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Roberto Muñoz Bolaños, experto en el 23-F: «La solución Armada fue la confluencia de varios golpes a la vez»

Las Fuerzas Armadas fueron el único actor con capacidad para detener el proceso de cambio político entre 1975 y 1982. Sin embargo, los militares que actuaron en las operaciones que se sucedieron a partir de 1977 no lo hicieron en solitario, sino que contaron con el apoyo de núcleos políticos partidarios de reordenar el sistema democrático o de destruirlo.

Tras el triunfo del PSOE, estos núcleos desaparecieron, y solo quedaron unos grupúsculos residuales que actuaron entre 1982 y 1986, optando por nuevas dinámicas, como el terrorismo, aunque fueron incapaces de poner en peligro el sistema democrático.

Es el primer libro que analiza el golpismo en el periodo de la Transición y consolidación democrática (1975-1986) Si bien durante la Transición se dieron las condiciones favorables para una intervención militar, el Ejército español en particular y las Fuerzas Armadas en general manifestaron dos carencias que les impidieron actuar como actores fundamentales en el proceso de toma de decisiones políticas, ya fuese deteniendo el desarrollo de la democratización o mediatizándolo: la inexistencia de un líder y la división existente en su élite respecto a la dinámica del cambio político.

Especialmente esta segunda deficiencia hizo posible la democratización de España de forma pacífica y legalista, pues impidió cualquier actuación institucional de los miliares en contra de la misma.

Este libro recoge la compleja labor de investigación de Roberto Muñoz Bolaños sobre el papel de las instituciones militares en uno de los periodos históricos más importantes de España, planteando un interesante y detallado recorrido que abarca desde su protagonismo en la última etapa del Franquismo a sus múltiples operaciones en paralelo para intentar salvaguardar su posición en un escenario en el que la desaparición de su poder era la condición sine qua non para establecer una democracia en el país.

Gracias a un impecable trabajo de años, esta obra brinda una aproximación de una profundidad inédita no solo al 23-F, sino también a esos otros golpes de Estado más inexplorados, pero igualmente relevantes: el Plan López Bravo, la Operación Galaxia, la Solución Armada y otras tantas operaciones de las que el autor da buena cuenta.

El peligro para el proceso de cambio político no finalizó en 1978, sino en 1981. Porque hasta esa fecha existió una posibilidad real de involución. Para desarrollar esta idea, partimos de la siguiente hipótesis: el proceso de cambio político fue consecuencia del triunfo de dos dinámicas —transición institucional y transición militar— y del fracaso de una tercera —transición paralela—.

Por transición institucional entendemos el conjunto de cambios legislativos y de decisiones políticas que permitieron transformar el régimen dictatorial franquista en un sistema democrático homologable a los existentes en el mundo occidental y en una de las pocas democracias plenas que existen en el mundo. Fue una dinámica compleja; su desarrollo vino definido por la sucesión de acontecimientos que se produjo entre 1975 y 1978, fundamentalmente; en particular, la relación de fuerzas entre los herederos del franquismo y las fuerzas de la oposición sin que existiese ningún plan preestablecido.

En la transición paralela incluimos a los diferentes planes que un importante sector de la élite económica, política y militar conservadora puso en marcha a partir de la primavera de 1977, con el objetivo de sustituir a Adolfo Suárez como condición sine qua non para controlar el proceso de cambio político y convertir España en una democracia limitada, en un «franquismo coronado», donde dicha élite controlase no solo el proceso de toma de decisiones políticas, sino también el conjunto de relaciones económicas y laborales.

De estos planes siempre tuvieron conocimiento determinados jefes y oficiales adscritos a los servicios de información, que en los años finales del franquismo entraron en contacto con importantes personalidades del mundo civil para preparar el proceso de cambio una vez muerto el dictador. Sin embargo, estos miembros de las Fuerzas Armadas ni lideraron ni fueron los artífices de estos proyectos, sino que actuaron subordinados a esa élite.

Finalmente, la transición militar fue el conjunto de normas jurídicas y decisiones políticas que pusieron fin al poder militar heredado del régimen franquista. Las Fuerzas Armadas eran la única institución del Estado con capacidad para detener el proceso de cambio político, y su control definitivo por el poder político no culminó hasta 1986. Durante los años trascurridos hasta entonces, en su seno se desarrollaron diferentes operaciones involucionistas que pretendieron, en algunos casos, frenar el desmantelamiento del franquismo en los primeros años de la Transición y «moderar», e incluso destruir, el sistema democrático tras la aprobación de la Constitución de 1978.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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