EDITORIAL QUILOMBO

El Quilombo / Sánchez subasta lo que queda de España y Otegi se reparte el botín con Iglesias

Mientras Pedro Sánchez subasta lo que queda de España, conviene saber de dónde venimos y cómo hemos llegado hasta aquí.

En la Transición corría el café para todos y el despacho de Adolfo Suárez era como un Starbucks para los nacionalistas. Estaban reunidos Suárez, Jordi Pujol y el diputado de UCD y ministro de Obras Públicas, Joaquín Garrigues, así como con el general Gutiérrez Mellado.

La conversación fue más o menos así:

«Habrá Estatuto, el vuestro y el vasco. Lo distintivo del vasco va a ser el concierto que no se puede conceder a Cataluña por el peso muy grande de la economía catalana en el conjunto del Estado. Y porque no hay tradición. El concierto vasco tiene una tradición histórica que no existe en Cataluña. En cambio, lo distintivo vuestro, lo que más os da personalidad propia, es la lengua. Es decir, entendemos que el hecho más irrenunciable para el País Vasco es el concierto, y para Cataluña, la lengua».

Pujol no quería recaudar impuestos, prefería el control de la educación a cambio de renunciar al sistema del concierto fiscal. Otros dicen que Pujol no quiso saber nada porque en su opinión recaudar impuestos era impopular.

El cupo fue una rendición basada en la errónea suposición de que el favor financiero aplacaría la tentación independentista y rebajaría el colchón social del terrorismo.

No sucedió y tuvimos tiros en la nuca y bienestar económico. Vascongadas y Navarra han construido sociedades desarrolladas al margen de la solidaridad interterritorial, pero sus oligarquías lo ven como un derecho adquirido y blindado que les viene por herencia genética.

El País Vasco y Navarra disfrutan de un sistema especial de financiación, bajo el paraguas de los «conciertos económicos», por el cual recaudan todos los impuestos y, posteriormente, pagan al Estado una determinada cuantía anual que en el País Vasco se llama «cupo» y en el caso de Navarra «aportación».

La negociación del cupo ha degenerado en un instrumento de chantaje. Como resultado, el Estado recibe menos recursos del País Vasco y Navarra de lo que correspondería por lo que realmente gasta. O, dicho de otro modo, las instituciones vascas y navarras han logrado una sobrefinanciación a costa del Estado.

Mikel Buesa, por ejemplo, cifró en unos 2.060 millones de euros y 660 millones, respectivamente, la sobrefinanciación que obtienen País Vasco y Navarra mediante la subestimación del cupo, siendo dos de las regiones más ricas de España.

A los que les preocupa el ‘dumping’ fiscal de Madrid no les preocupa el pufo vasco.

El cupo se ha acabado convirtiendo en un «sistema de privilegio», ya que en el fondo supone una transferencia de recursos desde el resto de España hacia las regiones forales, especialmente hacia el País Vasco.

«El cupo vasco se ha convertido en un auténtico pufo, en una estafa o engaño al conjunto de los ciudadanos españoles, que han contemplado, confusos, cómo los legisladores han sido capaces de plasmar en los textos aprobados por las Cortes Generales conceptos de imposible justificación desde el punto de vista económico», concluye Buesa.

El concierto vasco y el convenio navarro son dos privilegios territoriales inadmisibles que nos han hecho menos libres e iguales ante la ley.

Juan Manuel de Prada e Ignacio Quintano vienen advirtiendo de que por asimilar el «consenso democrático», hemos preferido que golpistas y bildutarras hayan renunciado por razones de oportunidad u oportunismo a métodos criminales, pero sigan «profesando las mismas ideas perversas de antaño sólo demuestra que entre asimilados y asimiladores existe un objetivo común: la disolución de la comunidad política».

De Prada:

«El derecho constitutivo e irrevocable de una comunidad política verdadera es el de defenderse contra sus agresores, el de impedir que quienes desean su mal dispongan de instrumentos para perpetrar su designio. Pero el bodrio constitucional admitió en su seno a los agresores que anhelaban la disolución de la comunidad política –como los troyanos admitieron el caballo de madera de los aqueos–, con tal de que renunciasen a la violencia, los acogió en las instituciones y los sufragó rumbosamente».

—Mejor está la ETA en las instituciones que matando.

Llevado el argumento al campo de los salteadores, mejor estaría Jaime Giménez «El Solitario» de gobernador del Banco de España que atracando sucursales bancarias, ironizó Quintano.

Quintano prefiere hablar de oligocracia para referirse a la «mentira constitucional», oasis de la partitocracia en donde «no hay la menor correspondencia entre lo que se dice y lo que se hace».

Una oligocracia promete a sus pobres el cielo y da a sus ministros la tierra. Su rasgo distintivo es el «consenso», palabro que puso de moda Fernández de la Mora, y que significa reparto de botín.

«Sánchez, igual que todos sus antecesores, sólo es el crupier del Sistema, que nombra a Otegui campanero de la Democracia Española».

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