'TIEMPO DE HORMIGAS'

El videoblog de ‘Chani’ Pérez Henares: «Dejen a Madrid y a los madrileños votar en paz»

Pablo Iglesias se ha dedicado a encenagar y emponzoñar la campaña de Madrid y se ha llevado a Gabilondo del ramal. Con tres sobres, siete cartuchos y una navajita el “Bloque Antifachita” ayudado por la «Brigada Televisiva del Agiptprop» se ha montado la “Amenaza Fantasma”. Un insensato delirio de sobreactuación para proclamarse víctimas y convertirse en heroicos combatientes contra una gigantesca e interestelar coalición de fuerzas oscuras y perversas. El fascismo universal.

Las amenazas de ese jaez han sido moneda común desde siempre en el ámbito político. No existe nadie con relevancia a lo largo de todo el periodo democrático que no las haya recibido y no solo políticos sin cualquier persona con alguna notoriedad o en función de su empleo. En el periodismo son moneda común y no hablo por boca de ganso.

Pero en esta ocasión y al contrario que lo que siempre por convicción, por prudencia y por consejo policial se hacia, se ha clamoreado y exhibido con absoluta impudicia y buscando con el ello enfangar a los contrarios y sacar tajada electoral del asunto. Por poner dos ejemplos, recuerden el comportamiento de Rajoy que recibió miles, no exagero un ápice y no consintió en darle publicidad.

Hasta sufrió en plena campaña una agresión física a la que ni siquiera presentó denuncia. O el de Alfredo Perez Rubalcaba, que también las tenía a puñados, y que se negó y exigió a su partido que entonces era muy otro, hacer lo propio pues ello, como bien sabía, tan solo conducía a esparcir el virus, entorpecer la investigación policial y provocar un efecto de emulación y llamada. Cartuchos también recibieron, que se sepa, Rita Barberá y Javier Arenas, que para nada montaron este circo.

Pero Pablo Iglesias se lanzó al centro de la pista y concitó a todos los focos para que lo alumbraran. Hizo un collage con el sobre, con ese extraño y triple estampillado de “A su procedencia” y las balas y lo quiso convertir poco menos que en el “Guernika” de Picasso. Esa era y es su intención, en convertir el incidente una implosión estelar y montarse en ella para salir de la sima electoral en que está metido.

Consiguió llevarse del ramal a un Gabilondo, cada vez sometido, a un Marlaska, en desparrame creciente, con su directora de la Guardia Civil de acólita y a la ministra Reyes Maroto con su navajita plateada que se unió alborozadísima al cortejo. Tanto que ni siquiera la inmediata constatación de ser obra de un pobre enfermo mental, que se cree agente secreto y lleva año socarrando con misivas a embajadas y personas, no la hizo bajarse del burro y ahí sigue en el papel de heroína ante la amenaza fascista.

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