causado a los Foley.

Otra de sus prácticas ampliamente criticadas era la incautación del material que encontraba de los terroristas en Siria e Irak.

Su modus operandi era el siguiente: seguía a las tropas aliadas que combatían al Estado Islámico y, una vez que los islamistas huían o eran apresados, entraba en las viviendas y se llevaba toda la documentación que dejaban tras de sí.

Una información valiosísima para un periodista, sin duda, pero también para las causas judiciales contra los terroristas.

Ahora queda por ver cómo sale Rukmini de esta, si renace de sus cenizas o adopta un perfil, digamos, más bajo. No es la primera ni la última periodista que se enfrenta al escrutinio de la profesión.

Pero será una marcha indeleble para “The New York Times”, un rotativo que ha hecho del rigor y la verdad su marca estrella y pasa los días condenando las ‘fake news’.

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