"LA COCA-COLA ES MUCHA COSA PARA UN MINISTRO TAN INSIGNIFICANTE"

Alfonso Ussía: «Enfadado»

Que la política le mantenga a uno permanentemente enfadado es un aburrimiento. El enfado es aburrido, como el cabreo o el mosqueo. El enojo, es el enfado del cursi.

Tengo muchos amigos enfadados, cabreados y mosqueados, pero ninguno enojado.

El que se enoja no va al club sino al “clab” , y jamás viaja a Miami, sino a Mayami.

En fin, particularidades de cada uno. Pero, harto de mi enfado, he decidido voltear mi ritmo e intentar encontrar algo positivo en los políticos, politólogos y tertulianos que me mosquean.

Por ejemplo, cada vez que aparece en un informativo o leo en los periódicos y plataformas digitales algo referente a ella, me enfado. Como español y como individuo en su absoluta soledad e independencia.

Me refiero a la Ministra de Asuntos Exteriores, que según me informan, se apellida algo así como González-Laya. Desde que es ministra no ha hecho más que tonterías, lo que da a entender que las tonterías las hacía con anterioridad a su nombramiento, y por ello Sánchez le encomendó la política exterior de España. Esta última noche, acuciado por el insomnio, he intentado descubrir su dibujo positivo, y creo que lo he encontrado.

No tiene buena pinta, se viste mal y habla peor, pero me recuerda a una “Seño” que tuve en mi infancia. Mi madre se trajo de Frankfurt una “Swester”, pero era tan guapa, atractiva y simpática, que la devolvió a Frankfurt inmediatamente. Y con las prisas, recurrió a una “Seño” nacional, gallega, que se llamaba María Preciosa, si bien le mutiló su segundo nombre.

-Como comprenderá, María, en una casa con nueve hombres, llamarse Preciosa es una provocación-.

Y se quedó con María. Pues he aquí que María era idéntica a la Ministra de Exteriores, pero más amable. Tenía sus prontos. En cierta ocasión le dije que era muy orgullosa, y ella tajante me respondió:

-El orgullo es “dinidaz”-.

Para ella la dignidad era la “dinidaz” y me sirvió aquel episodio de mi infancia para aprender un lenguaje que muchos años más tarde surgió de la política con Pepiño Blanco.

Nuestra Ministra de Asuntos Exteriores no tiene mucho remedio, pero la presiento encantada y feliz en el desempeño de sus funciones.

Y eso, para mí, permanentemente enfadado, me alivia. Como Castells, el de Universidades, que se me antoja chispeante. O Garzón, el de Consumo, que al fin ha aumentado los impuestos a las bebidas azucaradas para perjudicar a la “Coca-Cola”, porque su familia siempre fue de la “Pesi”, la “Pepsi-Cola”, que se vendía en el Bernabéu de mi niñez.

– Una Pepsi”, por favor-;
-Querrás decir una “Pesi”, chaval-, corregía el mercader.

Garzón, creo, se ha equivocado, porque hacerle la guinda a una empresa modesta desde el Gobierno, es muy sencillo, pero la “Coca-Cola» es mucha cosa para un ministro tan insignificante y tontorrón. Por ello hay que verlo desde el lado positivo. Creo que es muy cariñoso con su familia política, y ese detalle me emociona.

Y también resulta positivo que haya enchufado a su hermano en el dinero público a sabiendas, porque se conocen muy bien, como es obvio, de que es más tonto que él.

Al que no le encuentro la esquina favorable es a Sánchez. Siendo niño – y dale con mi infancia-, don Santiago Bernabéu me dijo que para triunfar como Presidente del Real Madrid había aplicado la receta de la humildad. –Me he rodeado de directivos mucho más preparados e inteligentes que yo- El que se rodea de idiotas, siempre termina fracasando-.

Y como para mí, don Santiago era y es lo más inmediato a Dios, mi esperanza se ha recobrado y mi enfado disminuido. Más pronto o más tarde, al que se rodea de idiotas, se le acaba mandando a recibir por retambufa. No falla. Y de ahí, mi desmedido optimismo de hoy.

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Autor

Alfonso Ussía

Columnista de opinión en las más prestigiosas cabeceras nacionales, ha obtenido, entre otros, los premios González Ruano y Mariano de Cavia de periodismo, el Jaime de Foxá de literatura cinegética, el Baltasar Ibán de periodismo taurino, el Fíes y la Pluma de Oro del Club de la Escritura.

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