EL TERRORISTA JOSU TERNERA DICE "SENTIR MIEDO"

Alfonso Ussía: «El angustiado»

Está angustiado y se siente inseguro. Quiere cambiar de casa por razones de seguridad. Una casa con espacios más amplios y salones más luminosos.

Estudia Historia. Lógicamente, pasará de capítulo cuando la Historia le afecte a él. Necesita más afecto y un cariño más acentuado de las autoridades judiciales de Francia que lo mantienen en arresto domiciliario.

¡Un estudiante de Historia en arresto domiciliario!

La humanidad es perversa cuando se lo propone.

Dice a sus allegados que no puede conciliar el sueño desde que se hizo pública la ubicación de su domicilio. Apenas sale de casa y ya no acude al gimnasio. Le están destrozando la vida, y para colmo, padece de una grave enfermedad, extraordinariamente mitigada o detenida por la ciencia.

Años atrás apenas le concedían un año de vida, y se quedó calvo, como todos los millones de enfermos que se ven obligados a recibir sesiones de quimioterapia. Pero esos millones de enfermos están exclusivamente angustiados por su enfermedad, no por su pasado.

Estudia Historia, pero jamás se ha arrepentido de la suya, siempre encuadernada con un fondo de sangre.

Sangre de adultos, sangre de niños, que en el charco sobre el asfalto no se diferencia en nada. Es sangre que corre y se seca. Junto a siete charcos de sangre, siete mochilas con el “donut” de media mañana, los cuadernos de caligrafía, los lápices de colores y los libros de texto.

Esas, y no otras, eran las armas que llevaban los niños al colegio cuando explosionó la terrible bomba y se desvaneció, como si fuera de papel, la Casa-Cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza.

El estratega de aquella valiente acción “armada” fue el hoy estudiante de Historia, el agobiado, el angustiado por las reducidas dimensiones de su casa, el necesitado de más luz para leer y escribir, el urgido por unos espacios más amplios en su arresto domiciliario. Y un jardín.

Su sensibilidad le demanda un jardín, para seguir paso a paso la caída de las hojas, el detenimiento invernal de los árboles, las yemas del renuevo en primavera y el nacimiento gozoso de la hoja de todos los veranos.

No todas las explosiones son asesinas.

Escribió Antonio Burgos de la más prodigiosa explosión que se sucede año tras año en su Sevilla del alma.

De la noche a la mañana, explota en los naranjos la flor del azahar, y toda Sevilla amanece con perfil y olor de primavera.

No, la explosión que provocó el angustiado estudiante de Historia, se llevó la vida de doce seres humanos inocentes, guardias civiles, sus mujeres y siete niños – creo recordar que cinco niñas entre ellos-, que marchaban alegres al colegio con sus mochilas atadas a sus espaldas alegres.

El angustiado tiene miedo. Se llama el estudiante de los agobios y los terrores José Antonio Urruticoechea, si bien su apodo profesional se reduce a “Josu Ternera”. De profesión, asesino.

Se siente triste y afligido, y yo lo celebro, sinceramente, porque además de asesino, terrorista y estudiante de Historia es uno de los mayores hijos de puta que han nacido en España. Creo que Iglesias se ha interesado en algunas ocasiones por el curso de su enfermedad.

Sería conveniente, para librarse de sus angustias, que la diñara en breve. Y que se tope su ánimo en una bruma permanente de tinieblas y escalofríos. Tiene miedo y es estudiante de Historia.

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Autor

Alfonso Ussía

Columnista de opinión en las más prestigiosas cabeceras nacionales, ha obtenido, entre otros, los premios González Ruano y Mariano de Cavia de periodismo, el Jaime de Foxá de literatura cinegética, el Baltasar Ibán de periodismo taurino, el Fíes y la Pluma de Oro del Club de la Escritura.

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