Abducido por los fondos que va a repartir Sánchez

¿A cambio de qué Garamendi mete a la CEOE en la ciénaga de los indultos?

Tras la pifia, el presidente de la patronal se 'caga' y aclara que el aval a la medida de gracia debe estar condicionado a cumplir la Constitución y a cumplir las leyes

¿A cambio de qué Garamendi mete a la CEOE en la ciénaga de los indultos?
Antonio Garamendi (CEOE). PD

Los capitalistas nos venderán la soga con que los ahorcaremos”.

La frase es de Lenin, pero viene al pelo. Sobre todo cuando se observa de cerca la España actual.

Un ejemplo clamoroso han sido desde hace años los capitalistas catalanes, casi sin honrosas excepciones.

Basta ver como se posicionan grupos empresariales-mediáticos como Planeta, Mediapro y La Vanguardia, los negocios del conde Godó, de Jaume Roures, o en el conglomerado tradicional de la familia Carulla, propietaria del grupo Agrolime con compañías como Gallina Blanca, Tarradellas, y otras convenientemente representadas en el Círculo de Economía, o en la Cámara de Comercio.

Hasta el enredador George Soros había entrado a chapotear en la charca.

Faltaba en la lista algún empresario relevante a escala nacional y no catalán y ya los tenemos.

Viene dinero a espuertas de Europa, lo va a repartir Pedro Sánchez y el líder del PSOE ha convertido los indultos a los golpistas catalanes en una especie  de mercado persa para la compra de voluntades.

El apoyo de la alta empresa y la banca lo tiene La Moncloa bien amarrado desde que se aseguró el control absoluto –y discrecional, que es lo importante– del sistema de reparto; mientras pueda adjudicar a su criterio los fondos Next Generation, los aspirantes a beneficiarios van a hacer cola para comerle al presidente socialista en la mano, como escribe Ignacio Camacho este 18 de junio de 2021, en ABC.

Sin ese enfoque, es imposible entender que el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, se mostrase este 17 de junio de 2021, partidario de la ignominia «para que las cosas se normalicen».

 Anteanoche, La Moncloa y los separatistas al alimón vendieron como una concesión graciosa hacia el Rey que el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, acudiera un rato al Círculo de Economía en Barcelona para saludarle, aunque no se quedara a la cena institucional.

Si a eso se añade que las terminales propagandistas del Gobierno PSOE-Podemos -desde RTVE a LaSexta, pasando por Cadena SER o El País- han presentado ese saludo como una señal de distensión entre los secesionistas y el jefe del Estado, y no como un desprecio, la conclusión solo puede ser que Sánchez ya ha culminado un guión de claudicación que, además, quiere que sea aceptado por la sociedad española con sumisión. Van listos.

Si Garamendi no fuera presidente de la CEOE, su opinión sobre los indultos sería irrelevante, pero es el presidente de una organización que agrupa a más de dos millones de empresas de toda España, donde hay gente de todos los colores y sensibilidades, que no debe, en ningún caso, verse metida en esa ciénaga por el hecho de que a su máximo responsable le interese agradar a Sánchez o que le miren bien los enemigos de España.

Habría que preguntarle a Garamendi qué entiende por normalización y, ya puestos, si considera normal que el presidente de la CEOE se preste -no se sabe a cambio de qué- a dar un balón de oxígeno al Gobierno socialcomunista.

Garamendi se debe a la CEOE, en cuyo seno han provocado hondo malestar sus palabras.

No es cuestión de repasar los goles por la escuadra que el Ejecutivo socialcomunista le ha metido a Garamendi -subida del SMI, opacidad en el sistema de reparto de fondos europeos y abandono por parte del Gobierno a las pymes y autónomos-, pero ese es otro cantar.

O tal vez no, porque Garamendi se ha convertido en un chollo para el Gobierno, lo que significa que Garamendi se ha convertido en un problema para los intereses de las miles de pequeñas y medianas empresas españolas.

Están representadas en la CEOE, pero son convidadas de piedra.

Garamendi, él solito, se ha metido en la charca al dar la bienvenida a los indultos de Sánchez.

Hombre de talante exquisito, sorprende que el presidente de la CEOE -tendente a planear y a ponerse de canto- haya querido ser tan explícito en su apoyo al Gobierno, lo que, sin duda, alienta las sospechas de que el presidente de la patronal haya sido abducido por el Ejecutivo socialcomunista.

Por mucho que vivamos en una economía teóricamente desregulada, las decisiones del Gobierno tienen suficiente peso y relevancia para que los directivos de las grandes compañías busquen una proximidad pragmática.

Garamendi sabe que las cuentas de resultados dependen de las buenas relaciones institucionales.

Es decir, de tragar los sapos que haya que tragarse y hacer como el que no se da cuenta del chantaje.

Huele todo que apesta.

 

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