Miles de muertos que dejaron una desolación sin consuelo

Eloy Sánchez Sánchez: «Al estilo tropical»

La falsa tranquilidad de situarse en el “ojo” del huracán no es sino el momento previo al descontrol, al frenesí incontrolable.

Eloy Sánchez Sánchez: "Al estilo tropical"

Fuertes vientos, abundantes lluvias y tormentas eléctricas de larga duración, todas ellas características propias de un huracán o ciclón tropical.

Con una estructura en espiral fácilmente reconocible, consta de una región en forma circular y situada en el centro, es el “ojo” del huracán. Las bajas presiones de este “ojo” permiten que se produzca un fenómeno único, un refugio de calma en el epicentro del poder destructivo del ciclón.

Un núcleo de paz rodeado de devastación, foco de la catástrofe inminente.Símil recurrente y aplicable al panorama político actual, pues deforma sobrevenida, el horizonte se ensombreció. Nadie previó la hecatombe. En cuestión de meses, la bravura del vendaval acumuló cadáveres en hospitales, crematorios y morgues improvisadas.

Miles de muertos que dejaron una desolación sin consuelo. La tormenta prosiguió con una caída de más del 11% de nuestro Producto Interior Bruto en el año 2020, arramblando con pequeños, medianos y grandes negocios y arrojando a sus trabajadores al vacío del desempleo.

Un incierto panorama supuestamente cercado por la distribución de los fondos europeos para la recuperación y por las esperanzadoras campañas de vacunación.La “inminente” recuperación económica y sanitaria parece acompañada de un clima de desasosiego políticoen el cual la cuestión catalana, las recientes crisis diplomáticas con el Gobierno marroquí y los problemas estructurales de desempleo y déficit público están resueltos ya.

Esta falsa tranquilidad es propia del “ojo” del huracán, un instante de reposo previo a la sucesión de peligrosos contratiempos, un paréntesis a la inaplazable desventura.Este tranquilo panorama precede a la tempestad. Agorera pero realista predicción, conclusión lógica de los sucesos acontecidos en los últimos meses.

Entre otros, la falta de transparencia del Gobierno en cuestiones tan trascendentales como el levantamiento de las restricciones a la movilidad durante la pandemia, que inducen a la desconfianza en la distribución y asignación de los fondos europeos. O la intervención de Pere Aragonés durante su reciente investidura como presidente de la Generalidad de Cataluña en la cual anunció, y cito textualmente: “…presento mi candidatura a la presidencia de la Generalidad para hacer posible la culminación de la independencia de Cataluña, para hacer inevitable la amnistía…”

La ausencia de cooperación judicial en materia penal entre los países miembros de la UE o los recientes ataques acometidos por el imperialismo marroquí de Mohamed VI contra la soberanía española en Ceuta y Melilla también reflejan una tempestad sin remedio anticipado. O incluso las preocupantes cifras de desempleo juvenil, paro estructural, déficit público vaticinan el paso del ciclón tropical. 

Así como en las regiones cercanas al trópico de Cáncer, se dan las condiciones perfectas para la formación de todo tipo de ciclones, España por sus condicionantes históricos, culturales y políticos ocupa un “área” típica de formación de ciclones tropicales políticos. No porque estos sean originados por una causa natural, sino por la falta de diligencia política de muchos dirigentes. Desde la proclamación de la“República Catalana como Estado integrado en la Federación Ibérica” por Francesc de Macià el 14 de abril de 1931, hasta la
proclamación por Carles Puigdemont el 10 de octubre de 2017 por el que asumía el “mandato del pueblo” para que Cataluña se convirtiese“en un Estado independiente en forma de república”. 

 Desde el “Manifiesto de Fernando VII a los españoles”el 10 de marzo de 1820 donde el monarca juró y prometió defender la Constitución de 1812 para posteriormente acabar forzando la entrada de los Cien Mil Hijos de San Luís en 1823, hasta las promesas públicas de Pedro Sánchez de no indultar a los líderes independentistas condenados por sedición y malversación para acabar negociando su indulto.

Salvando las distancias, evidentes demostraciones de la absoluta falta de compromiso político.  Ciclones tropicales políticos cuyo denominador común pasa por la transformación de la gestión de la cosa pública en la lucha por el poder, causa de tempestades venideras.

La falsa tranquilidad de situarse en el “ojo” del huracán no es sino el momento previo al descontrol, al frenesí incontrolable.

Como bien dice el refranero, quien siembra vientos recoge tempestades.

Eloy Sánchez Sánchez

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído