EDITORIAL 'EL QUILOMBO'

El Quilombo / Sánchez descubre que los muertos no votan: absuelto en las encuestas tras su reguero de mentiras y engaños

La pandemia ya es historia. El Gobierno de Sánchez no quiere perder un minuto más en seguir contando muertos. Iván Redondo ha visto las encuestas y le ha dicho a Paco Marhuenda: la estrategia de La Moncloa no es otra que la de pasar por la crisis del coronavirus sin sufrir grandes destrozos.

Y vaya si puede presumir por ello. Pese a haber dejado una hecatombe económica de la que tardaremos años en salir, culpa no del virus sino de su falta de previsión y posterior nefasta gestión de la pandemia, aplicando como todo remedio medidas medievales que no solo no evitaron una segunda ola sino que arruinaron a miles de empresarios españoles, pese a todo eso las encuestas le siguen sonriendo al Gobierno del enterrado Sánchez.

Y una vez que el Gobierno ha descubierto con alivio que los muertos no votan, Sánchez ha vuelto a ponerse el pin de la agenda globalista (el mismo que lució Javier Maroto en su entrevista con Ana Rosa hace unos días, para que no queden dudas de que PP y PSOE obedecen a los mismos amos) para seguir bolchevizando este país asaltando los poderes e instituciones del Estado (solo le falta nacionalizar la cafetería del Congreso) mientras despide al fallecido Joan Mesquida con nuevos guiños enternecedores a la ETA, refiriéndose al asesinato con tiro en la nuca como ‘lucha armada’.

Para que después alguno se asombre de por qué los jóvenes no saben quien fue Miguel Ángel Blanco o Ortega Lara.

Si ni siquiera lo sabía sorayistas del PP como Elvira Rodríguez cuando preguntó en un Gato al Agua: «¿A quién representa Ortega Lara?». En un país que respetase a sus muertos, Elvira Rodríguez hoy sería un cadáver político pero lejos de eso, aquella afirmación le sirvió para seguir trepando en el organigrama del PP tanto con Rajoy como con Pablo Casado, que la premió colocándola de vicesecretaria de acción sectorial del Partido Popular. Cuatro años de cobrando uno de los mejores salarios de la administración (177 mil € netos anuales) y eso a pesar de no saber a quién representa Ortega Lara.

Si no respetamos a las víctimas de la ETA, menos vamos a respetar a los muertos por el coronavirus, a los que Sánchez tuvo el detalle de despedir con un funeral pagano. Lo que nunca sabremos eran cuántos muertos se honraron en ese funeral al que ni siquiera se invitó a la Asociación de Víctimas de Coronavirus. Quizá por no era un funeral sino una performance.

Cuando le preguntaron en una rueda de prensa a Sánchez por la cifra de fallecido, respondió al periodista que se pasara por la tarde a buscarla y se la darían. Al menos mostró más preocupación que su portavoz Fernando Simón, que dijo que «daba igual» la cifra real de muertos de una pandemia que ha provocado 30 veces más muertos que en Grecia y seis más que en Alemania.

Para saber más del desprecio a la verdad y a la ciencia de Simón hay que leer el libro de Fernando Mercado.

Este periodista se lanzó a investigar las mentiras, errores y engaños del Gobierno cuando se hizo esta pregunta: «¿De qué bando está Simón? ¿Era el bando de la verdad? No. ¿Era el bando de la ciencia? No. Sus alusiones a que el Gobierno hacía siempre lo que decían los científicos me espoleó a leer cuanto habían escrito y recomendado la OMS y la UE desde el inicio. Y cuanto había escrito y ordenado Sanidad. Descubrí un abismo: no casaban. Afloró un reguero de mentiras y contradicciones que ya viví en otras crisis históricas que investigué: el Prestige, el 11M…»

Mercado se enfrentó con un axioma gubernamental indigestible: ¿Que sabrás tú? Esto es cosa de expertos, no de cuñaos. Pero da la casualidad que los expertos no existían. Aquí lo que hubo es un Gobierno que se dedicó a tocar la lira mientras China ya avisaba el 7 de enero de la peligrosidad del coronavirus. Sánchez y sus mariachis sanitarios dilapidaron meses cruciales y el error costó 55.000 muertos.

Aún hoy lo estamos pagando. El 3 de enero de 2020 Tailandia y Corea ya iniciaban la criba de pasajeros chinos con tomas de temperatura. España tardará 20 días y lo hará a ojo, los termómetros no los usará hasta junio. El 14 de enero de 2020 las imágenes que llegan de China son importantes pero Simón sigue imperturbable: «Es España habrá como mucho algún caso diagnosticado.

El 24 de enero de 2020 un comisario, José Antonio Nieto, jefe de Prevención de Riesgos Laborales de la Policía, solicita mascarillas y guantes para los agentes fronterizos. Marlaska lo destituye tres meses después al conocerse su informe. Nieto avisa que el virus se transmite entre humanos cuando su Gobierno proclamaba lo contrario.

El comisario alertó a sus superiores pero la respuesta fue sancionarlo por predecirlo. Ese 24 de enero Sanidad recomienda no aplicar aislamiento ni test a los contactos sin síntomas, lo contrario a lo que hacen en China. «Sanidad es asintomática: oculta todo síntoma de inquietud, y contagia su optimismo a la población», dice Mercado. Todo al revés de lo que hacen en Asia: caza de contactos. Aislamiento y sesteos. «Avisa si enfermas», se limita a decir el Gobierno.

En la televisión un presentador de Cuatro, Risto Mejide, que ahora se dedica a perseguir y ridiculizar a los negacionistas por aquellos días se burlaba a mandíbula batiente del virus. «Vamos a morir todos, los que estáis viendo esto estáis muertos», le acompañaba el colaborador Miguel Lago. Marta Flich, por su parte, habló del «tratamiento apocalíptico que cala en la población» de los medios de comunicación.

España incumplirá con las recomendaciones de la OMS hasta el 14 de marzo. En especial una muy importante: evitar actos masivos. Mientras la OMS alarmaba, Simón tranquilizaba. Por eso no ve necesario salir a comprar material de protección sanitaria ni test masivos a la población. Sin test masivos, el virus iba a ser un depredador invisible para el Gobierno.

No solo no recomienda la vigilancia activa de los contactos como pide la OMS sino que se negará incluso a hacer seguimiento activo. Y cualquiera que ose levantar la voz será regañado por los lustrabotas mediáticos de Moncloa.

«Todos los infectados contagian. Con o sin síntomas. Lo dice la OMS. España cuestionará que los asintomáticos contagien hasta fines de marzo». Y recién estamos comenzando febrero.

¿Se dan cuenta? China no estaba pensando en cuándo tendría la vacuna como el cantamañanas de Illa sino en evitar que se infecten y detectarlos los casos antes de que enfermen. Y aislarlos. España hizo todo lo contrario.

Los protocolos del filósofo se hacían pensando en qué hacer con los enfermos graves, en lugar de detectarlos a tiempo como hacían los chinos. Inmediata detección de casos, diagnóstico rápido, aislamiento y riguroso control de los contactos fue la receta china para acabar con el virus. Aquí Illa y Simon decidieron que era mejor ir acostumbrándose al virus, y una vez que ya no pudieron derrotarlo, endosárselo a sus rivales políticos. Las encuestas parecen darles la razón.

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